
Rumania Gayubo/RFI
Entre las diversas conmemoraciones está previsto un cálido homenaje a las víctimas que dejó la revolución de diciembre de 1989. Según cifras oficiales (entre el 15 y el 25 de diciembre) murieron 1.104 personas y 3.352 resultaron heridas.
A principios de diciembre y cansados por la mano de hierro con que Nicolae Ceausescu dirigía el país (1965 a 1989), miles de personas salieron a las calles de la ciudad de Timisoara para protestar. El levantamiento popular fue encabezado por el pastor protestante Laszlo Tokes.
El 15 de diciembre, la policía política intentó expulsar a Tokes, de un templo de minoría húngara, y eso enardeció los ánimos. La protesta se intensificó. Dos días después, por órdenes de Ceausescu, el ejército disparó contra la muchedumbre. Timisoara se convirtió en ciudad mártir.
El 21 de diciembre las manifestaciones se habían extendido a varias ciudades, entre ellas Bucarest. El 22 de diciembre, decenas de personas fueron asesinadas en la capital. “Hubo muchos heridos y torturados por haber tenido la osadía de protestar”, dicen las familias de las víctimas. En total murieron 1.104 personas y 3.352 resultaron heridas.
Ceausescu intentó huir junto con su esposa Elena pero fueron detenidos y ejecutados en juicio sumario el 25 de diciembre
Durante el periodo de transición que siguió a la caída del régimen comunista, presidieron el país: Ion Iliescu, ex ministro de Ceausescu (1989-1992, 1992-1996 y 2000-2004) y Emil Constantinescu (democristiano 1996-2000). Basescu (centro-derecha) los sucedió en 2004 con un mandato de cinco años.
El país es desde diciembre de 1991 una república parlamentaria. Muchas cosas han cambiado pero poco en términos de justicia, según los familiares de las víctimas. Veinte años después de la revolución todavía no se ha procesado a los culpables. Fuente: RFI