
Spider-Man ha muerto. Larga vida al insecto. Desde su primera aparición en Amazing Fantasy #15, y en sus más de 40 años de vida, Peter Parker, el nerd problemático por excelencia, ha hecho de todo: desde balancear una vida romántica entre dos aspirantes a modelos hasta salvar al mundo de villanos obstinados en disfrazarse como animales. Ha trabajado para periódicos sensacionalistas, ha sido consumido por alienígenas, y hasta ha manejado un jeep rojo que trepaba paredes. Y, con suma pena, hoy nos toca decirle adiós.
Pues verán, en todo este tiempo Spidey ha crecido, ha madurado y ha mutado de tal forma que se ha convertido en ese viejo compañero de colegio que no hemos visto en años y que, a pesar de que fuimos grandes amigos, no tenemos la más mínima idea de quién es ahora. Sus escritores lo saben y, al jactarse de que es un personaje tridimensional con problemas reales e identificables, lo han convertido en un actor salido de alguna tragedia griega.
Peter ya no es el inocentón que tomaba malteadas con sus amigos en la fuente de soda y que se escabullía para ponerse mallas rojas y azules. Por más inaudito que suene, él es ahora un desempleado que vio a su primer amor morir frente a sus propios ojos, que perdió a su hijo nonato y que ahora vela por su querida tía que se encuentra en estado vegetativo. Y si hay un elemento común que una todos estos elementos, es el siguiente: la culpa.
Desde que su tío murió por su inacción, Parker decidió que él era el culpable de todos los desastres de su vida. Spidey ya no hace bromas frente al peligro porque es algo que le divierte en el transcurso de sus peleas contra adultos fracasados. Si se burla de algún villano es porque, en realidad, busca esconder su dolor interior. La única forma de que vuelva el viejo hombre araña es, si por arte de magia, alguien cambiase todo su pasado y lo retrocediera a aquel punto en el que era auténticamente feliz y sin preocupaciones en la vida. Pero eso nunca ocurriría, ¿verdad?
Fuente: Peru21