
Sicariato político Por: Aurelio Pastor
El pasado 9 de junio, el expresidente Alan García escribió en su cuenta en Twitter un mensaje dirigido al actual mandatario Ollanta Humala con respecto a la manera como viene conduciéndose el congresista Sergio Tejada en la presidencia de la comisión investigadora del gobierno aprista 2006-2011. Ahí García Pérez fue sumamente directo al calificar a Tejada de "sicario" y "calumniador". Según la Real Academia Española, un sicario es un "asesino asalariado".
Cuando uno aprecia la conducta y la manera como administra y difunde Tejada la información a la que tiene acceso, no tiene más que confirmar que el término acuñado por el expresidente es preciso. Tejada tiene el encargo de Palacio de Gobierno de asesinar políticamente a García. Primero, para tratar de acabar con el presente del APRA. Segundo, para evitar que siendo candidato, Alan García pueda ser un obstáculo para la continuación en el poder del actual régimen a través de la públicamente aceptada tesis de la reelección conyugal.
Para cumplir su objetivo, Tejada debe tratar de acopiar toda la información necesaria para borrar de la mente de los peruanos los indiscutibles éxitos del segundo gobierno aprista, tiñendo todo de corrupción. Como no es posible sostener su tesis con elementos reales, Tejada apela a inventar situaciones a través de especulaciones que inmediatamente son recogidas por determinados medios que desean ver desaparecido al exmandatario o viven de la teta de la actual administración. Es entonces cuando se editan portadas y reportajes que son machacados en las mentes de los peruanos con la intención de lograr un rechazo categórico al aprismo y a su líder.
La idea es generar una imagen de solo corrupción, en donde detrás de cada obra, compra o decisión pública haya un negociado para favorecer los bolsillos del expresidente, allegados o partidarios. De manera que en la opinión pública cada supuesto éxito tenga un real objetivo de lucro delincuencial. Se construyeron colegios, carreteras, puertos e hidroeléctricas para robarse la plata, no porque hubiera un objetivo de desarrollo nacional y una visión de progreso. La economía y el empleo crecieron no para beneficiar a los peruanos, sino para distraerlos de los latrocinios que se perpetraban. Todo está contaminado con el crimen y del buen gobierno no queda nada.
Acabar con García y el APRA en el sentir popular y en el aprecio ciudadano. Aunque para ello haya que inventar situaciones que nunca ocurrieron.