
Por Crisanto Pérez Esáin (*) Como sabemos, las palabras tienen la vida que los hablantes queramos darles. Solo así podemos entender, por ejemplo, la amplitud de significados de palabras como "lisura", algunos casi contradictorios. En sentido general, el español da una acepción física de "lisura": ‘Igualdad y tersura de la superficie de algo‘, al relacionarla con "liso", así como de "galán" se deriva "galanura". El significado de lisura, trasladado al ámbito moral y sicológico, da el de ‘ingenuidad, sinceridad‘. Estas son las acepciones con las que los Diccionarios de la Real Academia de la Lengua, desde el de Autoridades de 1734 hasta el actual, han registrado la palabra "lisura", y son las que se le atribuyen en el habla española general, tal como aparece en la aprobación que el Licenciado Márquez Torres da a la Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes: "Por comisión (...) he visto este libro de la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra, y no hallo en él cosa indigna de un cristiano celo (...); antes, mucha erudición y aprovechamiento, así en la continencia de su bien seguido asunto para extirpar los vanos y mentirosos libros de caballerías (...), como en la ‘lisura‘ del lenguaje castellano, no adulterado con enfadosa y estudiada afectación". Sin embargo, dicha acepción apenas se maneja en el español peruano. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua, recoge por primera vez en su edición de 1925, otro significado de lisura, que se da en Guatemala, Panamá, Bolivia, Ecuador y Perú: ‘Palabra o acción grosera e irrespetuosa‘. Con ese sentido se han creado, además, dos adjetivos de uso peruano con los que se califica a las personas que las pronuncian con frecuencia: "Lisuriento" y "liso". De esta manera, podemos escuchar expresiones del tipo "Juan, no seas liso (o lisuriento), cállate y deja de decir lisuras". El adjetivo "lisuriento" tiene además la particularidad de que su sufijo -ento", empleado con frecuencia para mostrar asuntos desagradables, como en "purulento" o "truculento", refuerza su valor despectivo. Pero no queda ahí el juego de significados de "lisura" en el habla peruana. Recordemos la canción de Chabuca Granda, en la que se hace el retrato de una limeña paseando por la Alameda, aquella que llevaba "jazmines en el pelo y rosas en la cara, derramaba lisura". Está claro que, en este caso, seguramente por ironía, en el Perú se le ha dado a "lisura" el significado de ‘gracia, donaire‘. Ricardo Palma, que en sus "Tradiciones peruanas" da muestras de su gusto por este procedimiento, por medio del cual decimos una cosa queriendo decir la contraria, emplea esta palabra aprovechando su doble sentido en "Con días y ollas venceremos", al hablar de Pedro Manzanares, mayordomo del señor Luna Pizarro, quien "era un negrito retinto, con toda la lisura criolla de los budingas y mataperros de Lima, gran decidor de desvergüenzas, cantador, guitarrista y navajero, pero muy leal a su amo y muy mimado por éste". La ironía participa en muchos cambios de significados de palabras propios del habla peruana, como en el ya en decadencia "maldito", que por unos años significó ‘estupendo‘ o ‘fabuloso‘, como en "La fiesta estuvo maldita, no paramos de bailar". Esos cambios pueden ser radicales, y en muchas circunstancias su vida es corta, en otras, no tanta. Por ironía, consideramos como lisuras a las palabras mal sonantes, y esa acepción se ha generalizado tanto que otra ironía, de vida más corta, recupera su sentido original, demostrando la creatividad, y a veces hasta capricho, con que empleamos las palabras. (*) Docente de la Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Piura.