
Ceausescu fuga del palacio presidencial en un helicóptero. Pocas horas después será arrestado, juzgado sumariamente y ejecutado ©Wikipedia
Hace exactamente 20 años, el 25 de diciembre de 1989, caía de manera sangrienta una de las más implacables y cerradas dictaduras que haya conocido Europa en el siglo pasado, la encarnada por Nicolae Ceaucescu en Rumania. Tras Hungría, la República democrática alemana, Bulgaria y Checoslovaquia, Rumania busca también recobrar su libertad. Pero, contrariamente a sus vecinos de la Europa oriental, lo hace de manera sangrienta y en solo diez días, lapso de tiempo que separa las primeras manifestaciones violentamente reprimidas en la ciudad de Timisoara a la muerte de Nicolae y Elena Ceaucescu ante un pelotón de fusilamiento.
Los informativos de la época relatan el juicio sumario a que son sometidos, el 25 de diciembre, los Ceaucescu ante un tribunal autoproclamado. Un procedimiento expeditivo, cruel, inhumano, violento, a imagen y semejanza del régimen por ellos encarnado y que, en los días previos a su caída, costó la vida a más de mil personas que aspiraban a manifestar libremente. Un juicio de menos de una hora que concluye con el fusilamiento de quienes, durante más de dos décadas, habían gobernado el país con mano de hierro.
"Despierten humanos" fue el canto revolucionario que movilizó a todo un pueblo en aquellas jornadas, y que se convirtió en el himno nacional rumano.
Veinte años después, el dolor permanece, intacto, en el recuerdo de quienes vivieron en carne propia esas jornadas revolucionarias. Es el caso de Carmen Uncu, que desde entonces lleva el luto de su esposo Antón, uno de los héroes de la revolución. Su relato es un resumen de lo que era la vida bajo el régimen Ceaucescu.
Antón Uncu fue liberado tras la revolución de diciembre de 1989 y pudo reencontrarse con su labor periodística hasta su fallecimiento en 1998.
Como tantos otros rumanos, no salió indemne de su confrontación con la Securitate, la temida policía política del régimen. Veinte años después, la gran mayoría de los miembros de la Securitate, que permaneció fiel a Ceaucescu hasta el final, no han sido juzgados. Pero los archivos de la Securitate han sido abiertos al público, que puede descubrir lo que el régimen sabía de ellos y sobre todo quiénes les proporcionaban esas informaciones, a menudo inexactas. Muchos rumanos han descubierto, estupefactos, que amigos, vecinos, colegas e incluso miembros de su propia familia los denunciaron a la Securitate, a veces hasta su propia pareja o hijos. Es el caso de Cornelius, que hoy vive en París y que fue denunciado por su propia esposa.
Veinte años después de las manifestaciones que acabaron con el régimen Ceaucescu, una mujer que formaba parte de la Securitate y que desea conservar el anonimato, aceptó contar a RFI algunos de los métodos que utilizaba. La llamaremos Señora X.
Pese al apoyo de la Securitate, pese a la represión que oficialmente dejó en esos días un saldo de 1024 muertos, las manifestaciones que empiezan en diciembre de 1989 en Timisoara se extienden y soldados del ejército fraternizan rápidamente con los manifestantes. Cuando Nicolae Ceaucescu decide, el 21 de diciembre, organizar una de las habituales manifestaciones de apoyo para intentar demostrar que controla la situación, numerosos disidentes logran posicionarse entre la multitud. Ocho minutos después del comienzo de su discurso, transmitido en directo por televisión, se escuchan los primeros gritos: Timisoara. Ceaucescu, estupefacto, se interrumpe y su esposa Elena tiene que dictarle sus reacciones, mientras la televisión interrumpe la transmisión.
Fue un final patético para el dictador, que huye al día siguiente en helicóptero mientras que los manifestantes se apoderan de la sede de la radio y la televisión. Tras el aterrizaje, cerca de una granja, las versiones difieren. ¿Fueron detenidos por la policía y luego entregados al tribunal que habría de condenarlos? ¿Fueron víctimas de un complot entre parte de las fuerzas armadas, la CIA y el KGB, que deseaban deshacerse de ellos? Mientras la suerte de los Ceaucescu se juega a unos 50 kilómetros de Bucarest, el país vive horas confusas. Dan Ungureanu tenía 20 años y asistió a las primeras manifestaciones en Timisoara.
Fusilado tras un juicio expeditivo, junto a su esposa Elena, Nicolae Ceaucescu es hoy, 20 años más tarde, un capítulo de la historia rumana. Los rumanos se movilizaron poco en torno a este aniversario, como si expresaran así la desilusión ante la evolución del país que, pese a su ingreso en la Unión europea, no ha tenido la evolución que muchos esperaban. Petre Román, que fue primer ministro en los dos años que siguieron a la muerte del dictador, expuso a Hernán Rivera su balance agridulce de estas dos décadas de democracia.
"A veinte años de la revolución rumana", es un programa realizado gracias a las entrevistas de Eleonor Clovis y de Hernán Rivera, de RFI. Montaje, Philippe Rouhaud.
Fuente: RFI