Alan García no puede con su mal genio. Como la mala fama de su bancada en el Congreso va a repercutir en las elecciones de 2011, quiere implantar una reforma que permita purgar a los dos años y medio a la mitad de los legisladores elegidos en esos comicios.La otra mitad se quedaría los cinco años completos. El presidente amenaza con disolver al Congreso si éste no aprueba su capricho. Para lograr esa disolución, esperaría que los legisladores censuren o nieguen la confianza a dos gabinetes sucesivos.“Le garantizo al pueblo”, dice García, “que no me voy del gobierno sin que esto haya sido aprobado o por el Congreso o por un referéndum”.Olvida García que el artículo 206 de la Constitución establece: “Toda reforma constitucional debe ser aprobada por el Congreso con mayoría absoluta del número legal de sus miembros, y ratificada mediante referéndum”.Se requiere, pues, tanto la aprobación del Congreso como la de un referéndum. No una u otra alternativa como él plantea, sino las dos cosas, sucesivamente.Se puede omitir el referéndum, dice el mismo artículo constitucional, si la reforma ha sido aprobada en dos legislaturas ordinarias, con un porcentaje, en ambos casos, superior a los dos tercios de los votos congresales.Difícil es que el aprismo obtenga esos dos tercios.Depende mucho del texto que en este caso se apruebe. El propio dispositivo constitucional señala que la reforma no puede ser observada por el Presidente de la República, aunque no le guste. Hay, aparte de vallas constitucionales, la cuestión tiempo. En primer lugar, el proyecto de reforma planteado por el ministro de Justicia por orden de García tiene que ser examinado por la Comisión de Constitución del Congreso.Además, la Constitución indica, en su artículo 134, que el primer mandatario puede disolver el Congreso si éste ha censurado o negado su confianza a dos Consejos de Ministros; pero precisa que el decreto de disolución contiene “la convocatoria a elecciones para un nuevo Congreso”. Esta votación se realiza dentro de los cuatro meses de la fecha de disolución.Los pretextos para el apuro reformador van desde lo endeble hasta lo risible. García ha dicho, por ejemplo, que “mientras el pueblo no tenga derechos sobre el Parlamento, seguirá habiendo escándalos”.Pero en este campo, el rey del escándalo es él. Lo dicen Collique, Paita, TLC con Estados Unidos, y con Chile.Si de evitar escándalos se trata, habría que someter a referéndum la vacancia presidencial.José Vargas, portavoz de la bancada aprista, considera que el Congreso está tan desacreditado que conviene cercenarle una mitad. ¿Para que el Apra tenga una segunda oportunidad electoral después de su presumible catástrofe electoral en 2011?García quiere posibilitar curules para clones de Vargas. Fuente: La Primera