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Domingo 26 de junio 2022   |   Contáctenos
REVISTA

PRESENCIA DEL ESTADO EN EL VRAE ES TODAVÍA MUY DÉBIL

Habla el responsable político del plan, Jorge Durand
Dando seguimiento a la ejecución del plan VRAE (Valle de los ríos Apurimac y Ene), en esta oportunidad ofrecemos la conversación que sostuvimos con el sociólogo Jorge Durand Pardo, responsable político civil del programa, quien afirma que el VRAE sigue siendo una amenaza nacional.
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PRESENCIA DEL ESTADO EN EL VRAE ES TODAVÍA MUY DÉBIL

¿Cuál es la situación del VRAE en el aspecto socio económico?

Cuando se habla del VRAE, se asocia a la violencia terrorista y el narcotráfico, pero dejamos de lado un aspecto importante: la pobreza. El Programa de Desarrollo del VRAE (conocido como plan VRAE) tiene dos instancias: la primera, una intervención a corto plazo, en el 2007-2008; la segunda, una intervención a mediano plazo, del 2009 al 2011. Los objetivos del programa son restablecer el orden interno, afianzar la presencia del Estado, promover el desarrollo económico y mejorar las condiciones de vida de la población. En el VRAE, la presencia del Estado es todavía muy débil. El nivel de pobreza es de 54% y el de extrema pobreza de 45%. No se estaba llegando de manera adecuada en educación, salud y alimentación.

 

¿De qué aspectos consta el plan de desarrollo socio económico?

Tenemos tres ejes de acción: desarrollo social, infraestructura básica y desarrollo productivo. En desarrollo social están programas como lucha contra la desnutrición, salud y educación. En infraestructura básica están transporte, comunicación, electrificación, vivienda, agua y desagüe. En desarrollo productivo está la diversificación agrícola hacia nuevos proyectos lícitos. Los ejes de intervención son tres: gobiernos nacional, regional y local con un enfoque territorial. Es decir, lograr que la intervención de los sectores sea por requerimiento de la población. Nosotros, desde Lima, no impondremos las formas de desarrollo. Los pobladores serán los que busquen las soluciones a su medida. El objetivo es lograr que los pobladores dejen la ilícita siembra de hoja de coca por una actividad lícita, como la siembra de cacao y café, entre otros.

 

 

¿Qué proyectos se han llevado a cabo hasta el momento, además de las acciones cívicas?

Primero, la interconexión eléctrica Mantaro-Ayacucho-San Francisco, que está  avanzada en un 65% y que va a favorecer a 65 mil personas. Va acompañada de nueve proyectos de electrificación rural efectuados por los gobiernos regionales y los ministerios de Economía y Energía. Esperamos inaugurar la obra en abril de este año. También está en proceso la elaboración de los expedientes técnicos para el asfaltado de la carretera Quinua- San Francisco. Eso demorará un poco más, pero esperamos que la carretera se inicie en octubre. Tenemos también un tercer proyecto de impacto regional: la banda ancha del VRAE, que consiste en la dotación de telefonía fija, móvil y de internet para 532 centros poblados, que va a beneficiar a 139 mil personas. En estos momentos el proyecto se encuentra en la fase de licitación abierta en Proinversión.

 

Además, como se habla de una economía sostenible, hemos hecho un pequeño experimento con 38 agricultores de Canayre. Hemos cambiado 70 hectáreas de hoja de coca por cacao. Los propios agricultores han venido a decirnos que querían cambiar de cultivos. Los hemos orientado y le hemos pedido al alcalde de Llochegua, Pedro López, que nos ayude. Como resultado, tenemos un proyecto casi finalizado de 70 hectáreas de cacao que antes eran de coca. Estamos entrando a otro proyecto de 600 hectáreas.

 

¿Cómo se convenció a estos agricultores de reemplazar la hoja de coca, que les resulta mucho más rentable, por el cacao, que no lo es tanto?

De la coca, si es hoja tecnificada, podemos sacar cinco cortes al año. En algunos casos se ha llegado a seis. Es decir, cada dos meses un corte. Cuando es una chacra tecnificada son chacras de alta densidad, donde por cada hectárea hay 100 mil plantas de coca. Entonces, la productividad de la coca es sumamente alta. Convencer a los productores de que cambien esa coca por cacao ha sido difícil. Además, el cacao tiene un periodo de maduración de cuatro años. Para el agricultor es más rentable sembrar coca. Los narcotraficantes les pagan por cosechas adelantadas. Son cientos de dólares que obtienen unos agricultores acostumbrados a la absoluta pobreza.

 

¿Cómo se ha hecho entonces con esas 70 hectáreas?

En esas 70 hectáreas se ha cultivado, además, cítricos, rocotos, ajíes, páprikas, que están dando buenos rendimientos y que están siendo vendidos al exterior. Incluso hay una fábrica americana mexicana que se ha interesado en comprar 500 hectáreas de ají piquillo, páprika y rocoto. Además, con ayuda del Fondo Ítalo Peruano, hemos conseguido que se mejoren 1,000 hectáreas de cacao a través de asistencia técnica, capacitación, semillas mejoradas, agroquímicos. Pero lo más importante es que la iniciativa la han tomado los agricultores. Lo que hemos hecho nosotros es activar ese proceso y demostrarles que hay alternativas.

 

¿Cuál ha sido la respuesta de la población frente a la presencia reciente del Estado?

El hecho de que, por ejemplo, durante 30 años no se haya llevado a cabo la interconexión eléctrica Quinua-San Francisco, o una carretera que una al valle con Ayacucho, deja una marcada duda en la población, que no cree en su Estado. La base es la sostenibilidad. El Programa de Desarrollo del VRAE es un proceso que quizás dure tres décadas. La participación de la ciudadanía es importante. Todo proceso de desarrollo viene de abajo hacia arriba.

 

¿Se está incluyendo en el Plan de Desarrollo a las comunidades nativas?

Claro que sí. Ellos continúan viviendo en condiciones infrahumanas. A lo largo del valle tenemos 132 núcleos de comunidades nativas. Estamos tratando de incorporarlos al Programa, aunque en algunos casos se resisten, por las mismas costumbres ancestrales que poseen.

 

En una zona como el VRAE, donde algunas comunidades muy pequeñas están demasiado lejos una de la otra, ¿cómo logran focalizar la inversión?

Tenemos 1,722 centros poblados en el VRAE y no podíamos asistir a cada uno de ellos. Lo que estamos haciendo es una nuclearización, un tratamiento especial de articulación territorial. De esta manera sí podremos ayudar a las poblaciones, creando ciudades intermedias, señalando puntos importantes a lo largo de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro. Por cuestiones estratégicas, tanto en el punto de vista social, militar y administrativo, Canayre y Kiteni han sido tomados como centros potentes para el desarrollo de la zona.

 

¿Cómo toman esta iniciativa las comunidades más pequeñas?

A principios de enero estuvimos reunidos con cuatro pequeños pueblos de la margen izquierda del río Mantaro (José Olaya, Palmera, Nueva Esperanza, Jesús de Nazaret)  y se conformó un comité de desarrollo. Este comité llevará a cabo acciones que van desde el reconocimiento de la ciudadanía (muchos de ellos no tienen documentos, entonces se les está formalizando primero como ciudadanos) hasta el acceso a un título de Cofopri (Organismo de Formalización de la Propiedad Informal). Con Cofopri haremos una estrategia especial para no hacer una titulación individual sino colectiva. Porque si yo titulo a una persona es probable que siga sembrando coca. En cambio, si es una cooperativa, es más difícil el sembrío de la coca. Luego del título, podrán acceder a créditos, y con los créditos y una nueva agenda agraria podemos entrar a los procesos de producción para la exportación.

 

Todo esto se hace en forma disciplinada y técnica. Hasta diciembre del 2008, ya habíamos entregado 7,000 títulos de propiedad en el río Apurímac y a siete comunidades nativas en el río Ene.

 

¿Cuántas hectáreas sembradas de coca hay en el VRAE?

Unas 16,128 hectáreas. El 95% va para el narcotráfico. De ese 5%, una tercera parte va a Enaco (Empresa Nacional de la Coca), otra tercera parte al consumo local y tradicional como el chacchado, y la otra tercera parte a algún tipo de experimentación que se viene realizando en la zona.

 

¿Por qué no se erradica en el VRAE, a diferencia del Huallaga?

El Programa de Desarrollo sustituye a la erradicación forzosa. Nunca es bueno hacer nada a la fuerza. Los agricultores y pobladores podrían resentirse. No olvidemos que la gran mayoría de ellos continúa viviendo de la hoja de coca.

 

Se dice que el Plan VRAE es una copia del Plan Colombia.

Nosotros hemos analizado el Plan Colombia, el Plan de Ayuda a los Cocaleros en Bolivia, es cierto. Pero hemos trabajado un modelo peruano. El plan VRAE es absolutamente peruano.

 

¿Hay una conjunción en el trabajo con el plano militar y el plano policial?

Las Fuerzas Armadas están tratando de recuperar la zona del VRAE para el Estado a través de las acciones militares contra los remanentes subversivos. La Policía lucha contra los narcotraficantes. Ambos están dando golpes. Lo que nosotros hacemos es crear una plataforma de desarrollo socio económico. De manera que sí hay trabajo en conjunto entre los tres planos.

 

¿Qué le parece la creación de la Región Militar VRAE?

La Región Militar VRAE se ha creado con el objetivo de que haya un solo comando, para que las operaciones sean eficientes y rápidas. No nos olvidemos que el VRAE es una amenaza nacional, aunque esté circunscrito a una región determinada. La región militar y el frente policial apoyan el proceso de desarrollo socio económico que venimos trabajando, brindándole un marco de seguridad.

 

¿Qué cantidad de insumos químicos entran en la zona?

A lo largo del 2008 ingresaron al VRAE 1 millón 800 mil galones de kerosene, 60 mil galones de acetona, 120 mil galones de ácido sulfúrico y 60 toneladas métricas de cemento. Imagínese la contaminación ambiental y del agua de los ríos que está ocasionando tal cantidad de elementos contaminantes.

 

¿Cómo pasa esa enorme cantidad de insumos?

Eso pasa aproximadamente en 3,000 camiones cisterna. Diariamente entra una cisterna de kerosene al VRAE. Lo que falta es una ley de insumos químicos. La Policía debería tener en el VRAE una computadora y decir usted señor del camión de placa tal, ¿está inscrito en los registros del Ministerio de la Producción? Sí. Entonces pase. Si no está inscrito, todo eso se decomisa. No podemos poner garitas fijas porque si las ponemos en un lado, los camiones se van por otro lado. La solución son las garitas móviles, que tienen que tener un fiscal, un representante del Ministerio de la Producción, de la Policía y de la Sunat (Superintendencia Nacional De Administracion Tributaria).

 

¿Por qué no se hace esto de una vez, si es tan crucial no permitir la entrada de tal cantidad de insumos?

Lamentablemente, estas cosas toman su tiempo. El objetivo está planteado. No permitir la entrada de insumos químicos para conseguir que el precio de la hoja de coca baje y deje de ser rentable para los agricultores, quienes de esta manera optarían por los cultivos alternativos. Pero demora.

 

¿Qué tan contaminada está el agua de los ríos por los insumos químicos?

En Digesa (Dirección General de Salud Ambiental) hay unos análisis de la composición del agua de los ríos Apurímac y Ene, que en algunos casos es la que bebe la población, luego de entubarla. Había 283 unidades coliformes. Lo que se concibe en estándares mundiales son 13 unidades coliformes como máximo. Discúlpeme la expresión, pero era caca disuelta. Es urgente que haya agua potable y desagüe en el VRAE.

 

¿De qué manera resultan perjudicadas las tierras con el cultivo de la hoja de coca?

Al momento de sembrar la hoja, los agricultores en muchos casos le echan demasiados químicos corrosivos para que el alcaloide de la planta sea más fuerte. Eso origina que esta tierra ya no sirva para nada. Hay miles de hectáreas inservibles luego de años de cultivar la coca.

 

Con todo esto, ¿es optimista respecto al VRAE?

Le voy a contar una anécdota. Cuando el premier Jorge del Castillo me propuso ser responsable político del VRAE, yo cogí mi micro, como cualquier ciudadano, y entré al valle. Estaba en la plaza de armas de Sivia tomando una gaseosa, cuando en eso vi a unos niños jugando a la pelota. De pronto vinieron un par de camionetas con música a todo volumen y se bajó un tipo vestido de blanco lleno de oro y uno de los niños le dijo al otro: cuando sea grande quiero ser como él. Eso me hizo reflexionar a mí, como Jorge Durand, teniendo dos maestrías, un PHD, viniendo de trabajar en el Banco Mundial, me dije a mí mismo: mi experiencia no sirve para nada. No soy referente para nadie. Esa anécdota fue la que me impulsó a tomar esta responsabilidad.
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