
Uri Ben Schmueluribs@larazon.com.pe Paz es una palabra que suele ser mal utilizada. O, mejor dicho, la utilizan muy bien los abanderados de la corrección política y la convierten en sinónimo de apaciguamiento. Para no fatigar de nuevo a los lectores con el ejemplo, tantas veces citado aquí, del candelejón de Chamberlain blandiendo el papelito que le firmó Hitler, vamos a recurrir a un hecho más cercano: cuando el corajudo de Álvaro Uribe ordenó bombardear el campamento de las FARC en Ecuador y mandó a donde corresponde (es decir al infierno) a ‘Raúl Reyes’, un grupito caviar organizó aquí de inmediato una “Marcha por la Paz”. “Paz”, en ese contexto, significaba algo así como “dejen tranquilos a los nobles ‘guerrilleros’. Esto viene a cuento porque como respuesta al affaire Ariza, tres ministras están organizando una “Marcha por la Paz”. ¿Chile nos espía y se arma hasta los dientes y los peruanos vamos a salir a la calle a gritar “paz”? Oigan, Bachelet, Vidal, Fernández y el resto de la pandilla se va a hacer en los pantalones de la risa. Encima, como hace notar el periodista Herbert Mujica en su columna de opinión en las páginas centrales, la fecha escogida para esta marcha no es otra que el 27 de noviembre, aniversario de la victoria peruana en Tarapacá. Pero, claro, ya nadie recuerda batallas. Se ha impuesto la moda de la “cultura de la paz”. En los viejos buenos tiempos, los alumnos desfilaban marcialmente, imitando a los que visten el uniforme para defender a la Patria. Ahora, las marchas escolares se hacen con globos, cartelitos, palomas de cartón y esos huachafos con grandes zancos corriendo entre los niños. Como todo lo que hace la progresía, esto viene con veneno incluido. Es parte de su campaña de demolición de las FF AA. Miren nomás cómo han logrado convertir el más grande triunfo militar peruano del último siglo –contra SL y el MRTA– en una derrota política. Si lo que se busca con la marcha del viernes es hacer sentir al gobierno chileno la indignación del pueblo peruano por el espionaje y su desenfrenada carrera armamentista, habría que cambiarle el nombre. En vez de “Marcha por la Paz”, que se llame “Recuerden Tarapacá”. Es el tipo de mensajes que sí entiende la caradura de La Moneda.Fuente: La Razón