
Imagen de archivo de un helicóptero del Ejército norteamericano en Afganistán. Foto: Reuters
El cuatro de septiembre (a pedido del coronel alemán George Klein), las fuerzas de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN) bombardearon dos camiones cisterna que habían sido robados por un grupo de talibanes, cerca de Kunduz, al norte del país. Klein temía que los rebeldes utilizaran los vehículos como camión bomba.
El ataque habría dejado entre 17 y 142 muertos o heridos. La OTAN abrió una investigación y explicó que entre las víctimas había no sólo islamistas sino también de 30 a 40 civiles.
El bombardeo causó gran polémica a nivel internacional y cayó como jarra de agua Alemania, donde a población ve con malos ojos la misión militar en Afganistán, pero además se estaba en plena campaña electoral.
El nuevo ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg anunció que había aceptado la renuncia del jefe de Estado Mayor del ejército, Wolfgang Schneiderhan, y que también se separaba de sus funciones el secretario de Defensa Peter Wichert.
Guttenberg precisó, que había tomado su decisión tras las revelaciones del semanario Bild sobre ocultamiento a la opinión pública y a la justicia alemanas de informaciones procedentes del ministerio de Defensa que investiga el bombardeo.
Fuenet: RFI