
Napoleón firma el acta de su abdicación en Fontainebleau
Abdicar, declinar y renunciar (Primera Parte) Empezaremos primero explicando la acepción “abdicar”: Abdicación (del latín abdicatio, renegar, renunciar; de ab de, y dicare, declarar, proclamar como no perteneciente a uno), el acto según el cual una persona renuncia y cede por sí misma su cargo antes de que expire el tiempo para el cual se tomó el mismo. En el derecho romano, el término se aplicaba especialmente para desposeer a un miembro de una familia, como al desheredar a un hijo, pero en tiempos más recientes, esta palabra se usa raramente excepto en el sentido de renunciar al poder supremo de un estado. Un término similar para un electo o un funcionario es renuncia (al cargo). . Abdicaciones en la Edad Antigua: Entre las abdicaciones más memorables de la antigüedad se puede mencionar la del dictador Sila, 79 a. C., y la del emperador romano Diocleciano (305). . La Corona Británica: Probablemente la abdicación más famosa en la historia reciente sea la del rey Edward VIII del Reino Unido en 1936, quien abdicó del trono británico para poder casarse con la divorciada Wallis Simpson, pasando por alto las objeciones del estamento británico, los gobiernos de la Commonwealth, la familia real y la Iglesia de Inglaterra. (Véase Crisis de abdicación de Eduardo VIII.) Ésta fue también la primera vez en la historia que se renunció a la corona británica de manera enteramente voluntaria. Ricardo II de Inglaterra, por ejemplo, fue forzado a abdicar después de que fuera despojado del trono por su primo, Henry Bolingbroke, mientras Ricardo se encontraba fuera del país. Cuando James II de Inglaterra, después de lanzar el Gran Sello del Reino al río Támesis, huyó a Francia en 1688, no renunció a la corona formalmente, y se discutió en el Parlamento la cuestión de si había perdido su derecho al trono o si había abdicado. Se acordó lo último, pues en una asamblea general de Lores y Comunes, convinieron que estaba disuelto a pesar de la protesta de James "que habiéndose esforzado el Rey James II en revocar la constitución del reino, rompiendo el contrato original entre el rey y el pueblo, y, aconsejado por los Jesuitas y otras personas corruptas, habiendo violado las leyes fundamentales, y habiéndose él mismo retirado fuera del reino, abdicó del gobierno y que el trono está por tanto vacante." El parlamento escocés pronunció un decreto de derrocamiento y deposición. Como el título de la Corona depende de un Estatuto, particularmente el Acta Constitucional 1701, una Abdicación Real sólo se puede efectuar mediante un Acta del Parlamento. Para dar efecto legal a la abdicación del Rey Eduardo VIII del Reino Unido se dictó el Acta de Declaración de Abdicación de Su Majestad en 1936. . Abdicaciones Modernas: Históricamente, si un monarca abdicaba ello se veía como profundo y chocante abandono del deber real. Como resultado, las abdicaciones normalmente sólo ocurrían en las más extremas circunstancias de tumulto político o violencia. Esto ha cambiado en un pequeño número de países: Los monarcas de Países Bajos, Luxemburgo y Camboya han abdicado como resultado de su avanzada edad. El príncipe Hans-Adam II de Liechtenstein hizo a su hijo regente recientemente, en un acto que equivalía a un abdicación de facto si no de ley. . La famosa abdicación de Napoleón Bonaparte: Varios mariscales franceses se negaron a continuar combatiendo en abril de 1814. Al ser rechazada su propuesta de renunciar a sus derechos en favor de su hijo, hubo de abdicar, permitiéndosele conservar el título de emperador y ejercer el gobierno de la isla de Elba. El Congreso de Viena (1814-1815) dispuso el nuevo orden en la Europa post-napoleónica. María Luisa y su hijo quedaron bajo la custodia del padre de ésta, el emperador Francisco I, y Napoleón no volvió a verlos más. Escapó de Elba en marzo de 1815, llegando a Francia y marchando sobre París tras poner de su parte a las tropas enviadas para capturarle. Comienza el periodo de "los cien días". Establecido en la capital, promulgó una Constitución nueva y muchos veteranos acudieron a su llamada, reiniciándose el enfrentamiento contra los aliados. El resultado fue la campaña de Bélgica, que concluyó con la derrota en la batalla de Waterloo el 18 de junio de 1815. El pueblo de París lo apoyaba en la lucha, pero los políticos no, por lo que abdicó en favor de su hijo, Napoleón II. Marchó a Rochefort, donde capituló ante el capitán del buque británico Bellerophon. Fue recluido entonces en la isla de Santa Helena, en el Atlántico, donde falleció el 5 de mayo de 1821. A partir de su muerte, no exenta de sospechas que hablan de envenenamiento, su figura alcanza una altura mítica que le convierte en uno de los personajes fundamentales de la historia de la humanidad. Sus restos fueron repatriados en 1840, siendo recibidos con honores y sepultados en “Les Invalides” (Los Inválidos), en París.