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Viernes 12 de julio 2024   |   Contáctenos
REVISTA

DONACIÓN DE ÓRGANOS

La lista que no espera
No debe existir situación más desesperante para un ser humano que ser parte de una lista de espera para ser trasplantado. Nada más complicado porque no depende de ti, sino de la generosidad de otros, de la información de otros, de la decisión de otros. Lamentablemente en nuestro país el 60 por ciento de los pacientes que integran esta lista, muere.
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DONACIÓN DE ÓRGANOS

Posiblemente la escena más impactante que recuerdo haber visto en una película esté en "Todo sobre mi madre", filme escrito y dirigido por el español Pedro Almodóvar. En esta escena una madre ve a su hijo tendido en la calle, inconsciente, después de ser arrollado por un auto.

 

Nada extraño ni especial, pero la escena es acompañada por un grito tan doloroso y desgarrador, salido del útero mismo del personaje, que jamás pude olvidar esos segundos de ficción. Acto seguido, la madre se enfrenta a la decisión de donar el corazón de su único hijo tras haber sido declarado con muerte cerebral.

 

Dicen que la ficción no supera a la realidad y tristemente es así, somos el país con la tasa de donaciones de órganos más baja de Latinoamérica, apenas un donante por un millón de habitantes. Cifras escalofriantes frente a la inmensa necesidad que tienen más de 5,000 personas actualmente inscritas en la lista de espera de EsSalud.

 

 

Factores que juegan en contra

 

Intentar explicar este problema bajo el cliché de la indiferencia e insensibilidad con el prójimo sería mezquino, las razones posiblemente están enraizadas en elementos más profundos. La  donación de órganos se convirtió en un tema recurrente cada vez que alguien debía renovar o sacar por primera vez su Documento Nacional de Identidad, en este figura el deseo voluntario de donar una vez llegado el momento. Importante recalcar que la donación de órganos es un acto voluntario, pero no individual.

 

La incorporación de la donación de órganos en el DNI no aumentó la tasa de donadores y la razón es muy sencilla, la ejecución de la donación pasa por la aprobación expresa de los familiares, no es suficiente desde el punto de vista legal que el documento diga "SÍ". Es decir, si los familiares no desean donar, nada se  puede hacer.

 

El miedo y el desconocimiento juegan en contra de la donación de órganos. Existen dos causas por las que una persona muere, paro respiratorio por el cual sus órganos dejan de funcionar en cuestión de minutos; y muerte cerebral, es en este caso que existe posibilidad de efectuar una donación exitosa, ya que los órganos pueden llegar a funcionar hasta 20 horas más.

 

Es en este punto en el que ocurre un bloqueo emocional, seguramente producto del dolor y la pérdida, para la donación. Los familiares no desean tocar ese tema porque creen tener esperanzas de vida, cuando la muerte cerebral es definitiva.

 

No se puede esperar que la población acceda a donar sin antes haber interiorizado aquellos conceptos básicos para procesar lo que implica este acto de generosidad y desprendimiento absoluto. Sin la información adecuada nadie puede ser solidario, es algo muy grande y fuerte, además se arrastran mitos que han alimentado la desconfianza y el temor en la gente.

 

Seguramente sorprenda a muchos conocer que la Iglesia Católica, como muchas otras, están a favor de la donación, ya que la equiparan a un acto de amor y buena fe. En 1992, el Papa Juan Pablo II dijo: "...más allá de casos clamorosos, está el heroísmo cotidiano, hecho de pequeños o grandes gestos de solidaridad que alimentan una auténtica cultura de vida. Entre ellos merece especial reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas...". La posición de la Iglesia no es contraria, sin embargo, la resistencia social es inmensa y, en ocasiones, desmesurada.

 

Posibilidades infinitas

 

Una sola persona a cuántas, con sus propias manos, podría sacar de una situación de extremo peligro a la vez, seguramente dos o máximo a tres, si su condición física es óptima. Sin embargo, un ser humano puede salvar a ocho personas después de muerto con una donación de órganos realizada a tiempo.

 

Podría donar dos riñones a dos niños que batallen con sesiones de diálisis conectados a una máquina, de por vida, dos pulmones a dos mujeres que necesitan respirar con fuerza para que sus hijos las disfruten, un corazón a un hombre de cuarenta años que quiere latir por su familia todavía, dos córneas a un niño que desea descubrir de qué color es la vida y finalmente un hígado a un joven que no tiene esperanza para luchar.

 

Ocho existencias que podrían salvarse gracias a una sola voluntad, la de amar y entregar. Ya que solo se implantan órganos a pacientes con enfermedades terminales y cuya esperanza de vida es menor a los dos años.

 

En nuestro país se realizan los trasplantes de órganos desde 1969, cuando un padre donó un riñón a su hijo. Desde ese instante el 95 por ciento de los trasplantes se han realizado en los hospitales de EsSalud de manera gratuita y mediante la lista de espera. Existe una legislación específica que obliga a los Ministerio de Salud y Educación a fomentar una cultura de donación de órganos. Pero la cultura de la donación existirá en la medida que exista una cultura de la información.

No basta con haber declarado el 23 de mayo como el "Día del Donante Voluntario", y solo en esa fecha recordar el compromiso con el prójimo, con la salud de personas cuya permanencia en este mundo está sujeta a una donación; desarrollar una cultura de donación implica un trabajo constante y sin descanso.

 

Implica educar a los niños desde las escuelas y sensibilizar a esos familiares que tendrán en su momento que respetar o no la voluntad de un fallecido. Es la conciencia del respeto lo que haría a un padre aceptar la donación de órganos de un hijo de 20 años si él lo deseó.

 

Es un tema espinoso que nos enfrenta con la realidad de la vida, que es la muerte; pero debemos intentar discutirlo en casa, conversar con nuestros esposos, hijos o padres y conocer qué piensan, indagar y descubrir qué sentimos frente a la lógica disyuntiva de compartir, porque al final es un acto de desprendimiento total, a nuestros seres más queridos, o llegado el momento, a nosotros mismos.

 

La ignorancia y la falta de información no deberían primar antes de tomar una determinación, en el Perú seguimos arrastrando la costumbre de dejarnos dominar por nuestra incapacidad de análisis, autonomía y generosidad muchas veces.

 

Frente a la palabra "donación" aparecen miles de sensaciones enrevesadas, mezcladas entre el cariño a una persona amada y la extrañeza de saber cómo será el procedimiento. La incertidumbre de no saber si el cuerpo seguirá siendo cuerpo o solo un rompecabezas incompleto.

 

Los órganos son piezas fundamentales, valiosas y únicas, pero cuando el destino marcó la hora de partir, aún se puede seguir viviendo. De una manera diferente, lejana, anónima, pero viviendo. Solo hasta necesitar una pieza caemos en cuenta de su valía. Una pieza es un órgano sano en un cuerpo muerto. Suena duro, pero es así.

 

Los prejuicios son solo bloqueos y tabúes que detienen la voluntad de dar. Una persona fallecida se convierte en un ser con infinitas posibilidades de seguir creciendo en el cuerpo y en la sonrisa de otros.
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