
Juan Carlos Tafur: "Bienvenido el debate. Incluso, con adjetivos que lo condimentan, pe-ro sobre todo con ideas y referencias fácticas".
Nuestro colega Alberto Adrianzén practica una costumbre un poco banal a la hora de debatir. Primero, se considera víctima de matonerías e insultos, pero, a renglón seguido, entre quejas y lamentos, suelta una andanada de adjetivos de grueso calibre. ¿Creerá que son productivos y enriquecedores de la discusión o lo asumirá como una suerte de "estrategia de supervivencia intelectual" a efectos de no sucumbir ante la presunta manopla liberal que lo atormenta?
Para efectos de ahondar en el debate, soslayaremos tales ardides retóricos. Esperamos sinceramente que sean eso, ardides, y no estructura de pensamiento. El tema de fondo es si la crisis actual es el inicio del fin del capitalismo o no. Él cree que sí, nosotros en absoluto. Y será este un debate que marcará la propia campaña electoral venidera. Por eso, no creemos ociosa la réplica.
TRIGO LIBERAL Y PAJA MERCANTILISTA
Nos llama voceros del "neoliberalismo". Vale, pero cabe una pequeña aclaración. No hay rollo si lo que entiende por ello es lo que quienes creemos en la economía de mercado y en el papel exclusivamente ordenador del Estado llamamos "liberalismo" a secas. Porque de lo que sí no somos pregoneros es del modelo capitalista mercantilista que nos rige desde hace décadas, iniciado por Fujimori y exaltado por el gobierno de Toledo, y muchos menos del actual, al cual hemos criticado desde el inicio.
Nos acusa de haber estado silentes en la bonanza y que recién ahora soltamos críticas. No vamos a gastar tinta en refutarlo, que tenemos dichos y escritos de sobra que lo desmienten. Lo que sí nos provoca es una inquietud. ¿Bajo sus mismos estándares morales, qué podríamos decir de su participación como funcionario del gobierno toledista? El oportunismo intelectual que falsamente nos endilga sería, sin duda, éticamente reprobable. Pero sería moco de pavo frente al salto triple que supone pasar de un toledismo que, al parecer, tenía solo un horizonte quincenal, al nicho radical en el que hoy se pretende ubicar. Al menos creemos que debería hacerlo guardar un poco de mesura a la hora de expectorar juicios de valor.
Adrianzén dixit: "Con gran desparpajo dicen que la reciente recesión mundial no se debe al capitalismo en sí mismo sino más bien a la 'inconmensurable lenidad y torpeza de los funcionarios del gobierno y políticos…’". A ver. Por partes y cucharadas. Primero, ¿sabrá el susodicho que ni siquiera ningún economista keynesiano serio deja hoy de considerar como causa central de esta crisis el monumental fracaso regulatorio antes que atribuírselo al mercado?
Sin duda que no y, probablemente, ni le interesa saberlo. El concho ideológico de nuestra izquierda manda sobre la realidad. Eso es lo que cuestionamos. Sinceramente, pensábamos que ya se había liberado del que fue el mayor papelón teórico de Carlos Marx, como fue suponer que iba a ocurrir, y pronto, la crisis terminal del capitalismo, pero no fue así. En esa medida, nos lamentábamos de constatar que buena parte de la izquierda peruana, que se decía evolucionada, haya mostrado en la actual crisis que sus genes recesivos la dominan. Al primer remezón desempolvaron el Manifiesto y El Capital.
¿STIGLITZ Y KRUGMAN IZQUIERDISTAS?
Adrianzén se ofende porque satirizamos a Stiglitz. Nos reafirmamos en ello, sin duda. Pero más alucinante nos parece que lo pretenda convertir en abanderado de la izquierda y que, en esa medida, acuse el golpe. Y, a su vez, si el pobre Paul Krugman, al que cita como parte de la familia, se enterase de lo que se propone en su nombre en el Perú, tomaría un avión de inmediato para ponerle coto. Krugman no es liberal, claro está, pero líder del progresismo global mucho menos. Y el mentado Stiglitz está bastante lejos del pensamiento económico de nuestra izquierda. Algunos de sus críticos murmuran que atraviesa por una crisis psicótica, pero ni el más enconado le ha imputado ser izquierdista.
Tenemos el cuajo de decir que el liberalismo no tiene nada que ver con Bush, dice Adrianzén. Lo cierto es que ni un solo pensador liberal serio ha avalado semejante esperpento económico. Si Milton Friedman –para citar al más satirizado por la izquierda global– estuviese vivo, se habría espantado del relajamiento posclintoniano de la política monetaria, y del absurdo y masivo desmadre de las prácticas regulatorias gringas. Sin politiquería macroeconómica en los Estados Unidos –y fuera de él–, hoy no tendríamos crisis global.
¡Es ideología encubridora!, grita Adrianzén. Los liberales están tan ciegos como algunos socialistas cuando cayó el muro de Berlín y no quieren ver el final venidero, diagnostica. Invocamos la formación investigadora de nuestro polemista (esperamos que su legítima aspiración de poder no haya borrado la impronta empírica de su formación). ¿Se ha tomado el trabajo el ex asesor de Toledo de estudiar las crisis del capitalismo de los dos últimos siglos (¡no han sido solo dos, eh, la del 29 y esta!)?
DEL DICHO AL HECHO
Si lo hiciese, se daría cuenta de que las crisis no son de ahora, siempre han existido desde los orígenes del capitalismo y no dejarán de ocurrir. Por ejemplo, entre 1881 y 1938, en ese medio siglo, hubo recesión 16 años. Y del 50 al 2000, la economía mundial estuvo colapsada casi una década. Y también entonces, por cierto, la izquierda hizo sonar las trompetas anunciando el cumplimiento de la profecía marxista.
Pero lo real, lo empírico, lo tangible es que cada vez los ciclos recesivos duran menos (el actual, en el peor de los casos, va a ser de cinco años). Y abunda la evidencia empírica que refuta las delusiones anticapitalistas. En el documento "Libertad económica: el mejor camino para enfrentar la crisis", elaborado por una treintena de ONG liberales, para citar uno de tantos, se demuestra, al analizar las dos crisis más serias ocurridas en naciones emergentes en las últimas tres décadas –la de los 80 en América Latina y la de los 90 en el sudeste asiático– que, cuando más libertad de mercado existe, las mismas no solo duran mucho menos sino que su costo también es infinitamente más leve. La historia suele atemperar las visiones apocalípticas. Y en el caso presente nos evitaría cometer locuras como las que la mayor parte de la izquierda peruana –Adrianzén incluido– propone.
Bienvenido el debate. Incluso, con sarcasmo y adjetivos que lo condimentan, pero sobre todo con ideas y referencias fácticas (la orfandad de nuestro crítico en ese sentido es desoladora). No nos asusta dar o recibir munición verbal, pero que no se nos endilgue el monopolio del puyazo ni la otra parte se atribuya, pues, una pureza monacal, salvo que Adrianzén crea que frases como "atorrancia que linda con el ridículo y la huachafería", "gran desparpajo", "calladitos y sumisos", "oportunista", "explicaciones francamente ridículas y hasta cómicas", "matonería retórica" –que nos lanza gratuitamente–, sean cumbres dialécticas o expresiones sublimes de la razón. No tenemos problemas en entrar al callejón si allí nos citan, pero creemos que eso de sacar el verduguillo con la izquierda y las hostias con la derecha no creemos que sea, precisamente, la mejor arma moral ni intelectual en la batalla de las ideas.
Fuente:Perú21