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Domingo 26 de junio 2022   |   Contáctenos
REVISTA

Habla el asesino de Marco Antonio

Jorge Glenni con Carlos Cacho
Hace unas semanas se cumplió el primer año del asesinato del reconocido y recordado estilista Marco Antonio Gallegos, que en su momento causó una intensa conmoción nacional. Esta semana, el homicida Jorge Glenni habló para el programa de televisión de Carlos Cacho. Nadie sabe cuál fue el objetivo de la entrevista.
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Habla el asesino de Marco Antonio

La conversación fue con un amigo íntimo de Marco Antonio, el maquillador Carlos Cacho, quien fue una de las personas que lloró su muerte con mayor ímpetu y que durante el sepelio pronunció un plañidero discurso de despedida que finalizó así: “¿Por qué te fuiste, Marco Antonio? ¿Por qué me dejaste? Tú sabías que no podía vivir sin ti”.

Un año después, ha quedado demostrado que Cacho pudo vivir sin Marco Antonio. Pero también, que ha sido capaz de enjugar sus lágrimas y de alcanzar la suficiente serenidad como para ir hasta el penal Castro Castro, sentarse frente al asesino de su amigo, hacerle unas preguntas y presentar la entrevista como primicia.

Como diría alguien que sabía de estos menesteres, “bisnes son bisnes”.

QUE TE PERDONE DIOS

Desde la presentación, la entrevista adoptó un exceso de impostación que alcanzó su punto máximo al final, cuando Cacho se dirigió a Glenni de este modo, esforzándose por imponerle a sus palabras un toque de espontaneidad y firmeza que nunca consiguió:

“A mí no me pidas que te perdone, porque no lo voy a hacer. No te voy a decir: sí te perdono, porque no lo siento así. Que te perdone Dios. Yo no te perdono”.

Los espectadores debieron de experimentar la misma sensación durante la hora que duró el diálogo: el libreto no estaba mal, la escenografía tampoco, pero los actores no podían imprimirle a sus palabras y a sus gestos un ápice de franqueza. Era imposible creerles.

DIÁLOGO DE SORDOS

La introducción mostraba a Cacho cruzando el portón de la prisión con el rostro contrito, estrechándole la mano a los policías que lo miraban con curiosidad, mientras se escuchaba su voz en off que narraba lo difícil que había sido tomar la decisión de encarar al asesino de su amigo. Si fue difícil, por lo menos lo disimuló muy bien.

Lo primero que hizo Glenni cuando entró en la pequeña oficina acondicionada para la entrevista, fue arrodillarse frente a Cacho con las manos juntas y decir, con la voz más baja que pudo: “Le pido perdón a Dios, te pido perdón a ti, Carlos, y le pido perdón a Marco. Yo sé que él fue como un hermano para ti. Yo no quise hacer eso. Te lo juro”.

Era difícil creer que Cacho y Glenni no hubieran conversado antes para afinar detalles. Quizás fuera idea del maquillador o del asesino, pero en cualquier caso se trató de un inicio poco feliz.

Cacho lo dejó hablar antes de decirle que se sentara. Entonces Glenni dio inicio a la perorata que repetiría a lo largo de la conversación, con voz muy baja: “Yo en ningún momento quise hacer eso, Carlos, yo no hice ningún plan, yo estimaba mucho a Marco, yo le pido disculpas a sus familiares y amigos”, susurraba. “Fue un momento de necesidad, de angustia. Me obnubilé”.

Pero Cacho tenía su propio guión y trataba de decirlo con voz abatida. Pero no le salía. Quizás no había practicado lo suficiente. “Hace un año y dos meses fue la última vez que nos vimos”, dijo, “y Marco estaba con nosotros. Ustedes fueron a buscarme a mi casa, almorzamos y después fuimos a la casa de Marco. Esa noche Marco tenía una entrevista con Bayly. ¿Cómo fuiste capaz de hacer una cosa así?”

Glenni balbuceaba, quizás pensando que, además de Cacho, en ese momento también lo escuchaban los jueces que decidirían su condena: “Marco era un gran amigo para mí, conocía a mi papá, me dio su apoyo, me dio trabajo. Yo solo había ido a pedirle un dinero prestado, mi hijo tenía una infección al estómago. Yo solo quería salvar a mi hijo”.

Luego añadió, sin duda pensando en los jueces: “Mi familia es de bajos recursos. Mi vida ha sido dura. Mi mamá adicta a las drogas, mi papá adicto a las drogas, mi padrastro tomaba bastante. No tenía quién viera por mí”.

Cacho replicó: “Marco mantenía un nexo fuerte contigo. Tú sabías que si le pedías ayuda te la iba a dar. Él podía solucionarte alguna emergencia”.

Glenni agregaría entonces algo que no debe de haberle gustado a los familiares ni a los amigos del estilista. Ni a nadie. Solo a Cacho y a la gente de su programa, porque no lo editaron: “Tú sabes que Marco me debía dinero de unas fotos que no me canceló. Yo fui y le dije: apóyame. Por eso discutimos. Yo solo necesitaba 500 soles. Marco me peseteaba. Me daba 20, 30 soles”.

Cacho se limitó a replicar: “Me cuesta creerlo, porque Marco era generoso y te amaba, y ustedes tenían una relación o tú fingías que tenían una relación. ¿Tú amabas a Marco?”

Glenni pensó un par de segundos antes de contestar: “Yo veía en él a una persona mayor que podía ayudarme, aconsejarme”.

“Tú no amabas a Marco”, dijo Cacho, desengañado como una quinceañera. Glenni atinó a responder: “En ese momento entramos a una discusión, y pasó lo que pasó. Mi vida se fue al diablo. Me están opinando cadena perpetua”.

Y dijo: “Yo quisiera que me den una oportunidad. Yo sé que tengo que pagar mi condena, pero quiero que la justicia sea justa conmigo. No quiero que me sentencien a morir en un penal. No soy un criminal”.

En un momento de la entrevista, incluso se animó a mencionar al asesino de la cantante Alicia Delgado, Pedro Mamanchura: “Si me hubiera querido escapar me hubieran encontrado cruzando la frontera como Mamanchura. Cuando a mí me detienen yo estaba yendo al hospital con mi hijo. Después de eso yo me quería entregar”.

Hacia el final de la entrevista, Glenni se esforzó por llorar. Se llevó las manos a la cara, hizo el gesto. Pero no le salió una sola lágrima. Solo dijo, como promocionando el programa: “Estoy muerto en vida, sepultado en este lugar. Les pido mil disculpas a todos los seres queridos de Marco. Me gustaría retroceder el tiempo para que Marco esté vivo”.

Cacho se fue pensando quizás que rompería los ratings el día de la emisión de la entrevista. Pero el martes 3 tuvo que reconocer que solo había hecho seis puntos.

No fue todo. A pesar de que el lunes había prometido la segunda parte de la conversación, el martes ni siquiera la mencionó. Tampoco ofreció disculpas a sus televidentes. Como si nunca hubiese existido. Quizás eso habría sido mejor. Que nunca hubiese existido. Y dejar descansar en paz a Marco Antonio.

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