
Juan Carlos Tafur
La izquierda peruana no parece haber aprendido nada de los disparates históricos que con insana fruición ha cometido a lo largo de su corta existencia política en el Perú. Si no es por angas es por mangas, pero allí están siempre los líderes de dicho sector político, en primera fila, para proponer lo fórmula equivocada, emitir el juicio errado, lanzar el diagnóstico delusivo o para actuar a contrapelo de los tiempos.Y en el desmadre patinan todos, casi sin excepción. Si algo une a los nacional-populistas de Humala, los rancios comunistas del sindicalismo oligárquico y el ala 'naif’ de la izquierda moderada es su coincidencia en el despropósito.Hemos sido y somos severos críticos de la derecha peruana. Tanto de su expresión política como empresarial. Pero si se voltea la mirada al otro tendido, la cosa está infinitamente peor. Lourdes Flores es la reina de la astucia y la perspicacia si se la compara con Humala. Carlos Raffo casi califica para sabio al costado de Mario Huamán. Y Fernán Altuve, a su pesar, es un símbolo de modernidad frente a la letanía sesentera de las izquierdas.Habría sido un gran salto político para el país que al menos ese sector de la izquierda, que dice haberse apartado de las arengas marxistas, hubiese seguido el derrotero de ese alejamiento y que, paulatinamente, hubiese abrazado algunas ideas liberales. Como ha ocurrido en España, Inglaterra o el propio Chile. Eso, además, parecía que iba a suceder, en gran medida, gracias a la participación de importantes personajes de dicha izquierda moderada en el gobierno de Toledo. El poder es el mejor golpe de realidad para un político y, sinceramente, creímos que generaría un efecto duradero.Lamentablemente, a los izquierdistas que se auparon al coche toledista, los aires de modernidad, de comprensión de la racionalidad del mercado y de aprendizaje del sensato manejo de la cosa pública solo les duró el tiempo que estuvieron en el poder. Apenas fueron expectorados, se sacaron los ruleros, exhibieron los viejos fustanes y desempolvaron los libretos de antaño.Recalentado ideológicoLa prueba de fuego, aquella que ha servido para juzgar el grado de autenticidad del supuesto cambio de esta izquierda vegetariana –como con acertada ironía la define Álvaro Vargas Llosa– ha sido la crisis económica mundial.Entusiasmados con los dislates con que suele distraerse esa suerte de 'Popy’ Olivera de la economía mundial que es Joseph Stiglitz, bastó que el premio Nobel soltara la marketera frase de que la crisis que ha surgido del epicentro económico del mundo equivalía para el capitalismo como la caída del muro de Berlín fue para el comunismo, para que políticos, intelectuales y periodistas de nuestra izquierda resucitasen los axiomas más duros del marxismo respecto del inminente colapso del modelo capitalista.Así pues, ni siquiera la realidad demostrable de que la recesión mundial se debe más que al capitalismo en sí a la inconmensurable lenidad y torpeza de los funcionarios de gobierno y políticos que, desde Washington, labraron desde hace años el desenlace que hoy padece el planeta entero los conmueve.No –dicen–, es el agotamiento productivo del modelo neoliberal su triste final, su hora negra, el anuncio del nuevo orden. Dicho sea de paso, papas y camotes se expenden por igual en la bodega ideológica de la izquierda (¿qué diablos tendrá que ver el liberalismo con los entuertos del capitalismo mercantilista aplicado en los Estados Unidos por el nefasto George Bush?).“Estimados, nadie niega que el capitalismo tenga ciclos y que cada cierto tiempo entre en crisis. Marx, por si acaso, no fue un genio al decir eso. La economía se mueve, eh”, se les reitera. Pero no, allí están frotándose las manos creyendo que por fin llegó su hora de reivindicación histórica, la del socialismo parchado, del Estado resurrecto, del capital amordazado.Al tacho con los hechosLa evidencia empírica demuestra que cuando estos ciclos recesivos ocurren, los países que la sufren más son los que menor grado de libertad económica tienen. Y dura más igualmente en quienes, asustados por la ola, recurren al proteccionismo, al populismo o al estatismo.En ese sentido, si algo está haciendo mal García frente a la crisis, es no acelerar las reformas liberales que faltan, no aprovechar la bonanza para invertir en infraestructura (para crecer sostenidamente debería invertirse alrededor del 10% del PBI en ello), etc. Peca de conservador, no de liberal. ¡Y no es venial el pecado por cierto!Pero, las tribunas de la izquierda le exigen que aplique la receta del fracaso. Que controle capitales, acogote inversiones privadas, cierre mercados, que aumente el gasto público populistamente, que reduzca la libertad económica en suma. Si les hiciese caso, García reeditaría, con creces, el vergonzoso dislate del '87 cuando quiso estatizar la banca (y que, por cierto, fue aplaudido fervorosamente por los mismos que hoy presionan para que cambie de norte). Por el momento, que algo así ocurra parece felizmente improbable, pero debe quedar registrado que en dicho empeño marchan de la mano, portando la misma bandera, los Humala, Huamán y Campodónico (para citar los tres frentes de ataque, el político, el laboral y el mediático). Con matices, sin duda, pero, en el fondo, unidos por la misma visión.En la cancha se ve a los jugadoresSuele decirse que solo en situaciones extremas se logra apreciar cabalmente el carácter de las personas. Si en un terremoto grado 7 uno sale despavorido, nunca más podrá insinuar que la templanza o valentía son sus signos de personalidad. Si ante la primera dificultad económica o tentación erótica uno de los cónyuges saca los pies del plato, pues habría que ser tarado para seguirle creyendo su juramento de fidelidad.En el mismo tenor, si algo de bueno ha tenido este remezón de la crisis económica global –y eso que todavía no ha llegado la ola más fuerte a nuestras orillas– es que ha servido para demostrar que la supuesta evolución y modernización del ala moderada de la izquierda peruana era solo acomodo discursivo. No estaba muerta su alma populista. En algo de parranda sí andaba, pero peor que eso, solo estaba escondida.
Fuente: Perú 21