
Akmal Shaikh, ejecutado en China, el martes 29 de diciembre de 2009. (Foto: AFP)
Sin miramientos, el gobierno chino ordenó este martes la ejecución ciudadano británico Akmal Shaikh, condenado a muerte por tráfico de droga. De nada sirvieron las suplicas la familia que pedía clemencia para el detenido.
Según la familia y gente que lo conoció, Akmal Shaikh padecía una enfermedad mental. Aparentemente fue engañado por una banda criminal que lo engañó para que introdujera en China una maleta con cuatro kilos de heroína.
Shaikh fue arrestado en el aeropuerto y puesto inmediatamente en prisión. Los hechos ocurrieron en 2007, en la ciudad de Urumqi, capital de la región noroccidental de Xinjiang. En esa misma región fue donde este martes se le dio hoy por inyección letal.
El primer ministro británico, Gordon Brown, había evocado en varias ocasiones el caso de Shaikh con su homologo chino e incluso había pedido una evaluación psicológica del reo.
Horas antes de la ejecución, la Corte Suprema china afirmó que no había recibido pruebas suficientes, que confirmaran que durante el arresto Shaikh tenía problemas mentales. Ese fue el tiro de gracia.
Desde el año pasado varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG), lanzaron una campaña en defensa de Saikh, entre ellas la ONG británica Reprieve, que milita contra la pena de muerte. Reprieve, afirma que los traficantes le tendieron una trampa, prometiéndole un contrato para grabar un disco. Reprieve había difundido, a través de Internet, una canción escrita por Shaikh, “Come Little Rabbit”. Pero todo esto, de nada sirvió.
Este martes, el gobierno británico manifestó su indignación, lo mismo que las ONG.
Shaikh es el primer europeo ejecutado en China desde hace medio siglo. El anterior fue un italiano, fusilado en 1951, por haber complotado contra Mao Zedong.Fuente: RFI