
Distraer la vista con la majestuosidad de esos rincones. Dejarse despeinar por el viento, conmoverse porque esos paisajes son obra del paso del tiempo y de la naturaleza. Respirar y llenarse los pulmones de aire y de vida. Dejar que todo nos sorprenda. Esto forma parte del camino a Cafayate.
Cafayate pertenece a los Valles Calchaquíes y casi podría decirse que se lleva la mayor parte del protagonismo. Su principal referente, que es la actividad vitivinícola, ha llevado a que miles de viajeros y turistas se animen a cruzar los límites urbanos de Salta y salir a la ruta. La mayoría llega con ánimo de disfrutar de la cata de diferentes sabores y aromas, pero se encuentra con algo más que viñedos.
Saliendo de Salta y tomando la ruta 68, se podrá apreciar la famosa Quebrada de las Conchas, en donde una especie de museo al aire libre se despliega delante de nosotros. El Anfiteatro, La Garganta del Diablo, Los Castillos, El Sapo, Las Ventanas y otras formas labradas por el viento y el clima derrochan su magia y belleza sobre el camino.
Un paseo por los Médanos también vale la pena porque se trata de un “desierto” caprichoso con dunas de hasta 30 metros se convierte en otro lugar en donde detenerse.
Cafayate es mucho más que esto. Les propongo hacer un viaje al norte de Argentina.