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Domingo 27 de septiembre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

Lourdes Berninzon: villana de lujo

Reconocida actriz vuelve a las pantallas en Ana Cristina
Una sonrisa amplia que desnuda en un minuto su alma, su felicidad de mujer realizada, completa e íntegra con sus ideas y consecuencias es lo que nos da Lourdes Berninzon al recibirnos en el set de grabación de Ana Cristina, su nuevo hogar hasta finales de agosto. Hoy es una villana fastuosa que emotiva al televidente por su histrionismo malévolo y mirada encantadora.
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Lourdes Berninzon: villana de lujo

El tiempo le guardó un lugar privilegiado en la memoria colectiva del publico, fue la tía Claudia en la recordada telenovela Carmín, hace 27 años, éxito que cambió la manera de hacer y mirar telenovelas en el país y ella fue su protagonista. Su belleza y talento intuitivo la guiaron a devorar ese éxito, ese momento.

Hoy es una señora que ha vivido satisfecha de haberle puesto a las íes siempre los puntos correctos, sin pena ni desazón, con convicciones fuertes y una filosofía que transforma a cada momento en sonrisa, en alegría. Casada hace 19 años con el diplomático Manuel Soarez, ha vivido una vida de viajes y rutinas nuevas, modificando y aceptando que el movimiento es parte fundamental de su amor.

Hace unos años estuvo en la conducción de un programa de salud y estilos de vida positivos en Plus TV, llamado “7 vidas”, espacio que usó para transmitir su filosofía saludable y en armonía con la naturaleza.

Actualmente su familia aguarda en Quito, Ecuador, su regreso, y disfrutan a la distancia su retorno al mundo de la actuación. En esta entrevista nos cuenta cómo ha pasado estos años de relativa ausencia en pantallas y cómo mira la vida en este especial momento. 

-¿Cómo te sientes al volver a las telenovelas peruanas?

Me siento muy halagada y apreciada que la producción haya pensado en mí para compartir esta novela. Para mí este es mi mundo, estoy doblemente en casa, en mi país y haciendo novelas.

-Lo interesante de esta propuesta es que no solo se hace pensando en el Perú, la proyección que tiene para ustedes como actores debe representar un estimulo diferente.

Definitivamente poder sacar novelas fuera del territorio nacional nos engalana, porque eso hace ver la calidad también que tiene el Perú en actores y producción.

-¿Podríamos decir que esta es una de las producciones con más proyección en las que has trabajado?

Bueno, lo que pasa es que han cambiado los años, han cambiado las técnicas. Yo diría que en este momento estamos dando el grito de la moda, por decirlo de alguna manera. Se ha invertido mucho en esta novela, materialmente, económicamente... hay magníficos equipos, el set es impresionante... y eso no es muy común; tengo punto de comparación y para mi esto es un lujo, de quitarse el sombrero.

-Radicas en Ecuador hace tres años por el trabajo de tu esposo, ¿el lugar que le das a tu familia y a tu vida profesional sigue ese orden de prioridad?

Creo que la decisión es tomarme ese espacio para mi, hacer lo que más me gusta, entre otras cosas, porque no hay un orden de prioridad, todos son prioritarios, pero cada uno a su tiempo.

-Tal vez esa es la prioridad, darle tiempo a cada una de las cosas...

Terminar de globalizarlo para ir a otra cosa igual de importante. Y en este caso la decisión fue en conjunto, no fue una decisión mía personal, sino familiar, ellos me dijeron (mi marido y mis hijas): si tú estás feliz eso va a redundar en nosotros. Entonces ha sido una decisión en conjunto.

-Tus hijas tienen 17 y 18 años, tal vez también es una edad en la que los hijos son parte del conjunto; cuando son pequeños es otra la perspectiva...

Así es, ya comen solas, lavan sus calzones (risas), saben hacer sus cosas.

-Tienes solo hijas mujeres... una mayor también...

Sí, que vive en Miami, tiene 34 años, está casada y tiene un negocio con su marido, no tengo nietos todavía.

-¿Después de Ana Cristina tienes proyectos para quedarte por aquí?

Por ahora no. Mi proyecto es, si no hay nada a la vista regresar a Quito y volver a llenar los floreros de flores. (Lourdes estudió para ser florista profesional, de allí su pasión por las flores).

-Carmín fue, así como percibes Ana Cristina, salvando las distancias técnicas de la época, una revolución también. ¿Lo crees así?

Fue una revolución porque la misma historia lo permitió, rompió esquemas, inclusive los diálogos eran poco usuales en comparación con novelas anteriores, que eran mucho más cuadradas, encasilladas, rompió el molde totalmente, además se grababa mucho en exteriores, que no se hacía.

-El ser villana es tu esencia televisiva...

Es mi imagen televisiva en novelas, aclaremos (risas). Cuando en la calle me dicen: que mala que eres... quiere decir que es un buen reflejo.

-¿Cómo has engranado estos años tu actividad profesional y tu vida personal?

He sido siempre una persona que tiene una filosofía de vida: lo que no es útil ponlo a un costado, si va a redundar para tu bien entonces acógelo, cuídalo, trabájalo, protégelo; se me han presentado oportunidades paralelas en las que he estado combinando varias cosas. Cuando mis chiquitas estaban en el kinder trabajaba en la mañana en un noticiero, entraba a las 5 de la mañana, 2 de la tarde estaba haciendo una novela, en la noche atendía a mi marido y muchas veces después de eso me llamaban diciendo que había que grabar alguna escena de nuevo. Cuando haces las cosas con amor no hay límite, se puede. Sé feliz. Que no te pese hacer las cosas si realmente estás convencida de que eso es lo que quieres. Esa es mi filosofía de vida.

-Esa filosofía te ha llevado a una búsqueda espiritual, sé que estuviste un tiempo compartiendo con los Krishna y que de allí rescatas tu forma de alimentarte, siendo vegetariana.

Casi, casi. Mira tú, las cosas en la vida se van articulando; hoy en día le estamos dando mucha importancia a los no transgénicos, a la biodiversidad, a las cosas naturales, tenemos bioferias los sábados, es un círculo que regresa al origen, lo cual me parece estupendo porque la gente tiene que aprender a comer, no solamente a satisfacer el estómago.

-Todo lo que implica el proceso de alimentarse es muy profundo.

Y muchas veces el cuerpo habla lo que la boca no dice, empiezas a sentir síntomas, malestares, enfermedades silentes que van creciendo con el tiempo. De repente el cuerpo explota y salen por algún lado, las represiones, incluso los sentimientos, la ira... y todo eso repercute.

-Esta inquietud tuya no es de ahora.

No, de hace muchos años. Cuando no estaba de moda, tuve la oportunidad de despertar en el momento que debió ser, hasta el día de hoy continúo en esa filosofía.

-Cuéntanos quién es Victoria, tu personaje.

A Victoria le ha costado muchísimo llegar hasta donde está, yo defiendo mucho a Victoria, tengo mis razones para sentirla a ella como actriz y algunos toques como persona. Ella al fin y al cabo es un caso patológico porque no tiene miramientos para llegar a su fin, aunque lo importante es que ella concrete la unión familiar, esté como esté, pero que los cuatro (su esposo y dos hijas) sigan allí, paraditos y juntos, en familia ante la sociedad. Y de eso hay muchas parejas y familias también.

-¿Victoria representa esa necesidad extrema por darle valor a la imagen, por sobre todas las cosas?

Así es.

-Eso me recuerda tu participación a los 17 años en un concurso de reinas de belleza, en donde defendiste la opción de hablar de temas como religión, anticonceptivos y política.

No de calabacitas... Sí, es una marcha continua, campestre diría yo.

-Un poco salvaje tal vez...

No llego a esos términos, pero si podría en este momento participar en alguna queja a nivel mundial de los transgénicos por ejemplo, allí si soy una activista. Tú tienes que creer en ti, saber hasta dónde puedes llegar y asumir las consecuencias de ello. Yo tenía 17 años, era una reverenda fresca, por no decir otra cosa, me tiraba al mundo adelante, no tenía miedo, ni lo tengo tampoco. El único miedo que tengo es a no servir. Quiero seguir sirviendo, quiero ser útil, el día en que yo me sienta incapacitada físicamente, ese día...

-A replantearlo todo...

Sí pues, tengo que buscar algún antídoto o algún hobbie para mi vejez porque eso va a llegar en algún momento. Yo no se qué padecimiento voy a tener de aquí a 10 años. En ese momento (a los 17 años) era una persona que se tiraba la vida encima, como lo hago hasta ahora pero con más prudencia, más desacelerada, pero con las mismas convicciones. En ese sentido no he cambiado, he mejorado.

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