
¿Hasta cuándo huérfanos de sistema defensivo?por Gustavo Ywanaga Reh; gywanaga@gmail.com21-11-2009 La noticia de espionaje fue un baldazo de agua fría para muchos políticos y periodistas nacionales, creyentes febriles de la “bonita” vecindad con nuestro vecino del sur. Se advirtió en diferentes medios a través de reportajes, artículos de análisis e investigación el tema de las asimetrías con Chile. Se advirtieron las asimetrías en defensa. Se advirtió sobre la animadversión hacia los peruanos así como las diferencias entre los acuerdos favorables a Chile y en muchos casos lesivos al Perú. Pero no, la ceguera de la “fe en la bonita vecindad” y las inversiones los cegaron, o tal vez será que los cegó algún favorcito pecuniario. Si esto último es cierto, no veo diferencia alguna con el traidor y espía Víctor Ariza. Pues bien, la buena vecindad se rompió, aunque no creo que se hubiese roto al enterarse del espionaje y por otro lado la bonita vecindad se rompe por el ABANDONO DE LA DEFENSA NACIONAL. Esto último, es muy probable que se gestara en el conflictivo vecino, existen muchas evidencias, pero ello no es motivo de estas breves líneas. No el motivo no es denunciar el armamentismo ni los actos de espionaje de Chile a sus vecinos (recuérdese que hace 6 años miembros de las FACH “revolvieron” el consulado argentino en Punta Arenas, y su comandante fue ascendido y premiado pese a protestas argentinas), lo que motiva estas líneas es ¿hasta cuándo se permitirá el Perú carecer de un sistema de defensa adecuado? Creo que el Perú merece que su Ministerio de Defensa sea conducido por personas probas en los conocimientos y en la identidad nacional, no una sarta de ingenuos venidos de cursillos dictados en el Centro de Estudios Hemisféricos de Washington (con muy pocas honrosas excepciones). Tampoco creo que este ministerio deba ser una congeladora de funcionarios ni de personal desagradable ni un incinerador de políticos opositores. El día que se comprenda que la defensa es indispensable para el desarrollo, en ese momento podremos hablar de lo encaminado que estamos hacia una situación mejor, de que el tema de buena vecindad sea algo duradero y no un lapsus de la “ceguera de las inversiones”.