
Jesús Guzmán Gallardo, el autor de estas líneas
Han transcurrido 30 años del fallecimiento del c. jefe y fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre, y el balance es desalentador en cuanto se refiere a la conducción del Partido del Pueblo. Durante todos estos años, quienes han detentado su manejo no son sino responsables del saldo negativo que se traduce en una mera repetición de lo que han hecho otros partidos a lo largo de nuestra vida republicana, vale decir que su accionar está plagado de infraternidades, ambiciones desmedidas, concupiscencia, traiciones y, sobre todo, un apartamiento definitivo de los valores y principios de la ideología aprista.
Algunos se jalarán los cabellos, se rasgarán las vestiduras con vehemencia hipócrita y de seguro recurrirán a medidas autócratas, pero, pertenezco a una promoción de apristas que nos formamos al amparo de la docencia de Haya de la Torre, que tuvimos maestros en la lucha y en la entrega por un ideal y por lo tanto sólo le tengo miedo a Dios y no a los seres humanos por más encumbrados que éstos sean.
Recordar a Víctor Raúl, en función de la gratitud y la lealtad, es también recordar a quienes lo siguieron con un desprendimiento ejemplar y que llegaron, inclusive, a entregar su pertenencia más preciada que fue su propia vida. Es el caso de Manuel Cerna Valdivia, Celso Albinagorta, Luis Negreiros Vega, Manuel Barreto, Alfredo Tello Salavarría, Manuel Arévalo, José García Zegarra, entre muchos héroes y mártires.
Cómo olvidar cuando en plena dictadura de Velasco Alvarado, el jefe del partido recibió la amenaza velada de parte de quienes integraban SINAMOS, el brazo político de la tiranía y en la que se encontraban traidores a nuestra organización con buenos sueldos, que no lo dejarían entrar al local del partido en el Callao para dictar sus coloquios y que atentarían contra su vida y la de aquellos que se atrevieran a ir. La cita era en Colón 280 y en aquel entonces no eran muchos los que asistían a los locales del partido, aun así Víctor Raúl me comunicó, que a pesar de todo, él acudiría, imbuido como siempre de su valor característico, y que deseaba que un grupo de jóvenes apristas dispuestos a todo lo acompañaran. Contagiados de su coraje de luchador auténtico, un centenar de muchachos nos dirigimos al Callao una hora antes de iniciarse el evento y allí nos dieron el encuentro otro numeroso grupo de jóvenes apristas chalacos con quienes rodeamos, desde la avenida hasta el Aula Magna, a los matones que habían sido enviados con tan ruin finalidad. La decisión juvenil neutralizó y expulsó a los esbirros de la dictadura y Haya de la Torre dictó su magistral coloquio ante la valiente presencia de hombres y mujeres del partido que abarrotaban el local a despecho de las amenazas. El Callao aprista, una vez más, fue protagonista de una hermosa lección de lo que es consecuencia, lealtad, y firmeza en épocas difíciles.
El contraste salta a la vista cuando hoy se da cabida a quienes fueron desleales, oportunistas y traidores que después de saborear la apostasía se infiltran en nuestro seno, amparándose en la mala memoria de quienes se convierten en sus cómplices y en la ignorancia de quienes no conocen de la historia y doctrina de nuestro movimiento. Estos son los que auspician a políticos como el actual presidente regional que proviene de las canteras corruptas del fujimorismo, me refiero al delicado Alex Kouri conocido por sus negociados y alianza con el hampa del Callao; de Garrido Lecca, que sólo ayer pedía la expulsión del partido de Alan García, y fue su ministro en dos carteras en las cuales no demostró otra cosa que su ineptitud y su afán desmedido por los lobbies; de Yehude Simons que de revolucionario de salón terminó llorando por su libertad ante el sátrapa Fujimori y luego fuera ungido como presidente del consejo de ministros del gobierno aprista para luego ser responsable de la matanza del 5 de Junio; de Aurelio Pastor, actual ministro de Justicia que debe responder ante ella por asesinatos de apristas en San Martín, y que fuera asesor del fujimorismo luego de renunciar al partido y que no tiene otro mérito que el de integrar el bufete de Jorge del Castillo (comprometido con los petroaudios) pero que ahora en su febril neoliberalismo pretende privatizar las cárceles del país; de Rafael Rey, raro personaje de las filas del Opus Dei que fue nombrado ministro de la Producción para sostener los intereses de la plutocracia pesquera y que junto con el otrora ministro de Defensa Flores Aráoz suscribieron en 1991 la acusación constitucional contra Alan García, ambos de las filas de Unidad Nacional partido de derecha que extraña al fujimorismo, y como si fuera poco este personaje es premiado con la embajada del Perú en Italia y luego traído para ser ministro de Defensa; de Martín Pérez, miembro también de Unidad Nacional, nombrado ministro por su facilidad de cambiar de camiseta política; del ministro Allison conocido camaleón político y experto adulón que entre sus grandes obras figura haber construido un anfiteatro en 1?200,000 dólares cuando en realidad costaba a lo sumo 60,000 dólares; de Octavio Salazar, débil general, responsable del moqueguazo pero amigo del entorno palaciego.;de Velásquez Quesquén de oscura e inepta trayectoria pero dispuesto a reprimir las protestas sociales en nombre del "orden y la inclusión"; en fin y como suelen decir los comunicados siguen nombres. El común denominador entre todos ellos es la obsecuencia y la adulonería, como en los viejos tiempos de la colonia, prestos a defender los intereses de los más ricos.
En consecuencia, el gobierno actual no es aprista. Lo sostengo categóricamente no sólo porque no están comprometidos los verdaderos cuadros apristas, sino también porque nuestra doctrina no roza en lo más mínimo con la "doctrina del perro del hortelano" y porque los intereses del frente único de trabajadores manuales e intelectuales no están representados y menos defendidos. Una prueba palpable es el afán antipatriótico de entregar nuestros puertos al capital chileno en subastas que huelen a negociado como ya sucedió en otros puertos como el de Paita y ahora están tras de la presa mas importante que es la de enajenar el puerto del Callao, siguiendo la política entreguista de Fujimori y Toledo privatizando ENAPU y destruyendo a su combativo sindicato. Mientras Chile tiene una geopolítica definida desde los tiempos del presidente Portales que recurre a un armamentismo desmesurado para sostener su penetración económica en nuestro país, aquí el gobierno se dedica a firmar TLCs unilateralmente y en forma asimétrica debilitando nuestra economía, permitiendo que países como el mencionado controlen, sin limitaciones por parte del estado peruano, nuestra actividad financiera y comercial con la complicidad de empresas nacionales que fungen de alcahuetes.
A todo esto los compañeros se preguntan: ¿se extinguieron los apristas?, ¿ya no quedan apristas que sostengan las ideas de Haya del Torre y por las cuales murieron tantos con la esperanza de su realización? Ante la desviación o ignorancia ideológica ¿qué responde el Secretario General ilegítimo (hace tres años que terminó su mandato) Maurice Claude Mulder? ¿o es que alguien dirige el partido en su nombre, y sólo tiene tiempo para manipular padrones y elecciones fraudulentas?
A esta altura el lector avisado debe haberse dado cuenta de la razón del título de este articulo que pretende llamar a la reflexión y a la combatividad de los apristas que no están dispuestos a permitir que corruptos e irresponsables sigan destrozando el partido de Haya de la Torre y apelen a la máxima de Manuel González Prada: "Ya no es posible callar, rompamos el pacto infame de hablar a media voz".
Al cumplirse 30 años de la desaparición de Víctor Raúl Haya de la Torre, nuestro mejor homenaje será renovar el viejo juramento que le hiciéramos en vida y que es la de defender la vigencia de la doctrina de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, creada por él, aun a costa de nuestras propias vidas por más oscuro que esté el horizonte de lucha que nos espera.
Por Jesús Guzmán Gallardo
jeguzga@hotmail.com
25 de julio de 2009