
La unidad que exhiba uno de los nombres ms gloriosos: Tarapac fue la que avanz ms aprisa y rompi los fuegos cuando al alcanzar las avanzadas del Santiago cerca del cuello Marcavalle, escuch: Alto:...! Quin vive?; una certera rfaga de fusilera que cay sobre los alarmados chilenos fue la respuesta. La sorpresa fue completa. Al escuchar esta primera rfaga, y como estaba convenido, la artillera, emplazada en las alturas del cerro Curacn, comenz a moler las posiciones enemigas; segn el coronel Morales Toledo, subjefe del Estado Mayor General del Ejrcito, el primer caonazo fue disparado por el propio general Cceres; mientras los otros agrupamientos avanzaban incontenibles buscando desbordar los flancos de los defensores. La columna Voluntarios de Izcuchaca, pas por las alturas situadas entre Pucar y Zapallanga. Los bravos del Tarapac, al mando de su primer jefe, coronel Manuel Cceres, se empearon a fondo trabndose en violento combate. Durante su avance demoledor barrieron con los puestos avanzados, y cuando estaban a punto de completar el cerco, los santiaguinos emprendieron precipitada fuga a Pucar, que se encuentra a 5 kms., dejando Marcavalle en poder de los atacantes, con sus muertos y heridos regados en el campo, entre los que se encontraban el teniente Jos del Carmen Retamal y el subteniente Elas Garay. El enemigo abandon sus posiciones slo a los quince minutos de iniciado el combate. Perseguido por las compaas del Tarapac, los chilenos con envidiable velocidad y resistencia alcanzaron Pucar, en busca de proteccin de las compaas que permanecan en ese lugar, al mando del capitn Pedro Pablo Toledo; all trataron de ofrecer alguna resistencia con la ayuda de stas y de un pelotn del Yungay, que, llamado urgentemente, haba concurrido apresuradamente desde Zapallanga al mando del mayor Domingo Castillo; pronto la avalancha barri con todos, cuando las fuerzas recin llegadas ocupaban posiciones. La columna Izcuchaca al mando del coronel Calvez y los guerrilleros de Domingo Cabrera, rodeaban a gran parte de los chilenos, amenazando cortar la retirada al resto, mientras las fuerzas del coronel Secada los presionaba fuertemente; entonces, sin pensarlo dos veces, los chilenos dejaron apresuradamente sus puestos de combate y fugaron masivamente a Zapallanga. Fue tal el pnico que "olvidaron" todo, hasta los caballos que podan haberles ayudado a fugar. Las bajas peruanas fueron insignificantes; "slo hemos tenido un muerto y tres heridos en Marcavalle" afirma el general Cceres. En cuanto a las acciones sobre Pucar, el parte de combate dice:
"al mismo tiempo los guerrilleros al mando del coronel Cabrera y la columna Izcuchaca del coronel Glvez, con una celeridad increble no slo haban cortado la retirada de la guarnicin de Marcavalle, que pereci toda, no slo haban destrozado la guarnicin de Pucar y haban ocupado la poblacin, sino que pasando por el ro sostenan un recio combate en Zapallanga".
El coronel Morales Toledo, actuante, al referirse al desastre chileno en Marcavalle y Pucar, manifiesta:
"Fue tal el empuje de nuestros soldados que sucumbieron los 150 hombres de Marcavalle, los refuerzos de Pucar y los mismos que concurrieron desde Zapallanga. Puede asegurarse como cosa evidente que el batalln Santiago, es decir el primer batalln del ejrcito chileno, fue completamente destrozado, habiendo muerto en la palestra su primer jefe, un capitn, varios oficiales y 150 soldados.
Daba horror ver el camino de Marcavalle a Pucar. Los cadveres que sembraban el espacio de una legua, desnudos y lanceados por nuestros indios, ofrecan un espectculo espantoso, slo visto en la Divina Comedia".
En Marcavalle y Pucar el enemigo pudo ofrecer una tenaz resistencia, amparado en el enorme podero de sus armas y abundantes municiones, y tambin en la magnifica posicin estratgica que ocupaba. Recordemos que escasos meses atrs el general Cceres se haba enfrentado a toda la poderosa fuerza chilena en el mismo lugar con slo dos compaas mal armadas y su escolta, habindoles infligido una vergonzosa derrota. En Pucar el general detuvo sus fuerzas para darle algn descanso y alimentacin, as como para recoger y redistribuir el armamento y municiones capturados al enemigo, enterrar a los muertos, ordenando que se les diera sepultura especial con los honores correspondientes, a un jefe y cinco oficiales chilenos. Las prdidas chilenas pasaron de 200; dejaron en poder de los atacantes 200 fusiles, buen nmero de pistolas, municiones, la caja del Lautaro, una bandera, el archivo del cuerpo, el rancho, caballos, vestuario, vveres y otros despojos de guerra. Poco despus crecieron las bajas chilenas, entre muertos y heridos, a 300, ms gran nmero de desertores. La columna Izcuchaca y otras guerrillas, fueron las encargadas de conservar el contacto y perseguirlos hasta Zapallanga. A las 4 p.m. alcanzaron este lugar y comenzaron a cercarlo; en este momento lleg el grueso de las fuerzas de Huancayo, con los batallones Lautaro, Chacabuco y carabineros de Yungay al mando del propio del Canto; ste intent una carga por los flancos con la caballera, pero pronto fue contenido y rechazado, causndole severas bajas, una vez ms intent realizar un contraataque con los batallones, pero fue definitivamente rechazado huyendo a Huancayo. Mientras tanto los guerrilleros de la regin seguan llegando a reforzar a los atacantes; el dato de la iniciacin de la contraofensiva que haba volado por todo el alertado valle, puso en accin a las guerrillas de la zona; as concurrieron a Pucar los guerrilleros de Chupaca, los de Sicaya a rdenes del coronel Domingo Lindo, y los de los pueblos aledaos; acudieron tambin a Concepcin dos guerrillas de Chupaca, una a rdenes de Jos Cuevas y otra al mando de Flix Salvatierra; de Sicaya a rdenes del guerrillero Carlos Ramos; de Orcotuna, Mito, Sincos, San Jernimo; los sicanos alcanzaron el campo de batalla de Pucar, en el preciso momento en que lanzaban los contraataques los batallones chilenos. En mrito al brillante comportamiento de los sicanos y al de su jefe durante la accin, el Congreso de la Repblica otorg a Lindo la medalla de oro que estableci por la ley No 232, para los vencedores de la batallas de Marcavalle, Pucar y Concepcin en 1906. A Lindo se le entregaron el 3 de enero de 1907.
Entretanto, mientras se alejaban derrotados, los jefes chilenos comentaban, a decir de Luis Alayza, "que de haber comandado Cceres las batallas de San Juan y Miraflores, no habran entrado a Lima".
Seal de Alerta
Por Herbert Mujica Rojas
9 de julio de 2007