
La humanidad asiste a una grave crisis que no solo es económica, sino ecológica y moral. En el mundo entero, la bifurcación de la humanidad en dos grandes grupos humanos: el de los que lo tienen todo y el de los que nada poseen, sino tan solo sus huesos, se acrecienta. Los ecosistemas se derrumban, el calentamiento global avanza, científicos de todas las tendencias prevén que si las élites mundiales no hacen algo, en los próximos 30 años la tierra será presa de cambios climáticos catastróficos; y sin embargo, los poderosos y sus cancerberos no hacen esfuerzos concretos por encarar esta situación, muy por el contrario, ellos continúan aferrados a su festín de bosques, recursos naturales, aguas y materias primas del planeta, a como dé lugar. Nadie puede lograr, por ejemplo: que el Reino Unido asuma un mayor compromiso por reducir el impacto de sus chimeneas sobre la capa de ozono o que los barcos pesqueros japoneses contengan su exterminio sobre las ballenas del ártico.
Y es que en el mundo, desde hace aproximadamente 500 años, se ha ido imponiendo la CULTURA DEL EGOISMO SALVAJE.
La cultura del egoísmo nació y alcanzó su máxima expresión en Occidente. De la mano con una visión y acción depredadora sobre el mundo. De Grecia y Roma, fue asumida y potenciada por los pueblos anglosajones y germánicos, engordó con las revoluciones burguesas y luego asumió diversas expresiones, siendo las más visibles: el liberalismo y el imperialismo; y su sistema económico por excelencia: el capitalismo.
La cultura del egoísmo es la que propició y propicia el DEJAR HACER, lo que sea, para conseguir lo que denominan libertad y desarrollo (léase bienestar personal de cada quien). Sus ideólogos están de acuerdo con que se haya exterminado y se siga exterminando brutalmente a todas las culturas "no asimilables" (léase por ejemplo: sioux, apaches, quechuas, caribes, yungas, guanches, ainos, etc); sus ideólogos están de acuerdo con que por ejemplo la raza indígena de América se encuentre hoy al borde de la desaparición y de nada sirvieron los vibrantes alegatos de hombres como De Las Casas ó Robert Jaulin; sus ideólogos no dicen nada respecto a que muchos pueblos negros se mueran ahorita, de hambre, por millones en África. Y es que la cultura del egoísmo no puede darse el lujo de ser generosa, pues eso significaría su suicidio; incluso sacrificó a sus propios disidentes (por ejemplo a los cristianos arrianos, a los hussitas, a Tomás Moro, a Rosa Luxemburgo, solo por citar algunos nombres).
Al parecer, sus voceros, si no actúan de mala fe y creen en lo que dicen, se hayan presos de una ceguera, que solo puede merecer un nombre sonoro: ALIENACION; esto quiere decir: ENAJENACION, desposesión de sí mismos, que les impide ser libres y poder desembarazarse, sobretodo de dos de sus ídolos falsos: el culto al dinero y a la avaricia.
Es por ello, que todo pensamiento, que sea plenamente humanista y que propugne la auténtica libertad del hombre respecto a tales ídolos falsos: y que pregone una sociedad en que se logre la hermandad de todos los hombres y pueblos del mundo, solo puede merecer su escarnio, insulto, injuria y diatriba.
Y así dicen ser liberales y demócratas.