Eviten la llegada de los españoles
Por la magia que tiene la vida, reparé un día que, cuando vivía en Chaclacayo, a mediados de los 70, en una agrupación de casitas de arquitectura europea construida por el viejo León de Monzart, (el mismo que hizo la Cabaña), distribuida en un terreno lindo, ocupaba con mi familia la construcción en la que una vez viviera José María Arguedas.Un señor paseaba en bicicleta por el frontis de mi domicilio y miraba con extraña curiosidad tratando de ver no sé qué del interior. Mi primera hija, que era tan sociable; tendría unos 5 o 6 años, estableció amistas con el ciclista. Al poco tiempo nos identificamos. Era Luis Alberto Ratto, un crítico literato que por cosas de la existencia, se eclipsó luego, teniendo un gran talento, a quien no veo muchos años.Un día entró al amplio salón que constituía la sala y conversamos como amigos de toda la vida. Conocía muy bien la obra de mi padre. Me comunicó, ante mi sorpresa que la casa, y por eso la veía siempre, había sido domicilio también del autor torturado y autotorturado de “Todas las sangres”.Años después llevé a César Calvo, que no me creía el hecho y constató que en ese lugar había pasado días inolvidables con José María y con Damían, su violinista de cabecera; recuerdo que, al son de una música cubana y unos tragos César se emocionó y me reveló el dolor de su amigo íntimo. –Cuando ya había intentado matarse por primera vez; en esta misma sala lo abracé y le dije:–¿Qué podemos hacer los que te queremos para que no te mates? La respuesta fue patética:–Eviten la llegada de los españoles –fue tanta la emoción que nos embargó que lloramos por José María.Semanas después, quedé muy preocupado y transido de dudas y sentimientos confusos; al fin, soy una persona que siempre escogerá Eros que Thanatos y resolví el conflicto; el motivo era una excusa de su debilidad. Arguedas no se mató por los motivos que adujo en su carta; él quería matarse a como de lugar, pasare lo que pasare.El gran culpable fue su siquiatra que juntó a Sibila Arredondo con un hombre destrozado por la vida y por él mismo, y los casó. Seis meses después del suicidio, Sibila dio a luz un hijo que no era del escritor. En el centenario hay que decir la verdad.Magdalena Del Mar, 28, enero, 2011
Julio Garrido Huaynate