
En efecto, lo de Alejandro Foxley era más que probable
La renuncia del democristiano Alejandro Foxley a la Cancillería chilena ha sido leída aquí como un hecho principalmente bilateral. Algo así como que su performance frente al Perú le costó el cargo. Si uno revisa su trayectoria reciente, hay motivos para pensar así. Pero quizás no conviene excederse en el argumento.
Los cancilleres sobreviven por la química de su relación con el Presidente de la República, y la de Foxley con Michelle Bachelet venía siendo áspera desde hace cierto tiempo. Sin duda el Perú y su demanda ante La Haya es un elemento, pero no descartemos que aun sin eso el desenlace hubiera sido el mismo.
Foxley venía acumulando metidas de pata. Frente al Perú sus ataques al general Edwin Donayre obligaron al gobierno de Alan García a mantenerlo en el cargo hasta el último día. En Chile mismo sus visitas al Congreso fueron vistas como movidas para consolidarse en un cargo que ya entonces se le estaba escapando de las manos.
Es notorio que en una de sus recientes visitas a Lima Bachelet se mantuvo mucho más cercana y coordinada con el embajador Christian Barros que con Foxley. Acaso eso es lo que le valió a Barros un sorpresivo traslado a Roma. Han sido varios los embajadores que prefirieron ir a consultar directamente con Bachelet.
Pues Foxley es descrito por quienes han trabajado con él, chilenos o no, como un hombre que no es de trato fácil, una persona retraída, agestada, y de piel muy delgada, como lo descubrimos muy pronto en el Perú. Con este bagaje quizás el paso del choque con los vecinos al choque con la jefa era cuestión de tiempo.
Hay más de una teoría sobre el impacto de la salida de Foxley en las relaciones bilaterales. Unos piensan que veremos una cancillería chilena más cuidadosa, menos atenta a las políticas internas de Chile y del Perú. Otros consideran que con el reemplazo de tres ministros el gobierno de la Concertación lanza un vuelo de halcones en el tema.
Sin embargo el nombramiento del embajador de carrera Mariano Fernández no parece un endurecimiento, sino más bien el deseo de no volver a tener un político en esa cartera. Más verosímil podría ser la hipótesis del nuevo ministro de Defensa como halcón, pues en efecto como vocero del palacio de La Moneda Francisco Vidal sonaba duro.
De modo que si bien el reemplazo de Foxley suena dramático, quizás no tiene sentido esperar cambios, en ninguna dirección, en lo esencial de la diplomacia chilena. Lo más probable es que veamos más cautela y modales, y seguramente más consultas con la presidenta.
Fuente: La República