
Uno de los males de estos tiempos de modernidad y globalización sin duda lo constituye la depresión; mal que se ha convertido en un enemigo invisible para el ser humano. Sabido es que hoy se vive muy de prisa en un mundo altamente competitivo, donde pareciera no existe la pausa y comprensión para el débil.
Los titulares de los diversos medios de comunicación, sean estos serios o alarmistas, nos traen muchas veces hechos trágicos de personas que, por no tener el apoyo necesario, toman más de las veces una fatal determinación al no haber podido superar este mal.
En programas radiales o televisivos que tienen que ver con el tema de la salud, recibimos testimonios de familiares de personas que no pueden recuperar la voluntad de sobreponerse y caen en un total abandono.
Sin embargo, si alguien llegará a pensar que la depresión solo pertenece a este siglo llegaría a la conclusión que eso no es del todo cierto, pues ya desde la época de Hipócrates, en pleno Siglo V AC, se le conocía, y este médico griego, consideraba que no venía a ser sino los efectos de la bilis negra, provocado por la alineación de los planeta. Y que tenía el efecto de oscurecer el humor y causar melancolía.
No debemos olvidar que la depresión es un estado en el que la persona cae, vale decir es vencida luego de probar todas las posibilidades que tiene a la mano para darle vuelta al problema que lo agobia, ha "quemado naves" y es presa de sus miedos profundos y otras formas en las que se disfraza el temor; no siendo fácil que pueda salir airosa por mano propia, a no ser que sea conducida por un profesional competente, en este caso el homeópata quien además le irá mostrando éstos y ayudará a desvanecerlos.
Pero, a diferencia de la Homeopatía, la medicina convencional, tiene su forma propia de combatir a esta enfermedad, y reduce su diagnóstico a una alteración química que se origina en el cerebro; donde se produce la secreción y recaptación de los denominados neurotransmisores. Se menciona que cuando uno de estos pasos está alterado, se genera la depresión y fobia, o también una desarmonía profunda y global.
El Homeópata en cambio se preocupará más allá de eso, pues toma a la depresión y otras enfermedades como un síntoma de una desarmonía profunda que abarca al ser humano como una totalidad, formada por mente, espíritu y cuerpo. Y si adicionalmente el paciente, tiene otros síntoma, todo esto será motivo de un profundo estudio de su parte, pero tomándolos como las manifestaciones de una misma enfermedad que se presenta en diversos niveles.
En ese orden de cosas, centrará su estudio e interés en conocer si el paciente llora o no, si esto lo hace a solas o acompañado. Si transpira, tiene sueños, pesadillas, posee miedos o fobias, si es friolento o caluroso, o sobre los deseos alimenticios que posee, entre otras cosas. De esta forma surgirá el remedio adecuado para ese paciente, al margen del tipo de depresión que tuviera.
Vale decir que la Homeopatía es una excelente opción para el paciente en cuadros de depresión puramente psicológica, ideas suicidas, stress, manías, depresiones endógenas, etc. Y además se tendrá la certeza de que los medicamentos homeopáticos tienen toxicidad nula, lo que los hacen atractivos y confiables para personas embarazadas y niños.
Los seres humanos, en estos tiempos de prisas y presiones, tienen sin duda en la Homeopatía a una excelente alternativa que lo ayudará sin duda a cambiar el estado de inercia y, a veces, de abandono personal que presenta cuando cae en un cuadro depresivo, removiendo a este, desbloqueándolo y ayudándolo a salir adelante de una manera integral.
Javier Ortega Carrasco
Médico Cirujano Especialista en Homeopatía
Catedrático y Conferencista
homeopatia_peru@hotmail.com
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