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Jueves 03 de diciembre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

ABU DAUD MUERE INJUSTAMENTE EN PAZ

Cerebro de los atentados de Munich 72
Comando de "Setiembre Negro" secuestró y asesinó a 11 atletas israelíes en plenos Juegos Olímpicos ante la consternación del mundo.
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ABU DAUD MUERE INJUSTAMENTE EN PAZ

“Una bomba en la Casa Blanca, una mina en el Vaticano, la muerte de Mao Zedong; ninguna de esas cosas podría haber producido un eco de tan largo alcance como la operación de Setiembre Negro en Munich”. (Editorial del periódico libanés Al Sayad)

Fue de largo el atentado más espantoso en la historia de las Olimpiadas, la fiesta deportiva que mejor celebra la vida y la confraternidad entre seres humanos, pero que aquella madrugada del 5 de setiembre de 1972 se volcó en sangre y odio.

Estos días se ha conocido que Mohamed Udeh, también conocido por su alias de Abu Daud, murió en Damasco (Siria) a los 73 años de edad por un fallo renal y en la paz y el abrigo de una cama rodeado por sus familiares, un injusto final para el cerebro retorcido que maquinó los ataques en Munich.

Muy pocos recuerdan ese capítulo negro de la historia y la paranoia que causaba en Occidente en esos años el terrorismo de los grupos extremistas palestinos y que volvieron en moneda común el secuestro de aviones y la toma de rehenes para lograr sus objetivos políticos.

Hoy, y en estas líneas, recordamos la masacre de Munich con el ánimo de aprender la lección histórica, evitar nuevas tragedias, y recordar que la amenaza tiene nuevos protagonistas –Al Qaeda, Hamás, Hezbollah, entre otros– listos para dar un nuevo zarpazo.

EL ORIGEN DE LA BESTIA

Setiembre Negro nació por deseos venganza. Para finales de la década de los sesenta los palestinos constituían el 60% de la población en Jordania –la mayoría vivía en campos de refugiados– y se habían organizado en cientos de organizaciones y milicias cuyo mayor deseo era destruir a Israel.

El rey Hussein los había apoyado pero con el tiempo había resentido la creciente radicalización y militarización de los fedayín, que en algunos casos llamaron a derrocar al monarca hachemita.

Para setiembre de 1970 el país entró en una espiral de violencia y protestas y el monarca no tuvo más remedio que ordenar la destrucción de los campamentos guerrilleros y la expulsión de los dirigentes palestinos, que dejó un saldo de más de 3,500 muertos.

Los fedayines palestinos, congregados en la OLP y dirigidos por Yaser Arafat, huyeron hacia el Líbano y sus miembros más radicales formaron el comando Setiembre Negro, cuyo objetivo máximo era hacer pagar a Jordania por su traición, y recordar a Israel y sus aliados que ellos “no estaban destruidos”.

El 28 de noviembre de 1971, comandos palestinos asesinaron en el lobby del Hotel Sheraton de El Cairo al primer ministro jordano Wasfi Tal, uno de los responsables de las represalias contra la OLP.

En un obsceno gesto, que subraya el odio que había dado lugar al ataque, uno de los asesinos, identificado como Mansur Suleiman Khalifafah, se arrodilló y lamió la sangre que brotaba de las heridas de Tal.

La ejecución del primer ministro no fue más que el primer golpe de Setiembre Negro que siguió sembrando el terror con el intento de asesinato, en diciembre, del embajador jordano en Londres, Zeid al Rifai, quien salió ileso después que acribillaran su auto.

EL GRAN GOLPE

A comienzos de 1972, los servicios de inteligencia mundiales eran un hervidero de informes sobre el terrorismo palestino, pero nadie previó lo de Munich.

En julio de ese año, llegaron a Alemania ocho comandos terroristas pero ninguno voló hasta la República Federal, sino que utilizaron rutas terrestres desde Roma y Belgrado para despistar a la Policía. Tampoco portaron armas ni explosivos que les fueron proporcionados por diplomáticos sirios en Berlín.

Por dos meses, los terroristas se aclimataron a la ciudad y se aprendieron la distribución de la Villa Olímpica que, pese a estar custodiada por 15,000 policías, 25 helicópteros, 12,000 soldados y un centenar de agentes de contraespionaje, fracasaron para detectar a los fedayines.

Pasadas las cuatro de la madrugada del 5 de setiembre, los ocho sujetos enmascarados no tuvieron problemas en violar la endeble seguridad e invadieron los hospedajes de los israelitas, tomando como rehenes a 11 de los 20 integrantes del equipo olímpico de Israel. Comenzó así un día dramático que habría de terminar en tragedia.

Las cámaras de televisión de todo el mundo ofrecían imágenes en directo del secuestro y mostraban una y otra vez a los comandos encapuchados en las terrazas de los aposentos israelíes, la expresión máxima del terrorismo palestino.

Los secuestradores exigían la liberación de 234 presos en Israel, así como la de Andreas Baader y Ulrike Meinhof, los dos fundadores de la organización marxista alemana Facción del Ejército Rojo, quienes estaban tras las rejas en Alemania.

La respuesta israelí fue: “Nunca negociamos con terroristas”. Fue así que los palestinos decidieron pedir que se les dejara ir con sus rehenes hacia El Cairo, por lo que fueron trasladados al aeropuerto militar de Fuerstenfeldbrueck, en las afueras de Munich.

Al caer la noche las autoridades alemanas –con el consentimiento “inseguro” del gobierno de Golda Meir– decidieron que se tenía que intentar un rescate por lo que se hizo creer a los terroristas que se les permitiría tomar un vuelo de Lufthansa hacia la capital egipcia, donde continuarían las negociaciones.         

Al caer la noche algunos comandos terroristas descendieron de los helicópteros para inspeccionar el Boeing de Lufthansa, pero al instante se dieron cuenta de que se trataba de una farsa. El avión estaba frío y vacío. No había tripulación a bordo.

Nerviosamente volvieron a los helicópteros, pero antes de que pudieran alcanzarlos fueron detenidos por las balas de 25 francotiradores alemanes apostados rodeando a la nave.

Al verse acorralados, los terroristas iniciaron una feroz balacera que terminó con la muerte de los 11 atletas israelíes, algunos de ellos, destrozados por la explosión de granadas. Cinco fedayines murieron y tres fueron capturados, pero en octubre los soltaron luego que otro avión de Lufthansa fuera secuestrado, también por comandos palestinos.

LA IRA DE DIOS

Lo que siguió a la masacre de Munich fue la venganza de las autoridades israelíes, que encomendaron a su servicio secreto –el Mosad– la formación de un escuadrón que iría hasta el fin del mundo para matar a los responsables de la tragedia.

Nació así el grupo “Ira de Dios”, conformado por 11 hombres que viajaron a varias ciudades de Europa y Medio Oriente en busca de los asesinos de los atletas. “Deben ser precisos. No dejar víctimas inocentes. Nuestros enemigos deben pensar que están indefensos y que los podemos alcanzar cuando queramos”, dijo en esa ocasión Zvi Zamir, jefe del Mosad.

Los pistoleros y expertos en explosivos israelíes golpearon repetida y mortalmente en acciones que recordaron a la guerra de gánsteres.

El 16 de octubre balean en Roma a Wael Zwaiter, encargado de reclutar al comando de Setiembre Negro. En diciembre una bomba instalada en su teléfono casero mata a Mahmud Hamshari. En enero de 1973, explosivos controlados a control remoto dentro de su colchón destrozan a Abal Al Chir.

En Beirut, y en menos de 24 horas, “Ira de Dios” redujo a tres líderes de Setiembre Negro y los golpes siguieron por más de ocho años, dejando un saldo de más de 60 muertos.     

Sin embargo, Abu Daud sobrevivió a la cacería. El Mosad le disparó 14 tiros en un café de Varsovia (Polonia) y se recuperó. Sabiéndose indefenso, escapó a Siria, donde vivió estos últimos años, protegido por el gobierno de al-Assad.

Daud nunca se arrepintió por la masacre de Munich, e incluso, tildó de traidores a los jefes de la OLP que, a comienzos de los noventa, abandonaron las tácticas terroristas. Su muerte causó gran malestar entre los israelíes, quienes nunca lo vieron pagar por sus crímenes. Ahora todo queda en manos de Dios y su justicia divina. Que no le tenga piedad.

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COMENTARIOS
1 comentarios      
Este suceso sin duda constituye uno de los capítulos más negros de la historia, lo triste es como se manejó la situación,la supuesta "inexperiencia" de las autoridades alemanas en afrontar el sucuestro la indeferencia del Comité Olímpico a lo sucedido tratando de desviar la atención su cuota de responsabilidad no debe pasar por alto ya que el COI es quien elige los países donde se celebran los juegos olímpicos por ende debe garantizar medidas de seguridad extremas.
05 de septiembre 2010
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