Un jueves cualquiera, Zavalita, amanecimos todos con la noticia del año: la benemérita Policía Nacional del Perú, tras una paciente investigación, había capturado a una banda apodada "Los Pishtacos del Huallaga". Logro histórico por donde se le mire, algo así como si la Policía Federal de México detuviera a Los Chupacabras de Veracruz o Scotland Yard aprehendiera al Monstruo del Lago Ness.
El caso sería gracioso si no fuera angustiante. ¿Con qué seriedad vamos a tomar a partir de ahora las investigaciones de la Policía? Porque una cosa es ver a Bayly poseido por Miriam Fefer de la mano de Rosita Chú y otra -se supone- es escuchar al general PNP Eusebio Félix Murga. Este señor, que resulta ser nada menos que jefe de la Dirincri -es decir, la inagotable fuente de los casos Feffer, Abencia et al.- dio este jueves una estrambótica conferencia de prensa para anunciar al mundo la captura de los responsables de 60 asesinatos cometidos a lo largo de treinta años.
El problema está en que, durante la conferencia y preguntado por cuántos de esos 60 asesinatos habían sido denunciados, el general Félix Murga tuvo que admitir que "en esa zona muchas personas no denuncian la desparición de familiares y allí nos estamos entrampando". La Policía había encontrado un cadáver, lo que es grave, por supuesto, pero difícilmente evidencia de la masacre cinematográfica que vendió la Dinincri. "Por la cantidad de grasa que han indicado haber obtenido podemos indicar que han sido muchas las víctimas". Ajá
Y no sólo eso. La supuesta organización criminal no tenía compradores para su contrabando. Era una mafia sin clientes. "Esta grasa, por el precio de 15 mil dólares, no estaba al alcance de cualquiera y probablemente, pues, haya una red internacional (...) indudablemente tiene que haber un comprador" balbuceó el general Fox Mulder. O sea, no tenían la más mínima pista de a quién le iban a vender la grasa que los Pishtacos transportaban dentro de unas botellas de Inca Kola de litro amontonadas en la maletera de un bus interprovincial.
(Lo peor de todo esto es que la Policía presenta a "Los Pishtacos del Huallaga" y todos nos concentramos en "los Pishtacos" y no en "el Huallaga". Los campesinos capturados fueron detenidos en un laboratorio con anfo, fulminantes y droga y denunciados por la Fiscalía, también, por tráfico ilícito de drogas. Pero ésa no fue la noticia. Muy visto, ya.)
La mayor parte de la prensa picó el anzuelo (salvo, contra lo que esperaría el prejuicio, algunos periodistas de televisión) sin consultar siquiera a un estudiante de medicina. En cambio, la prensa internacional rebotó la noticia con furor, pero también con escepticismo. Le Monde, BBC, New York Times, no hubo medio internacional que no tocara el tema. Todos consultaron a médicos, los cuales, invariablemente dieron la misma respuesta: no existe tráfico de grasa humana, de qué están hablando estos peruanos. Por lo general, los comentarios de los internautas extranjeros eran invariablemente sarcásticos: "Finalmente el Club de la Pelea abrió una sucursal en Perú" fue uno de los mejores.
En las redes peruanas la reacción fue igual de escéptica (y, en muchos casos, demostraron estar mucho mejor informados que los periodistas, explicando el origen del mito, en el blog del Morsa hay una buena guía). Sin embargo, el viernes, el ministro del Interior Octavio Salazar insistió en la versión policial: "Parece increíble, pero es verdad". ¿Es verdad qué? ¿Dónde están los contactos internacionales de los Pishtacos? ¿Dónde sus sesenta víctimas? ¿Sabe el ministro Salazar dónde demonios podemos cotizar nuestras panzas, por favor?Al día siguiente, en RPP, el premier Velásquez Quesquén no tuvo otra opción que dar paso al sentido común, responsabilizar al ministro del Interior y admitir que esto creer en este operativo sería el equivalente "a la captura de Papá Noel".Si pensaban que lo del falso robo del pulmón había sido un roche para nuestro país, sólo tienen que entrar a Google y buscar "human fat" (grasa humana). Todos los resultados están vinculados al Perú y este fiasco. Envídianos, Chile.
P.S.: No se pierdan este reportaje de Prensa Libre ni el comentario editorial de Rosa María Palacios al final del vídeo.
Fuente: Peru21