
La liberación del soldado israelí Gilad Shalit, prisionero de Hamás desde el 2006, parece inminente gracias a las negociaciones entre el movimiento islámico y el gobierno de Israel, auspiciadas por Egipto y Alemania. Este acuerdo permitiría canjear a Shalit por un número aún no determinado de palestinos recluídos en diversos penales israelíes. Estas conversaciones han despertado la suspicacia y el recelo de Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, y el temor en la sociedad israelí.
Las negociaciones fueron denunciadas hace un par de semanas por Abbas en una entrevista a la BBC en Árabe y las calificó de secretas. Al poco rato, el vocero de Hamás, Fawzi Barhoum, negó las afirmaciones del líder palestino, y aseguró que el grupo islámico no negocia con el enemigo. Sin embargo, el acuerdo parece ser ya un hecho, luego que el 30 de noviembre, el ministro del Interior de Hamás, Fahti Hammad, adelantara que la liberación de prisioneros palestinos ocurriría en este mes de diciembre.
Para muchos analistas, este extraño acercamiento entre Hamás e Israel perjudicaría la popularidad de Abbas, ya que son miles las familias palestinas que agradecerán al movimiento islámico por la liberación de sus seres queridos. Este golpe para Abbas coincide con su decisión de posponer las elecciones presidenciales en Cisjordania, previstas para enero. Además, en la lista de prisioneros liberados estaría Marwad Barghouti, ex líder de Al Fatah detenido en Israel desde el 2002 por presuntamente perpetrar atentados contra civiles israelíes durante la primera y la segunda Intifada. Barghouti, quien desde la prisión se apartó de Al Fatah para formar su propia agrupación en el 2005, mantiene un rivalizado encono con Abbas. Muchos palestinos ven en el detenido líder una alternativa de cambio frente a la corrupción que campea al interior de la Autoridad Palestina, y es el favorito para ganar las elecciones generales.
Por otro lado, la liberación de prisioneros palestinos, muchos de ellos detenidos por cometer atentados contra la población israelí, representaría un peligro. Es suspicaz pensar que estos liberados abandonen sus actividades delictivas una vez que regresen a sus hogares. Sin embargo, Yaakov Perry, antigua cabeza del Shin Bet, la agencia de seguridad interna de Israel, declaró a la prensa de su país que en el pasado muchos de esos prisioneros se integraron a la política tras su liberación, y que no volvieron a ejecutar o planificar atentados terroristas.
Pero el temor persiste entre los israelíes. Según el periodista Ethan Bonner, del New York Times, la liberación de estos prisioneros representaría un incremento en la población árabe que vive en Israel,y que actualmente asciende a un 20% del total de la población israelí.
Se tratan de negociaciones complicadas para Israel, ya que la liberación de los prisioneros fortalecería a Hamás. Además, resulta inexplicable porqué Israel negocia una sola vida por la liberación de varios palestinos condenados por terrorismo.