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CHECHENIA, EL CÁUCASO Y RUSIA

Conflicto regional deviene en una guerra santa
Terroristas renuncian a la independencia nacional y buscan construir un gran emirato en la zona, donde se implante la Sharia.
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CHECHENIA, EL CÁUCASO Y RUSIA

Domingo 14 de febrero del 2010: Un mensaje del líder islamista checheno Doku Umarov ponía en alerta a las fuerzas de seguridad rusas: “Graben en sus mentes esto rusos la guerra no será solo derramada en nuestras ciudades y pueblos. La guerra vendrá a sus ciudades”.

Lunes 29 de marzo del 2010: Pocos minutos después de las ocho de la mañana, dos mujeres jóvenes atraviesan los controles de seguridad del metro de Moscú. Con una frialdad despiadada esperan lentamente que los vagones a los que se han subido se llenen completamente. Cuando las puertas se cierran, invocan a Alá y se revientan los explosivos que llevaban bajo sus ropas. La amenaza de Umarov se había cumplido. 

En medio de las escenas de pánico y horror, la población civil rusa no necesitaba que sus autoridades les dijeran quiénes eran los responsables de la matanza que se cobró 38 víctimas. En sus labios solo se escuchaban maldiciones a los ‘bastardos’ chechenos.

Y es  que la pequeña Chechenia, una república de las 93 que forman la Federación Rusa, se ha convertido en un dolor de cabeza para los moscovitas y, en especial, para el Kremlin que hasta hace poco había anunciado la normalización de la situación en la región.

Las bombas echaron por la borda la confianza de Moscú, y suponen un durísimo golpe a uno de los mayores símbolos del poderío ruso. Con sus 300 kilómetros de vía, 12 líneas y 80 estaciones, el Metro mantiene conectado al centro político y económico del país.

Es más, una de las bombas estalló en la estación de Lubyanka, situada justo bajo la sede del Servicio de Seguridad Federal (FSB), sucesor del mítico y temible KGB soviético. La afrenta y provocación no podía ser más directa.

El presidente ruso Dmitri Medvedev, avergonzado por esta falla de seguridad, la más grave desde el 2004, ya ha declarado una guerra “sin cuartel” contra el terrorismo, mientras su primer ministro, Vladimir Putin, prometió “aniquilar” a los asesinos.

Sin embargo, estas palabras son tomadas con escepticismo por una población conocedora de la complejidad de la crisis chechena, que tiene una antigüedad de cientos de años, pero que solo en el último quinquenio ha pasado de ser una lucha por la independencia a una yihad, o “guerra santa”.

PUENTE CONTINENTAL

Chechenia se encuentra ubicada en la región conocida como el Cáucaso, entre el mar Negro y el mar Caspio, y que sirve de puente entre Europa y Asia.

Por el lado sur coexisten tres países que recuperaron su independencia en 1991 tras el derrumbe de la Unión Soviética, pero que mantienen una tensa relación con Moscú: Georgia, Armenia y Azerbaiyán.  

La zona norte pertenece a la Federación Rusa y en ella se hayan siete repúblicas autónomas: Chechenia, Osetia del Norte, Ingusetia, Daguestán, Kabardino-Balkaria, Karachevo-Cherkesia y Adiguea. 

En toda la región viven más de 30 millones de personas, pertenecientes a más de 60 etnias diferentes, con culturas e idiomas distintos, lo que hace de la zona una de las más complejas del mundo.

La mayoría profesa la religión cristiana, en su vertiente ortodoxa, pero la minoría musulmana es mayoría en Chechenia e Ingusetia.

Según historiadores, la presencia rusa en la región se remonta al siglo XVIII cuando las tropas del Zar Pedro el Grande llegaron para mantener alejada la influencia del Imperio Otomano.

Durante la época de la URSS, Moscú mantuvo la obediencia del Cáucaso gracias a sus tanques y militares, pero con su desaparición renacieron las ideas independentistas, en especial en las zonas de mayoría musulmana, cuya fe fue reprimida por los “ateos y malignos” soviéticos.

SE ENCIENDE LA LLAMA

Fue en Chechenia, donde rebeldes liderados por Dzhojar Dudayev se alzaron en armas contra el nuevo régimen ruso en 1994 y 1999. El entonces presidente Boris Yeltsin mandó miles de soldados que se involucraron en una guerra que se caracterizó por su extrema crueldad.

Aunque en un principio, los rebeldes consiguieron frenar la ofensiva rusa, con los años fueron confinados a los bosques, mientras decenas de miles de civiles huían de los combates.

Organizaciones de derechos humanos, e incluso gobiernos Occidentales protestaron por la política de “tierra arrasada” que impuso el Kremlin para frenar a los separatistas y dar así una lección a futuros secesionistas. Pero el 11-S cambió la situación.

Los ataques en Nueva York  y Washington dejaron las manos libres al gobernante de entonces, Vladimir Putin, que asoció el conflicto en Chechenia con la guerra contra el terrorismo mundial que lideraba EE UU.

Putin ordenó la militarización de la región –con el silencio cómplice de la administración Bush– lo que dio una aparente sensación de paz, pero eso fue solo una ilusión.

ALÁ ENTRA EN EL JUEGO

Con el paso de los años, la muerte de los líderes guerrilleros separatistas provocó la huida de unos 500 combatientes a las montañas de Ingusetia y Daguestán donde, según expertos rusos, se han reorganizado dentro de un movimiento extremista islámico.

Ya no buscan más la independencia de Chechenia, sino la constitución de un emirato en todo el Cáucaso bajo la conducción de Doku Umarov, quien en el 2007 se proclamó emir y jefe de todos los grupos combatientes activos en la región.

En noviembre del 2009, Umarov proclamó la imposición de la sharia o “ley islámica”, en la región y la responsabilidad de todo musulmán de luchar contra los infieles rusos en una yihad o “guerra santa”. 

Desde entonces se han multiplicado los ataques a comisarías y edificios públicos del Cáucaso, que el Kremlin ha respondido con la muerte y el arresto de extremistas islámicos.

Los atentados en el metro de Moscú podrían ser entonces una venganza de los terroristas a los asesinatos este mes de dos importantes rebeldes leales a Umarov, Said Buriatskai y Anzor Astemirov.

CONTACTO CON AL QAEDA

Lo más grave es que estos grupos mantienen fuertes contactos con organizaciones terroristas ligadas a la red al Qaeda, de Osama Bin Laden, quien también desea imponer un califato desde España hasta Filipinas, libre de infieles cristianos y judíos.

Una de las pruebas de la cooperación entre terroristas chechenos, paquistaníes y afganos es que los atentados en Moscú guardan relación con el modus operandi de Al Qaeda: Ataques suicidas, coordinados, y en el sistema de transporte. Nótese que lo de la capital rusa recuerda al 11-M en Madrid (2004) y el 7-J en Londres (2005).

El FSB ha informado que las mujeres que se inmolaron en Moscú pertenecen a un grupo llamado “viudas negras”, que han sido entrenadas por activistas musulmanes chechenos.

Este grupo habría surgido de la unión de esposas, hijas y madres de rebeldes chechenos que fueron torturados y muertos en las guerras del 94 y 99 y que claman venganza en nombre de Alá. Muchas, incluso fueron violadas por las tropas rusas durante sus operativos y no tienen otra cosa en mente que inmolarse en su afán de revancha.

El Kremlin ya ha dado la orden para detenerlas a toda costa y defender su soberanía territorial en el Cáucaso –una zona rica en petróleo y gas–, y salvaguardar la vida de millones de rusos.

Sin embargo, la pregunta que se hacen muchos es cómo frenar a un enemigo tan fanático y escurridizo, que se proclama “guerrero de Dios” y que está listo para generar el pánico en un país, al que no consideran suyo y al que odian con toda sus fuerzas.

MÁS DATOS

- “En el Cáucaso viven más de 30 millones de personas, pertenecientes a más de 60 etnias diferentes lo que hace de la zona una de las más complejas del mundo”. 

- “En noviembre del 2009, Umarov proclamó la imposición de la sharia o “ley islámica”, en la región y la responsabilidad de todo musulmán de luchar contra los infieles rusos en una yihad o “guerra santa”. 

- “El FSB ha informado que las mujeres que se inmolaron en Moscú pertenecen a un grupo llamado viudas negras”.

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