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Jueves 24 de septiembre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

TABERNA VIÑA DANIEL

Un local con seducción
La Taberna Viña Daniel ha cumplido nueve años y su gerente general, David Castro, está feliz de haber convertido al vino y al pisco en una nueva alternativa para los bebedores del Cono Norte.
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TABERNA VIÑA DANIEL

Cierta vez que David Castro caminaba por el Centro de Lima, se le acercó una chica que invitaba a degustar los vinos que vendía. Cargaba una decena de botellas y le ponía muchas ganas a su trabajo. Fue en ese instante que a David se le ocurrió la idea de emprender un negocio similar, pero sin necesidad de caminar informalmente por las calles.

A fines de la década del noventa, David trabajaba como administrativo de una empresa de transportes y todavía recordaba la muerte de su hermano en un accidente fortuito en 1994.

Cansado del sueldo mínimo, renunció a su trabajó para emprender un negocio propio basado en la venta de vinos. Él ya había trabajado en ello esporádicamente y contaba con la ayuda y el apoyo de su esposa.

Lo recuerda claramente: fue el segundo sábado del año 2001 el día en que inauguró su taberna, a la que nombró Daniel en homenaje a su hermano.

“Mi idea era difundir el consumo de vino. Yo les hacía probar a los clientes y ellos compraban. Al comienzo mis clientes eran muchos ancianos que tomaban algunas copas y venían a la barra a conversar conmigo sobre sus problemas”, recuerda David.

Transcurridos tres meses, se animó a poner dos mesas muy peculiares cuando en una venta de mostrador una chica se lo pidió. La taberna empezó a cautivar consumidores aun cuando la costumbre de tomar vinos y piscos no era la característica de los residentes de Comas.

DECORADO TAURINO

El negocio empezó a crecer y a los adornos de sombreros de chalán y unos pequeños troncos charolados, se le agregó el póster del torero Julián López Escobar, El Juli.

Cuando llegó el tercer año, decidió poner más mesas y rápidamente se convirtió en un nuevo punto de encuentro. David enseñaba la diferencia entre vino seco, semiseco y rose, dentro de una cultura que solía creer que los vinos solo son dulces.

Se dio cuenta de la buena mixtura entre vino y mundo taurino y colocó otras imágenes de legendarios matadores de toros como Manolete, Finito de Córdoba, José Cubero conocido como el Yiyo, El Niño de la Capea y el peruano Rafael Gastañeta.  Además, memorables afiches de corridas en la Plaza de Acho. También instaló farolitos criollos, colgó frases célebres y odres.

Toda esta afición por los vinos y las corridas siempre estuvo en su memoria pues desde pequeño don Evelio, su padre, lo llevaba a Huaripampa (Junín) cada 20 de enero para celebrar la Fiesta Patronal de San Sebastián. Allí vio toreros con sus trajes de gala en plena acción. “En la tierra de mi padre aprecié corridas de toros y me vestí de chalán cuando aprendí a montar caballos de paso”, cuenta.

Lamentablemente cuando el negocio empezó a crecer, su esposa Martha Cruz falleció. Le dejó un duro gran vacío pues ella siempre lo acompañaba y ayudaba con el negocio. Ella le regaló dos hijos: Gabriela y Alonso, quienes son su adoración y el más grato recuerdo de su amada. “A ella le agradezco mucho porque siempre creyó en mí e incluso invirtió parte de su dinero para la taberna”, relata David con nostalgia.

ANÉCDOTA

Como todo local, este no está exento de anécdotas. Era un martes cualquiera, la noche agonizaba y no llegaba ningún cliente. Cuando David estaba a punto de cerrar, llegaron dos clientes. Tomaron dos vinos semisecos.

El más flaquito empezó a perder la cordura y con el torso desnudo salió raudo a la calle haciendo escándalo, mientras su amigo intentaba calmarlo. Ante tanto alboroto David decidió no seguir atendiéndolos. Esto provocó la ira del flaquito quien con voz gritona y amenazante agarró una silla y lo amedrentó para que le siga vendiendo más vino.

David se asustó y temió destrozos en su local. Fue tal el “cruce” del individuo que David se vio forzado a someterlo. El flaquito terminó en el suelo todo golpeado. “No me quedaba otra”, narra David. Felizmente se fueron.

Pero más allá de anécdotas, la Taberna Viña Daniel se ha convertido en un referente en la urbanización San Felipe de Comas. Allí llegan los bebedores: algunos sabedores, otros por el simple hecho de probar un buen vino o un pisco puro, un acholado, un pisco sour u otro trago de la variedad que ofrece la carta.

Llegan solos, en parejas o en grupos, porque saben que uno de los atractivos que ofrece la taberna es su ambiente seductor y romántico, apto para conquistas y romances, más aún, cuando Daniel Castro le pone un toque de buena música en cada noche de licor y charla.

OTRO DATO

Ubícalo en jirón Pacífico 729
Urbanización San Felipe, Comas
Teléfono: 5513998

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