
Por Alejandro Sánchez-Aizcorbe y Marcela Valencia TsuchiyaEn cuanto al guerrillerismo y su represión en América Latina, esa saga interminable de horrores, nos permitimos citar una oración demasiado conocida como para no impugnarla otra vez:La sangre del pueblo es nuestro tesoro más sagrado, pero hay que derramarla para ahorrar más sangre en el futuro.¿Quién ha de derramarla? ¿Ellos? ¿Ellos deciden cuándo el pueblo entregará la vida no en su nombre sino en el de ellos y su santoral, incluido Stalin? ¿Han decidido ellos derramar la sangre de otros enfrentándose a los ejércitos más poderosos de la historia, sin ninguna perspectiva de triunfo, o con una guerra eterna como la de Colombia, sustentada en el consumo de drogas norteamericano y europeo? Si hubiera alguna perspectiva de triunfo, ¿segurían las FARC en la edad de la jungla, secuestrando y cobrando cupos al narcotráfico porque militarmente no pueden liberar a sus prisioneros, ni evitar el reino de la moto sierra? ¿No es acaso corresponsabilidad de las FARC y del gobierno la sangre derramada en Colombia? Aquel que guerrea y no puede ganar, ¿es corresponsable de las consecuencias?No existe el ángel inimputable sin sexo que baila descalzo sobre la punta de una aguja. Aquel que para sobrevivir depende de los cupos cobrados al narcotráfico es parte del problema y no de la solución; es parte del narcotráfico y de la guerra absurda que lleva a cabo el gobierno de Estados Unidos contra el consumo de sus gobernados y la producción en nuestros países, mientras los carteles acrecientan su poder, asesinan o corrompen a quien se les oponga, y ni la producción ni el consumo de drogas disminuyen sensiblemente.De mafias, carteles, corrupción, buenas intenciones y cadáveres están empedradas las zonas del planeta que han sucumbido al narcotráfico; y quizá el pensamiento de quienes, sin consultarle, se arrogan el nombre del pueblo. Nosotros también somos el pueblo. Y lo es la hija que nos sigue. Y queremos ser, hasta donde se pueda, dueños de nuestra propia sangre.Minneapolis, 4 de agosto de 2008