Cuando hablamos del concepto de felicidad, con frecuencia, pensamos en este sentimiento vivido en primera persona. Sin embargo, dada la esencia social y relacional de un ser humano, conviene recordar que una de las experiencias más profundas a nivel interno es desear hacer feliz a otra persona.
El deseo de hacer feliz a otra persona puede experimentarse en el ámbito de la familia, la pareja o la amistad. Es un deseo muy positivo para poner limites al individualismo que en ocasiones hace acto de presencia en el corazón humano en forma de egoísmo y de vanidad.
El deseo de hacer feliz a otra persona es muy noble, sin embargo, es muy importante no poner sobre uno mismo todo el peso del bienestar del otro. De lo contrario, una persona puede frustrarse al tener atenciones hacia el otro, que el destinatario no valora como tal.
Por eso, es recomendable concretar el deseo universal de hacer feliz a otra persona cuando te enamoras, en objetivos más concretos.
El deseo de hacer feliz a otra persona debe de partir de unos límites:
1. Es un derecho personal tener espacios compartidos y diferenciados en una relación de pareja. El amor sano no es dependiente.
2. En el contexto de una relación de pareja también es básico aprender a decir no.
3. La felicidad del otro es importante pero todavía lo es más que cultives tu autoestima. En la medida en que tú eres más feliz, también haces más felices a quienes están a tu alrededor.
Para hacer feliz a otra persona, también puedes animarle a conocer amigos porque la amistad tiene tanto valor como el amor.
No puedes poner el peso de la felicidad de tu pareja en tus manos, lo que sí puedes hacer es poner de tu parte para que su vida sea más bonita.