El valeroso héroe de Madre Mía, acaba de promulgar la nueva ley universitaria.
Dicha ley, en su artículo 84, establece el despido inexorable de atodo catedrático que llegue a la edad de 70 años de edad.
Es mentira que los catedráticos despedidos puedan reincorporarse: la propia ley establece que sólo podrán reincorporarse, aquellos profesores que tengan una trayectoria eminente como investigadores, es decir, que hayan publicado muchas obras y de calidad reconocida.
Como si el sistema laboral les diera a los profesores universitarios, condiciones laborales mínimas para que tengan una trayectoria excelente como investigadores. Por si no lo saben los que están ajenos al quehacer docente, los profesores universitarios se lo pasan el día viajando de una universidad a otra, cachuelando, para poder subsistir. La fatiga intelectual es sumamente drástica; un profesor llega a su domicilio a las 11 de la noche, cansado, desmotivado... y con la preocupación de tener que preparar clases para el día siguiente; con qué tiempo y con qué energías se va a poner a investigar!!!
El ángel de Madre Mía
A los profesores universitarios en el Perú, les da la universidad hasta 3 o 4 cursos diversos para dictar, con contenidos ajenos a la materia en la que investigan, lo cual los obliga a dispersarse. Es más: por ley, les obligan a no dictar menos de trece horas semanales. Esas clases tienen que ser preparadas, porque los estudiantes lo evalúan a su profesor todos los días, y le exigen que se actualice permanentemente...pero no les gusta que el profesor les exija ni que les ponga notas bajas. Peor aun: en cualquier momento le quitan al docente uno de los cursos que venía dictando, y en consecuencia, todo el material y la experiencia que tenía acumulados para ese curso, ya no le sirve; se ve obligado a improvisar para el nuevo curso que le toca dictar.El docente universitario está en el centro de poderosas tensiones sociales: por una parte la racionalización del sistema universitario que no le deja tiempo ni tranquilidad para que investigue, y por otra parte, la incomprensión de los alumnos, que exigen mucho, pero no quieren que se les exija. La labor del docente universitario es muy sacrificada: no termina en el aula, sino que la mayor parte del tiempo se realiza fuera de las aulas, por lo general, sacrificando las horas de sueño.
Las actuales, no son las condiciones en las que trabajaba Salazar Bondi, Basadre, o Porras Barrenechea: éstos dictaban una hora a la semana, y el sueldo que les pagaba la universidad, les alcanzaba para llevar una vida decorosa. Solamente al docente universitario se le exige excelencia, dentro de un entorno institucional de mediocridad: congresistas que se acusan todos los días de corrupción, un estado incompetente para resolver el problema de la inseguridad cioudadana, estudiantes sin capacidad de estudio, sueldos humillantes para los profesores.... y en este entorno de mediocridad e inoperancia, solamente al docente universitario se le exige excelencia académica!!
Por lo tanto, para que un docente cesado por límite de edad, pueda reingresar al claustro, tendrá que ser un genio excepcional dentro de todo este sistema institucional y estatal de mediocridad.
Por si esto fuera poco: la ley Mora establece que los docentes despedidos, aun los genios capaces de reingresar a la docencia por su trayectoria excepcional, aun así, el número de estas eminencias, no podrá exceder del 10 por ciento del número de profesores del claustro.
Es una mentira pues, cuando Mora anuncia que "hay canales para que los profesores despedidos puedan reingresar". Todo esto es humillante. El docente despedido, si pertenece a la ley 19990, pasa a ganar una pensión mensual de seiscientos soles. Piense usted que ese docente despedido, es cabeza de familia, y que sus ingresos abruptamente se le reducen hasta en un ochenta por ciento. Detrás de ese docente hay una carga familiar, y hay deudas contraidas, cuotas mensuales que este docente en ejercicio ha venido pagando. Si tuvo algún hijo en la universidad, por ejemplo, se truncan sus estudios y eso genera frustraciones y traumas. Si le sobreviene una enfermedad, no podrá afrontarla...Todo esto es el descalabro familiar y hasta atenta contra la integridad física de la familia.
Es por todo ello, que la nueva ley universitaria es tremendamente injusta e inhumana. Un docente que ha dejado su juventud en las aulas,que se ha sacrificado en este elevado apostolado pedagógico, no merece este trato humillante de la sociedad.
Esta norma, en un país que se precia de "democrático" y de tener reservas morales, sí que es criminal. La comunidad internacional debe estar enterada de los horrores a los que es capaz de llegar el estado peruano.
Bueno, los crímenes le tienen sin cuidado al ángel de Madre Mía.