
DILOGO SPTIMO
Maquiavelo
Aqu podemos detenernos.
Montesquieu
Os escucho.
Maquiavelo
Debo deciros ante todo que estis profundamente equivocado con respecto a la aplicacin de mis principios. El despotismo aparece siempre a vuestros ojos con el ropaje caduco del monarquismo oriental; yo no lo entiendo as; con sociedades nuevas, es preciso emplear procedimientos nuevos. No se trata hoy en da, para gobernar, de cometer violentas iniquidades, de decapitar a los enemigos, de despojar de sus bienes a nuestros sbditos, de prodigar los suplicios; no, la muerte, el saqueo y los tormentos fsicos slo pueden desempear un papel bastante secundario en la poltica interior de los Estados modernos.
Montesquieu
Es una inmensa suerte.
Maquiavelo
Os confieso, sin duda, que muy poca admiracin me inspiran vuestras civilizaciones de cilindros y tuberas; sin embargo, marcho, podis creerlo, al ritmo del siglo; el vigor de las doctrinas asociadas a mi nombre estriba en que se acomodan a todos los tiempos y a las situaciones ms diversas. En nuestros das Maquiavelo tiene nietos que conocen el valor de sus enseanzas. Se me cree decrpito, y sin embargo rejuvenezco da a da sobre la tierra.
Montesquieu
Os burlis de vos mismo?
Maquiavelo
Si me escuchis, podris juzgar. En nuestros tiempos se trata no tanto de violentar a los hombres como de desarmarlos, menos de combatir sus pasiones polticas que de borrarlas, menos de combatir sus instintos que de burlarlos, no simplemente de proscribir sus ideas sino de trastocarlas, apropindose de ellas.
Montesquieu
Y de qu manera? No entiendo este lenguaje.
Maquiavelo
Permitidme; esta es la parte moral de la poltica; pronto llegaremos a las aplicaciones prcticas. El secreto principal del gobierno consiste en debilitar el espritu pblico, hasta el punto de desinteresarlo por completo de las ideas y los principios con lo que hoy se hacen las revoluciones. En todos los tiempos, los pueblos al igual que los hombres se han contentado con palabras. Casi invariablemente les basta con las apariencias; no piden nada ms. Es posible entonces crear instituciones ficticias que responden a un lenguaje y a ideas igualmente ficticios; es imprescindible tener el talento necesario para arrebatar a los partidos esa fraseologa liberal con que se arman para combatir al gobierno. Es preciso saturar de ella a los pueblos hasta el cansancio, hasta el hartazgo. Se suele hablar hoy en da del poder de la opinin; yo os demostrar que, cuando se conocen los resortes ocultos del poder, resulta fcil hacerle expresar lo que uno desea. Empero, antes de soar siquiera en dirigirla, es preciso aturdirla, sumirla en la incertidumbre mediante asombrosas contradicciones, obrar en ella incesantes distorsiones, desconcertarla mediante toda suerte de movimientos diversos, extraviarla insensiblemente en sus propias vas. Uno de los grandes secretos del momento consiste en saber aduearse de los prejuicios y pasiones populares a fin de provocar una confusin que haga imposible todo entendimiento entre gentes que hablan la misma lengua y tienen los mismos intereses.
Montesquieu
Cul es el sentido de estas palabras cuya oscuridad tiene un no s qu de siniestro?
Maquiavelo
Si el sabio Montesquieu desea reemplazar la poltica por los sentimientos, acaso debiera detenerme aqu; yo no pretenda situarme en el terreno de la moral. Me habis desafiado a detener el movimiento en vuestras sociedades atormentadas sin cesar por el espritu de la anarqua y la rebelin. Me permitiris que os diga cmo resolvera el problema? Podis poner a salvo vuestros escrpulos aceptando esta tesis como una cuestin de pura curiosidad.
Montesquieu
Sea.
Maquiavelo
Concibo asimismo que me pidis indicaciones ms precisas; ya llegar a ellas; mas permitidme que os diga ante todo en qu condiciones esenciales puede hoy el prncipe consolidar su poder. Deber en primer trmino dedicarse a destruir los partidos, a disolver, dondequiera existan, las fuerzas colectivas, a paralizar en todas sus manifestaciones la iniciativa individual; a continuacin, el nivel mismo de temple decaer espontneamente, y todos los brazos, as debilitados, cedern a la servidumbre. El poder absoluto no ser entonces un accidente, se habr convertido en una necesidad. Estos preceptos polticos no son enteramente nuevos, mas, como os lo deca, son los procedimientos y no los preceptos los que deben serlo. Mediante simples reglamentaciones policiales y administrativas es posible lograr, en gran parte, tales resultados. En vuestras sociedades tan esplndidas, tan maravillosamente ordenadas, habis instalado, en vez de monarcas absolutos, un monstruo que llamis Estado, nuevo Briareo cuyos brazos se extienden por doquier, organismo colosal de tirana a cuya sombra siempre renacer el despotismo. Pues bien, bajo la invocacin del Estado, nada ser ms fcil que consumar la obra oculta de que os hablaba hace un instante, y los medios de accin ms poderosos quiz los que, merced a nuestro talento, tomaremos en prstamo de ese mismo rgimen industrial que tanto admiris.
Con la sola ayuda del poder encargado de dictar los reglamentos instituira, por ejemplo, inmensos monopolios financieros, depsitos de la riqueza pblica, de los cuales tan estrechamente dependeran todas las fortunas privadas que estas seran absorbidas junto con el crdito del Estado al da siguiente de cualquier catstrofe poltica. Vos sois un economista, Montesquieu, sopesad el valor de esta combinacin.
Una vez jefe de gobierno, todos mis edictos, todas mis ordenanzas tendran constantemente el mismo fin: aniquilar las fuerzas colectivas e individuales, desarrollar en forma desmesurada la preponderancia del Estado, convertir al soberano en protector, promotor y remunerador.
He aqu otra combinacin tambin pedida en prstamo del orden industrial: en los tiempos que corren, la aristocracia, en cuanto fuerza poltica, ha desaparecido; pero la burguesa territorial sigue siendo un peligroso elemento de resistencia para los gobiernos, porque es en s misma independiente; puede que sea necesario empobrecerla o hasta arruinarla por completo. Bastar, para ello, aumentar los gravmenes que pesan sobre la propiedad rural, mantener la agricultura en condiciones de relativa inferioridad, favorecer a ultranza el comercio y la industria, pero sobre todo la especulacin; porque una excesiva prosperidad de la industria puede a su vez convertirse en un peligro, al crear un nmero demasiado grande de fortunas independientes.
Se reaccionar provechosamente contra los grandes industriales, contra los fabricantes, mediante la incitacin a un lujo desmedido, mediante la elevacin del nivel de los salarios, mediante ataques a fondo hbilmente conducidos contra las fuentes mismas de produccin. No es preciso que desarrolle estas ideas hasta sus ltimas consecuencias, s que percibs a las mil maravillas en qu circunstancias y con qu pretextos puede realizarse todo esto. El inters del pueblo, y hasta una suerte de celo por la libertad, por los elevados principios econmicos, cubrirn fcilmente, si se quiere, el verdadero fin. Huelga decir que el mantenimiento permanente de un ejrcito formidable, adiestrado sin cesar por medio de guerras exteriores, debe constituir el complemento indispensable de este sistema; es preciso lograr que en el Estado no haya ms que proletarios, algunos millonarios, y soldados.
Montesquieu
Continuad.
Maquiavelo
Esto, en cuanto a la poltica interior del Estado. En materia de poltica exterior, es preciso estimular, de uno a otro confn de Europa, el fermento revolucionario que en el pas se reprime. Resultan de ello dos ventajas considerables: la agitacin liberal en el extranjero disimula la opresin en el interior. Adems, por ese medio, se obtiene el respeto de todas las potencias, en cuyos territorios es posible crear a voluntad el orden o el desorden. El golpe maestro consiste en embrollar por medio de intrigas palaciegas todos los hilos de la poltica europea a fin de utilizar una a una a todas las potencias. No os imaginis que esta duplicidad, bien manejada, pueda volverse en detrimento de un soberano. Alejandro VI, en sus negociaciones diplomticas, nunca hizo otra cosa que engaar; sin embargo, siempre logr sus propsitos, a tal punto conoca la ciencia de la astucia. 1 Empero en lo que hoy llamis el lenguaje oficial, es preciso un contraste violento, ningn espritu de lealtad y conciliacin que se afectase resultara excesivo; los pueblos que no ven sino la apariencia de las cosas darn fama de sabidura al soberano que as sepa conducirse.
A cualquier agitacin interna debe poder responder con una guerra exterior; a toda revolucin inminente, con una guerra general; no obstante, como en poltica las palabras no deben nunca estar de acuerdo con los actos, es imprescindible que, en estas diversas coyunturas, el prncipe sea lo suficientemente hbil para disfrazar sus verdaderos designios con el ropaje de designios contrarios; debe crear en todo momento la impresin de ceder a las presiones de la opinin cuando en realidad ejecuta lo que secretamente ha preparado de su propia mano.
Para resumir en una palabra todo el sistema, la revolucin, en el Estado, se ve contenida, por un lado, por el terror a la anarqua, por el otro, por la bancarrota, y, en ltima instancia, por la guerra general.
Habris advertido ya, por las rpidas indicaciones que acabo de daros, el importante papel que el arte de la palabra est llamado a desempear en la poltica moderna. Lejos estoy, como veris, de desdear la prensa, y si fuera preciso no dejara de utilizar asimismo la tribuna; lo esencial es emplear contra vuestros adversarios todas las armas que ellos podran emplear contra vos. No contento con apoyarme en la fuerza violenta de la democracia, deseara adoptar, de las sutilezas del derecho, los recursos ms sabios. Cuando uno toma decisiones que pueden parecer injustas o temerarias, es imprescindible saber enunciarlas en los trminos ms convenientes, sustentarlas con las ms elevadas razones de la moral y del derecho.
El poder con que yo sueo, lejos como veis, de tener costumbres brbaras, debe atraer a su seno todas las fuerzas y todos los talentos de la civilizacin en que vive. Deber rodearse de publicistas, abogados, jurisconsultos, de hombres expertos en tareas administrativas, de gentes que conozcan a fondo todos los secretos, todos los resortes de la vida social, que hablen todas las lenguas, que hayan estudiado al hombre en todos los mbitos. Es preciso conseguirlos por cualquier medio, ir a buscarlos donde sea, pues estas gentes prestan, por los procedimientos ingeniosos que aplican a la poltica, servicios extraordinarios. Y junto con esto, todo un mundo de economistas, banqueros, industriales, capitalistas, hombres con proyectos, hombres con millones, pues en el fondo todo se resolver en una cuestin de cifras.
En cuanto a las ms altas dignidades, a los principales desmembramientos del poder, es necesario hallar la manera de conferirlos a hombres cuyos antecedentes y cuyo carcter abran un abismo entre ellos y los otros hombres; hombres que slo pueden esperar la muerte o el exilio en caso de cambio de gobierno y se vean en la necesidad de defender hasta el postrer suspiro todo cuanto es.
Suponed por un instante que tengo a mi disposicin los diferentes recursos morales y materiales que acabo de indicaros; dadme ahora una nacin cualquiera. Odme bien! En El Espritu de las leyes 2 consideris como un punto capital no cambiar el carcter de una nacin cuando se quiere conservar su vigor original. Pues bien, no os pedira ni siquiera veinte aos para transformar de la manera ms completa el ms indmito de los caracteres europeos y para volverlo tan dcil a la tirana como el ms pequeo de los pueblos de Asia.
Montesquieu
Acabis de agregar, sin proponroslo, un captulo a vuestro Tratado del Prncipe. Sean cuales fueren vuestras doctrinas, no las discuto; tan solo hago una observacin. Es evidente que de ningn modo habis cumplido con el compromiso que habis asumido; el empleo de todos estos medios supone la existencia del poder absoluto, y yo os he preguntado precisamente cmo podras establecerlo en sociedades polticas que descansan sobre instituciones liberales.
Maquiavelo
Vuestra observacin es perfectamente justa y no pretendo eludirla. Este comienzo era apenas un prefacio.
Montesquieu
Os pongo, pues, en presencia de un Estado, monarqua o repblica, fundado sobre instituciones representativas; os hablo de una nacin familiarizada desde hace mucho tiempo con la libertad; y os pregunto cmo, partiendo de all, podris retornar al poder absoluto.
Maquiavelo
Nada ms fcil.
Montesquieu
Veamos.
1) Tratado del Prncipe, captulo XVII.
2) El espritu de las leyes, libro XIX, cap. V.
Ver: http://www.voltairenet.org/article160934.html
Los libros, mis amigos
Por Herbert Mujica Rojas
9 de julio de 2009