Por: Julio Garrido Huaynate
Pongámonos serios. Serenémonos: hasta los congresistas pueden atentar contra el Congreso Nacional con sus despropósitos, (recordemos la huelga parlamentaria del 48), pero ningún demócrata raigal puede estar contra la institucionalidad del Primer Poder del Estado. Lo demás es paparrucha, estupidez, envidia soterrada, facilismo y embalse de un espíritu dictatorial. En cada frustración personal al respecto, hay un dictadorcillo en ciernes.
Lamentable que Valle Riestra se pronuncie contra el Congreso; le tiene bronca porque el mecanismo de debate le ha recortado a su verborrea la posibilidad de exhibir su narcisismo. Toda esa caterva de neo enemigos del Parlamento están, en el fondo, atentando contra la democracia.
Los bandos que quieren convertir a Ollanta en un tirano son lo peor que ha parido el Perú: revisemos los casos; es cierto que el aumento es un despropósito en momentos de embalse salarial de la empleocracia nacional. Nosotros tenemos la culpa, los partidos somos los responsables: nosotros los elegimos y tenemos que soportarlos hasta que concluyan su período. Esa es la lección de la cual debemos sacar enseñanzas.
Es necesario una nueva ley de partidos, se hace urgente modernizar el sistema electoral y eliminar el voto preferencial; perentorio es crear elementos sólidos para una verdadera cultura política, establecer balances de poder más efectivos. La bicameralidad nos otorgará un espacio reflexivo que hoy no existe. Si ha pasado lo del aumento es porque la mayoría lo ha permitido; y la mayoría es del partido de Ollanta: lo han podido impedir. O tal vez ese es el plan.
Defendamos al Congreso. Soy profesor de Teoría del Estado; no puedo sumarme a la piara de desgañitados opositores a todo en busca de podio. Defiendo a este Congreso, aun cuando pueda ser el peor. El peor es mejor que no tenerlo; el castigo vendrá en la próxima elección de parlamentarios.
Después que lo han recibido, luego de aprobarlo, por cobardía algunos están devolviendo la adición. Quizá eso sea peor que los que siguen en sus trece. Un demócrata está más allá de la coyuntura. No me puedo sumar a la jauría rabiosa que barnizados con una repulsa del momento, disparan contra la democracia tratando de desaparecerla. Mucho loquillo suelto. Es hora de la cordura.
Magdalena Del Mar, 8, enero, 2013
Julio Garrido Huaynate