
Desde que se dividió el átomo y el ser del estar, el joven Micco De la Pirandola, hijos de los condes de La Pirandola, estaba pero no era. Entonces principió a buscarse. Se buscaba, pero no se encontraba.
Creyó tener muy bonita voz y estudió guitarra. Pero no se encontró. Sentía la angustia de no ser y se moría de náuseas de estar. Bailó "rock and roll" desenfrenadamente. Nada. Tomó lecciones de teosofía. Menos.
De la Pirandola no se encontraba. Se fue a Europa a buscarse en la historia. Regresó más ido que nunca. Se buscó en las matemáticas. No le entraron. Viajó a la India a ver si se encontraba cazando elefantes. Volvió a Lima y tuvo una revelación en una banca.
"¡Ya, ya me encontré!", gritó y escribió unos versos rarísimos que algunos amigos dieron por geniales. El joven De la Pirandola creyó encontrarse por un momento. Fue poeta. Era. Pero, no estaba; no lo encontraban por ninguna parte…
De la Pirandola no se encontraba. Un día lo vimos de "purser"; no se encontraba. Principió a buscar en los vicios. Lo encontraban pero él no sabía quién era.
"Yo encontraré mi ser de todas maneras", pensó, y mató fríamente a una vieja cortándola en pedacitos a ver si se descubría en el ojo de la moribunda.
Tampoco. Se alquiló como Laika en un coche ruso; el ser se le quedó completamente atrás. De la Pirandola no se encontraba.
"En la plástica debo encontrarme", afirmó, y se pintó veintitrés abstractos. No solamente De la Pirandola no se encontraba en su pintura sino que nadie encontraba nada en la pintura de él.
Decidió hacerse cura. En la religión el ser y el estar están inseparablemente juntos. Raciocinó: "Yo estoy, luego seré. Cada vez que rezaba se quedaba seco- - …
Me haré el loquito – anunció a sus compañeros de búsqueda del ser, me encontraré seguramente – y le mandó un ladrillazo a una vitrina del Jirón de la Unión, incendió una casa, le tiró piedras a un ómnibus, le robó a su tía paralítica, le dijo palabrotas a niñas de sociedad, se inoculó la verruga, se paseaba con la barriga afuera, tatuada, y los "bluejeans" en la mano, por último estrelló tres autos de lujo ajenos.
Lo encontraron en la cárcel pero él no se había encontrado. .se metió en política. Se le multiplicaron los seres pero no encontró el suyo.
Un día, estrangulando un gato en la azotea, se cayó a la calle. "Pobrecito, decían en el entierro, ¿cómo no llegó nunca a encontrarse, no? Yo no sé qué le dio por buscarse…