
Estando en la bella ciudad de Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, fui al estadio a ver el partido que jugaron el equipo local, los Jaguares, frente uno de los cuatro millonarios de la liga mexicana, las Chivas de Guadalajara.
Los otros tres grandes son Cruz Azul, los Pumas y el América. Para empezar, la gente llega al estadio en familia, sin temor a que alguna gavilla de vándalos se les cruce en el camino, porque las "porras" (barras), están conformadas por hombres y mujeres de todas las edades que alientan a su cuadro con alegría y pasión, pero sin agredir ni insultar a nadie.
Me sorprendió ver en la tribuna a hinchas de los Jaguares charlando y compartiendo una cerveza con hinchas de Las Chivas, antes del partido, en el medio tiempo y al final del encuentro. Claro que los ganadores se mofaban de los perdedores, pero sin llegar a la agresión ni a la ofensa, deportivamente, amigablemente, como era antes en nuestro Perú.
En los ingresos y en las salidas preferentes vimos unos proscenios pequeños construidos a unos dos metros y medio de altura, en los que hermosas chicas hacían publicidad de productos o servicios cuyas marcas tenían grabadas en sus camisetas estrechas, mientras bailaban meneando sus mini-mini faldas.
El fútbol es todo un espectáculo México. Antes del partido, y en el intermedio, hizo un show musical excelente Cinthya, una joven y hermosa cantante que fue traída especialmente desde la ciudad de México para animar al público chiapaneco.
Mientras hacía lo suyo en el entretiempo, en el centro del terreno de juego grupos de jovencitas igualmente agraciadas desplegaban enormes carteles publicitarios y bailaban a la vez.
Todo esto refleja que los líderes de los clubes mexicanos tienen una visión del fútbol moderna y empresarial, distinta de la que tienen los dirigentes peruanos. Mientras estos se reúnen para discutir cuando juegan, donde y quién es el árbitro, los mexicanos dejan esa tarea a sus empleados y se concentran en trabajar duro y con imaginación para que el negocio sea exitoso para todos: futbolistas, hinchas y clubes.
Y pensar que hasta fines de los años 80 el fútbol mexicano participaba "de relleno" en los torneos internacionales en los que competía, mientras que el peruano era protagonista respetado y admirado en toda competición, y tuvo además participaciones decorosas en las tres copas del mundo a las que clasificó (1970, 1978 y 1982).
Pero todo esto ya es historia. México nos ha superado largamente y es ahora la tercera potencia futbolística de América, detrás de Argentina y de Brasil, así como la segunda meca del fútbol para los jugadores sudamericanos, después de Europa. Los clubes mexicanos son los que mejor pagan a sus jugadores en América Latina, por eso tienen en sus filas a destacados futbolistas sudamericanos que van de paso hacia el Viejo Continente o regresan de éste.
¿Qué ha pasado en México para que el fútbol de ese hermano país haya evolucionado de manera tan impresionante? Varias cosas que merecen ser aprendidas. En primer lugar, el estado mexicano ha invertido en construir campos de fútbol en casi todas las escuelas públicas.
Si hay canchas, hay futbolistas; si no, sólo hay peloteros de "fulbito", de esos que se cansan rápido en un campo grande. En segundo lugar, los clubes mexicanos son instituciones serias, comprometidas con el desarrollo del fútbol, con visión empresarial y proyección de futuro. Trabajan con seriedad con sus divisiones inferiores, tienen verdaderas canteras de las que salen figuras que brillan después en las grandes ligas, como Rafa Márquez y Giovani Dos Santos (Barcelona), Carlos Vela (Arsenal), Andrés Guardado (La Coruña), Carlos Salcido (PSV), Guillermo Franco (Villarreal), Ricardo Osorio (Stuttgart) y otros.
Nosotros, en cambio, hacemos todo lo contrario: El estado, desde el gobierno central hasta los gobiernos municipales, han eliminado los campos de fútbol de las escuelas públicas y de los barrios, sólo hacen lozas de fulbito. Además, todos ellos carecen de políticas promotoras del deporte en general. Nuestros clubes son pequeños grupos de amigos platudos que se pelean por llegar a la presidencia sólo para tener protagonismo mediático.
En vez de trabajar para generar ingresos y formar empresas eficientes del deporte, prefieren prestar su plata para pagar la planilla de los jugadores y empleados; así se sienten importantes, imprescindibles. Viven todavía en el siglo XX. Para muestra sólo un botón: Estamos a mediados de marzo y me han informado que el Alianza Lima ya les debe un mes y medio de salarios a sus jugadores.
Hasta cuando seguirá nuestro deporte rey en el subdesarrollo deportivo e institucional. Si aprendemos de la experiencia mexicana y la aplicamos a nuestro medio, estoy seguro de que en unos diez años, o tal vez menos, empezaremos a recuperar el protagonismo que otrora tuvo el Perú en el fútbol sudamericano.
Por: Víctor Robles Sosa
victorrobles.wordpress.com