
Es el nuestro un país de insólitas contradicciones. En pocos momentos de nuestra historia hemos crecido tanto y tan sostenidamente pero, sin embargo, no encontramos el camino para reducir las distancias económicas entre nuestros compatriotas. Hemos sido la capital de un imperio y, sin embargo, andamos a la deriva en cuanto a encontrar nuestra identidad nacional y andamos cabizbajos y sin rumbo embriagados por nuestro cortoplacismo. No ocurre nada distinto en nuestra vida cultural, en nuestro querido Perú coexisten la ebullición de una efervescente vida cultural con el ninguneo y postergación de las instituciones y gobiernos para con ella.
Menos mal que no faltan quienes, contracorriente, dedican sus esfuerzos para que, aunque a menudo pareciera que aran en el desierto, tienden los puentes entre estos dos mundos y promueven la vida cultural y artística en nuestro medio.
Luis Alva Talledo es uno de esos personajes. Es de los pocos peruanos que llegó a la cúspide en su arte, fue considerado el mejor tenor lírico ligero de su tiempo y compartió escenarios con artistas que hoy son leyenda, como la Callas. Radicando en Milán, cuando se retira de las tablas para dedicarse a recitales y a la enseñanza dedica los últimos 30 años a promover la ópera en su patria natal. Con gran cariño, dedicación, esfuerzo y sacrificio funda, primero FUPAL y luego PROLIRICA, y con un puñado de amigos y amantes del género lírico se enfrasca en la romántica tarea de organizar y poner en escena variadas temporadas de ópera en el Perú, que se caracterizaron, bajo su dirección artística, por su extraordinaria calidad.
A cargo de la dirección artística de PROLIRICA (la cual, además, preside desde hace cuatro años), Luis Alva ha traído al Perú a artistas de la talla de Roberto Servile, Marco Armiliato, Stefano Pellegrino, Svetla Krasteva, Yolanda Auyanet, María Mitsopoulou, Liborio Simonella, Renata Daltin, Daniela Barcellona, Anna Valdetarra, Pietro Mianiti, Natalia Ushakova, Elena Cassian, entre otros, además de habernos permitido aplaudir a artistas de la talla de Luciano Pavarotti, Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza y Natalie Choquette. Ha logrado, con el ciclópeo esfuerzo que esto significó, traer incluso Orquestas extranjeras completas para participar en algunas de las temporadas de ópera que PROLIRICA montó en nuestra patria: la Sinfónica de Moldavia, la Orquesta de la Ópera de Budapest, la Sinfónica de Cracovia y la Sinfónica Nacional de Cuba, además de haber promovido la aparición y participación en dichas temporadas de nuevos valores nacionales que dieron sus primeros pasos gracias a la puesta en escena de espectáculos operísticos en el país.
2008, es, sin embargo, el último año en que el maestro Luis Alva dirige artísticamente una ópera en el Perú. Razones personales que es fácil adivinar, el maestro ya pasó la barrera de los 80 años y hay una etapa de la vida en que los esfuerzos románticos y casi juveniles de este héroe de la cultura pueden empezar a atentar contra su salud. El Perú le ha dado variados y nunca suficientes reconocimientos, el mejor homenaje que le podemos hacer este año es asistir para aplaudir la histórica performance que nos ha organizado para despedirse.
Mi homenaje personal, honrado por su propuesta de ser su vicepresidente en PROLIRICA, lo que me ha permitido acompañarlo en el esfuerzo de estos últimos años, es el tratar de compartir con ustedes mi admiración y respeto por la calidad humana y patriótica de este gran amigo; calidad que lo pone muy por encima de su logro de haber sido el mejor tenor lírico ligero de su tiempo, pues para regalar casi una treintena de años, con gran sacrificio personal, económico y físico, a sus compatriotas, hay que ser un peruano como los que faltan, lleno de amor por su tierra, por sus compatriotas y por el arte.
Ojalá y lo que Luis Alva sembró sea recogido por peruanos y por autoridades que sienten las bases para constituir en su nombre la Compañía Nacional de Ópera, paso natural que una obra como la emprendida por Lucho debe ser dado con oportunidad y responsabilidad históricas.