
La tarjeta de presentación en que se ha convertido la economía, sumada al carisma de Lula, han hecho que Brasil sea hoy un país a tener en cuenta en las decisiones internacionales.
No en vano el gobernante brasileño sumó, tras su participación en la Cumbre Mundial del Cambio Climático, en Copenhague, 87 días en el exterior, su mayor tiempo fuera del país desde que asumió el poder el 1 de enero de 2003.
En total, Lula visitó 31 países, algunos en más de una ocasión como Argentina, Estados Unidos, Dinamarca, Francia e Italia, y en la agenda de 2010 ya está reservada su presencia en la clausura del Mundial de Fútbol en Sudáfrica.
Pese a las lagunas en materia de pobreza y combate a la corrupción, la gestión del Gobierno se tradujo en conquistas personales del mandatario, como la adjudicación a Río de Janeiro de los Juegos Olímpicos de 2016, que junto al Mundial de Fútbol de 2014 siempre fueron un sueño de Lula.
Los elogios para el jefe de Estado brasileño llegaron de sus colegas, como el estadounidense Barack Obama, quien dijo Lula "es el tipo" para tener en cuenta en el concierto internacional.
El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, defendió la elección del mandatario brasileño como personaje iberoamericano del año del diario El País, por ser un "un hombre cabal y tenaz", por el que siente una "profunda admiración".
"A mí no me extraña nada que este hombre asombre al mundo", subrayó Rodríguez Zapatero, mientras que el gobernante venezolano. Hugo Chávez, expresó en uno de sus discursos que "Brasil ya no es un subimperio hasta que llegó Lula".
Por primera vez en sus 65 años de historia, el periódico francés Le Monde decidió elegir una "personalidad del año" y el reconocimiento recayó en Lula por "su singular recorrido, de antiguo sindicalista hasta el éxito a la cabeza de un país tan complejo como Brasil".
El rotativo británico Financial Times escogió también a Lula entre las cincuenta personalidades de la década, mientras que, según la firma Interconsult, el dirigente brasileño fue el segundo personaje más admirado este año por los uruguayos, detrás de Obama.
Pese a que no ha logrado concretar la aspiración brasileña de tener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, dijo que era "sincero" cuando manifestó que ese organismo "necesitaba de la presencia de Lula".
La figura de Lula se ha proyectado en las últimas semanas hasta el conflicto de Oriente Medio, donde emerge como potencial mediador después de recibir en noviembre a los jefes de Estado de Israel, Simón Peres, e Irán, Mahmud Ahmadineyad.
Una película sobre su historia, con gran éxito en el preestreno y que comenzará a ser exhibida el próximo viernes, consolida aún más la imagen del gobernante de cara a su último año de mandato.
A pesar de gozar de un carisma que puede convertirlo en candidato para asumir la dirección de algún organismo multilateral, según opinan analistas internacionales, Lula no pudo cerrar este año libre de críticas.
Greenpeace de Brasil fustigó el doble discurso de Lula en materia medioambiental, al considerar que hay una contradicción entre las políticas internas y lo que dice en foros internacionales.
El Gobierno anunció ayer su intención de introducir tres vetos a la nueva Política Nacional de Cambio Climático, que -según la organización ecologista- convertirán el proyecto en una ley "cuyo cumplimiento es voluntario".
En una columna publicada por el diario Perfil de Argentina, el periodista uruguayo Danilo Arbilla, ex presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), también arremetió contra Lula por la ley que promueve "para regular, fiscalizar y vigilar a los periodistas y los medios de comunicación".
Con su proyecto de ley sobre los medios, el gobernante brasileño "impulsará la 'democratización de la información y de los medios de comunicación', que es la carátula que el progresismo vernáculo utiliza para denominar a sus intentos de amordazar a la prensa", aseveró.
Fuente: yahoo.es