El 2009 fue un año sin mayores novedades, salvo el comentadísimo premio de La teta asustada. La cartelera comercial limeña siguió la costumbre de privilegiar lo que viene de Hollywood. Lo que tuvo de interesante, al menos, fue esto:
12:08, al este de Bucarest, de Corneliu Porumboiu. Recuento de un hecho histórico –la huida del dictador Ceaucescu que precipitó la caída del régimen comunista en Rumanía– desde un precario set de televisión. Película política con matices tragicómicos. ¿Cómo no se nos ocurrió a nosotros?
El matrimonio de Lorna, de los hermanos Dardenne. Ante la posibilidad de ser cómplice de un acto criminal, surge el dilema moral. El cine al servicio de la problemática social de los menos favorecidos de Europa.
Sector 9 , del sudafricano Neill Blomkamp. Ciencia ficción, drama, comedia negra, acción, algo de thriller. Falso documental dentro de la ficción que apunta al entretenimiento en la multisala, con una mirada al apartheid.
Bastardos sin gloria , de Quentin Tarantino. El director decidió “jugar’ con nosotros con una farsa desbocada en donde hasta la violencia es caricaturizada. Homenaje al cine y a sí mismo. Egocentrismo.
La felicidad trae suerte , del británico Mike Leigh. Comedia costumbrista basada en la filosofía del “todo está bien’, una elección riesgosa anti-cinismo.
Unas vacaciones diferentes, de Martin McDonagh. La sorpresa del año: se entremezclan drama, suspenso, romanticismo y comedia, de donde se desprende un humor certeramente absurdo, para llevar a los protagonistas –un par de sicarios– a la aventura física y a la desesperación existencial.
Juegos macabros, del austríaco Michael Haneke. Filme clon del original de 1997. Crítica compleja al artificio que la industria del entretenimiento ha elaborado sobre la violencia, devenida en un producto comercial y estético que satura las pantallas de cine y televisión.
Enemigos públicos , de Michael Mann. Las peripecias de John Dillinger sin la afectación del retrato de época. Mirada al pasado con coincidencias en el presente.
Gran Torino , de Clint Eastwood. Escalada de tensiones sociales en los Estados Unidos vista con la fluidez del relato clásico muy a lo Eastwood. La cinta es una lección para aquellos que quieren filmar basándose en el canon.
Vicky Cristina Barcelona , de Woody Allen. Divertimento y personajes estereotipo. El amor y el odio con menos solemnidad. Allen ya no es tan atrevido, pero se ha depurado en la narración clásica.
MADE IN PERU. El 2009 no fue un año brillante para el cine local. Hubo oportunistas que mamaron más de la cuenta de La teta asustada, por el Oso de Oro en la Berlinale, para gritar que el cine peruano era casi la octava maravilla del mundo. Pero se estrellaron con la realidad cuando llegaron los estrenos de Motor y motivo, El delfín, Tarata, El premio, Máncora –de capitales españoles– y Cu4tro.
Lo más interesante estuvo en manos de cineastas que trabajaron sus proyectos con dinero propio, como Rafael Arévalo ( Alienados y, para el próximo año, Objetos), Eduardo Quispe (autor de Uno y Dos) y Fernando Montenegro ( Encierro ). Otros aún siguen produciendo cortos, como Gisella Barthé, Jonathan Relayze y Juan Daniel Fernández: buscan construir un cine propio sin ataduras con ese costumbrismo anodino que caracteriza a los estrenos comerciales.
Si este grupo consigue rodar y proyectar en el 2010, algo se removerá en los cimientos de una cinematografía que necesita un recambio, sobre todo de pensamiento e ideología. El cine peruano no está bien, y algunos se empeñan en no entenderlo.
Fuente: Peru21