
La mayoría de analistas internacionales y líderes mundiales se mostró de acuerdo con el Nobel de la Paz para Barack Obama. Pero en lo personal, coincido con un punto esgrimido por otro grupo de analistas. El otorgamiento del premio fue muy prematuro.
Hablamos de un presidente que apenas lleva menos de un año en el poder, y que sólo ha expuesto al mundo sus buenas intenciones para estrechar y fortalecer sus relaciones con países hostiles a Estados Unidos. Sus planteamientos para la no proliferación de las armas nucleares, y el giro en la política ambiental de su país son puntos a su favor. Pero reuniendo estos y otros aspectos de Obama, la principal razón para otorgarle el Nobel de la Paz parece haber sido su esfuerzo por desterrar la mala imagen que dejó su predecesor George Bush sobre Estados Unidos.
Todas son buenas ideas, pero es muy pronto para hablar de logros. La no proliferación de armas nucleares puede quedar como una buena intención, si los otros países que poseen este material no deciden reducir su arsenal. Y Estados Unidos no lo hará mientras Rusia mantenga el número de bombas nucleares, pese a que ambos suscribieron un pacto de reducción de estas armas. En cuanto al cambio climático, cualquier decisión de Obama está supeditada a la aprobación del Senado, donde los intereses, sobre todo de los republicanos, impedirán un compromiso por parte de Estados Unidos para reducir las emisiones de gases tóxicos en detrimento de su industria.
Obama busca reanudar sus relaciones con Irán, pero esto parece imposible debido a que el gobierno de Mahmoud Ahmadinejad insiste en su política nuclear, incluso pese a las recientes concesiones de Teherán para enriquecer uranio en el extranjero. En cuanto a Afganistán y Pakistán, la constante amenaza de los Talibán hace preveer la continuación de las hostilidades en Asia Central. Como el analista de la BBC, Paul Reynolds, dijo: Cómo se le puede dar a Obama el Nobel de la Paz, si parece que la guerra continuará en Afganistán.
Sin embargo, el rol más aplaudido del presidente estadounidense es el de intermediador en el conflicto entre Israel y Palestina. Y al parecer, el año próximo Obama tomará una participación más directa en las negociaciones, ante el fracaso de sus enviados. Bush nos hizo olvidar como un residente de la Casa Blanca puede enmendar la plana a su fiel aliado israelí en el tema de los asentamientos judíos. Pese a la renuencia de Tel Aviv por variar su política de penetración en Cisjordania, Obama no ha variado su postura. Pero igual, aún faltan resultados.
El ex presidente colombiano, Ernesto Samper, advirtió de una politización del Premio Nobel, ya que según dijo, se otorga a personajes que aprovechan su cargo de presidentes para lanzar grandes propuestas. Pero si Obama hubiera expuesto todos sus planteamientos y hecho todos sus esfuerzos, sin ser mandatario de la primera potencia, seguro que no le otorgaban el galardón.
Sin embargo, de todos los controvertidos premios Nobel de la Paz, éste es el menos cuestionado. Nada comparable con el que le dieron al ex presidente sudafricano, FW de Klerk, por su rol en exterminar el apartheid, cuando fue él mismo quien instituyó esa política racista. Y ni que decir del otorgado a Henry Kissinger, quien recibió el Nobel por haber negociado la paz con el líder norvietnamita Le Duc Tho, cuando fue el propio diplomático quien apoyó el bombardeo de Camboya durante la guerra de Vietnam, aparte de su apoyo a las dictaduras militares de derecha en América Latina. En ambos casos también se premiaron buenas intenciones, pero no resultados efectivos.