
Imagen que representa al lutier Antonio Stradivari.
Uno de los mayores enigmas de la musicología acaba de ser oficialmente resuelto (o casi): el origen del extraordinario sonido producido por los Stradivarius, los violines creados por el lutier italiano Antonio Stradivari (1644-1737).
Hasta el momento, músicos, expertos en acústica o químicos habían intentado desentrañar el elemento que hacía únicos a estos instrumentos, valuados en millones de euros, escrutando planos originales, la madera, el pegamento, y emitiendo hipótesis sobre ingredientes más o menos esotéricos para explicar el carácter único de estos violines.
Pese a estos estudios y conjeturas, un elemento se reveló impermeable a la ciencia, impidiendo una compresión global del artefacto: el barniz. Hasta hoy. Este viernes, la prestigiosa revista de química alemana Angewandte Chemie International Edition publica un informe que desvela el secreto.
Stradivari usaba un barniz simple, un poco como los pintores, para obtener un resultado estético, cuando no acústico, echando por tierra las hipótesis de que usaba una sustancia misteriosa.
“Antonio Stradivari no ordeñaba abejas del este de Hungría a la luz de la luna llega”, ironiza Jean-Philippe Echard, el químico de laboratorio de investigación y de restauración del Museo de la Música de París.
“Descubrimos que Stradivarius había empleado componentes comunes y fácilmente disponibles, habitualmente usados por los artesanos y artistas del siglo XVIII”, indican los autores del artículo (“La naturaleza extraordinaria del acabado de los Stradivarius” ).
Una fórmula incompleta
Para llegar a estas conclusiones, un equipo pluridisciplinario compuesto por un grupo de 12 investigadores -químicos, lutiers y restauradores- y siete instituciones trabajó durante cuatro años sobre cinco violines del Maestro.
Los investigadores utilizaron la luz infrarroja del sincrotón SOLEIL (ubicado en las afueras de París), lo que les permitió determinar la composición química del barniz, colocado en dos finas capas.
La primera mano era a base de aceite, mientras que la segunda utilizaba una mezcla de aceite y resina de pino al que Stradivari añadía distintos pigmentos usados en pintura, lo que explicaría el brillo y la textura de estos violines.
“Es la misma técnica que usaban los pintores de caballete, como los venecianos, del norte de Italia del norte, para lograr los matices de las encarnaciones o figurar las riquezas de las pañerías rojas”, subraya Echard.
“Ahora vamos a tratar de volver a encontrar, gracias a los experimentos, el gesto posible de Stradivarius”, añade.
Porque si los secretos de la composición de este instrumento de excepción se desvanecen, la principal razón de la calidad del Stradivarius depende sobre todo del talento de su creador.
“La calidad de este autor no depende de una fórmula mágica oculta en su barniz, sino que depende de la dimensión artística que logró alcanzar”, resume Stéphane Vaiedelich, responsable del laboratorio del Museo de la música.Fuente: RFI