
Fue diputado por San Juan al Congreso de Tucumán y presidió el mismo cuando se declaró la independencia del país (Argentina) el 9 de julio de 1816. Hizo sus primeros estudios en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires, y acabados éstos se trasladó a Santiago de Chile para cursar Cánones y Leyes por la Universidad de San Felipe. Licenciado en 1810, participó en el cabildo abierto 18 de septiembre de ese año en que se formó la Junta Provisional de Gobierno; un año más tarde, regresaría a San Juan, donde en 1812 sería electo síndico del Cabildo. En ese papel colaboró con José de San Martín en la organización del Ejército de los Andes. Como perito en leyes y vecino de importancia fue enviado en 1815 como diputado de la provincia al Congreso de Tucumán junto con Fray Justo Santa María de Oro. Ocupó la presidencia del mismo a partir del 1 de julio de 1816, y estaba en el cargo cuando el 9 de ese mes se redactó y juró la declaración de independencia. Volvió a San Juan al cabo de las deliberaciones, donde ocupó el papel de gobernador en reemplazo de José Ignacio de la Roza; como interino llevó a cabo una gestión enérgica y dura con los disidentes, y al fin de su mandato representó en 1824 a San Juan en el Congreso General Constituyente, presidiendo el mismo durante unos meses. Era miembro del Partido Unitario, para el que la responsabilidad por el fusilamiento del federal Manuel Dorrego representó un durísimo golpe. A la muerte de Dorrego regresó a San Juan y luego a Mendoza, donde apoyó la revolución unitaria dirigida por Juan Agustín Moyano. El 22 de septiembre de 1829, las tropas al mando del ex fraile José Félix Aldao derrotaron a Moyano, muriendo en la matanza que le siguió más de un centenar de personas, entre ellas Laprida. Su cadáver nunca fue hallado. Jorge Luis Borges, lejano descendiente suyo, rememoró la muerte de Laprida en su Poema Conjetural, dedicado a su memoria.