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Martes 06 de diciembre 2022   |   Contáctenos
REVISTA

LA "SANTA" IMPERFECTA

Aumentan las críticas a Ingrid Betancourt
Ex rehén de las FARC ha sido tildada de egoísta, manipuladora y mezquina por sus antiguos compañeros de cautiverio.
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LA 'SANTA' IMPERFECTA

¿Puede la selva, aquel lugar plagado de animales peligrosos y con un clima asfixiante,  develar nuestra verdadera personalidad o, por el contrario, transformarnos en un ser irreconocible y completamente distinto?

 

¿Puede un cautiverio de más de cinco años en manos de personas sin el menor sentido de la humanidad, ignorantes, asesinos a sueldo y sátrapas sacar lo peor de nosotros de tal manera que no haya diferencia entre secuestrador y rehén?

 

¿Puede uno mantenerse incólume y firme en sus convicciones y es más, hacer de la tragedia un oportunidad para mejorar?

 

Hay pocas personas en el mundo que puedan responder a estas preguntas y una de ellas es Ingrid Betancourt, aquella política y ex candidata presidencial que se convirtió en el rostro vivo y dolorido de la guerra interna colombiana.

 

Su fotografía, en la que se veía sentada mirando a la nada en pleno campamento de las FARC, flaquísima como un esqueleto, con el cabello largo, y con actitud serena y digna, dio la vuelta al mundo.

 

Ella era la santa de nuestros tiempos y le convertimos un altar privilegiado en nuestros corazones al que acudíamos siempre para orar por su liberación. "Protégela, Señor", "que la dejen libre, Señor", "haz que resista, Señor", eran las súplicas de miles de devotos, colombianos y de todas partes del mundo.

 

 

Sufríamos si ella estaba enferma, nos indignábamos si las FARC se negaban a liberarla, y nos organizábamos cada cierto tiempo para pedir el fin de su tragedia. Por eso fue tan emocionante, casi al punto del éxtasis, cuando supimos que la "Operación Jaque" la había devuelto a su libertad, a su familia y a todos nosotros.

 

Han pasado nueve meses del rescate y Betancourt está retirada de la vida pública, escribiendo sus memorias pues tiene la necesidad de exorcizar los demonios del encierro en la jungla.

 

Otros ya lo han hecho o lo están haciendo y uno de sus demonios es nada menos que nuestra "santa Betancourt" o, como dijo magistralmente en un artículo el periodista César Hildebrandt,  la "Juana de Arco del Trópico".

 

La imagen que se presenta de ella no es nada halagüeña. Por el contrario deja al descubierto una mujer fría y calculadora, muy distante de las virtudes que le conocíamos. ¿O habrá sido todo parte de nuestra imaginación?

 

ROJAS: "ME DEMOSTRÓ QUE NO ES MI AMIGA"

 

Una de las primeras en criticar a Ingrid fue la que creíamos era su mejor amiga, Clara Rojas, quien compartió más de cuatro años de cautiverio con la ex candidata presidencial.

 

"Yo tuve una actitud generosa y por eso esperaba algo diferente de Ingrid, pero no fue así. Ha sido desconcertante y doloroso. La selva nos distanció y todavía no sé muy bien qué ocurrió, pero nunca he tenido nada en contra de ella. Eso sí, pensaba que era mi amiga, pero me ha demostrado que no lo era tanto", dijo Rojas al diario argentino Clarín.

 

Se ha especulado mucha sobre la relación entre ambas y aunque no se ha confirmado oficialmente, fuentes cercanas señalan que Clara nunca le perdonó a Ingrid la ligereza  –¿y falsedad? –  de decir que ella quiso matar a su hijo Emmanuel y que la salvó.

 

También le duele que Betancourt nunca haya reconocido que sabía de los peligros que exponía a su compañera de fórmula cuando la acompañó al Caquetá en plena campaña presidencial en febrero del 202, dando inicio a un infernal cautiverio.

 

UN ESPOSO DEFRAUDADO

 

Otro que ha vivido el tormento de la decepción fue Juan Carlos Lecompte, su esposo ante la ley pero con quien ya lleva varios meses separados.

 

Por años mantuvo el recuerdo de Ingrid vivo y pese a las malas noticias sobre su salud nunca perdió las esperanzas de volverla a ver. "Ella es todo lo que tengo en la vida y más", dijo una vez con un brillo especial en sus ojos.

 

Pero Ingrid no pensaba igual. Allá, en lo recóndito de la selva del Guaviare, ella inició un romance con otro de los secuestrados, el senador Luis Eladio Pérez, con quien compartió la hiel del secuestro y la miel de la hamaca.

 

"Esperaba un recibimiento cálido, porque de todas formas yo luché, hice todo lo que pude, trabajé por su libertad y merecía un agradecimiento que no hubo y fui el primer sorprendido", dijo ingenuamente Lecompte a los pocos días del regreso de Ingrid a casa.

 

El defraudado esposo no se daba cuenta de que el cuerpo y el corazón de Betancourt ya no le pertenecían y que las FARC solo habían terminado por romper algo que, seguro, ya estaba quebrado desde antes del secuestro.

 

Hace unos días Betancourt interpuso la demanda de divorcio por "separación de cuerpos de hecho" y los abogados de Lecomte la han rechazado. Él alega que no fue una separación voluntaria sino creada por una fuerza mayor, las FARC.

 

En realidad, lo que él busca es una contrademanda que le permita pedir el divorcio y tener la última palabra en una relación por la que dio tanto y no recibió ni las gracias. Se lo merece, después de todo.

 

EL LIBRO DE LA REVELACIÓN

 

Pero ha sido el libro "Out of Captivity" la mejor radiografía moral de la candidata convertida en heroína por el pueblo. Escrita por tres contratistas estadounidenses secuestrados por las FARC en el 2003 y rescatados el año pasado, se ha convertido en un éxito de ventas en EE UU.

 

En sus 480 páginas Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves relatan, ayudados por el escritor Gary Brozek, los pormenores de sus 1,967 días de cautiverio en la selva colombiana.

 

Califican a las FARC como una mezcla variopinta de "adolescentes idealistas" y "veteranos curtidos" sin temor a la muerte, pero son sus experiencias con Betancourt las que más llaman la atención del lector. Por cierto, no tienen nada bueno que decir.

 

A Ingrid la describen como una mujer narcisista, manipuladora y mezquina, lejos de la imagen perfecta, educada, solidaria, leal y humana que tenemos de ella.

 

Stansell la acusó, incluso, de haber ayudado a los narcoterroristas en una requisa contra los estadounidenses a los que acusaba de ser de la CIA.

 

"Mi visión de ella no es positiva. Ella nos quería en otra parte del campamento. Su tono era recio, y pude ver una mirada de disgusto en los ojos de "Sombra" (jefe de las FARC). Él le dijo que éramos personas educadas y que no íbamos a quedar allí", señaló por su parte Gonsalves.

 

"Ella le escribió a ‘Sombra’ de que éramos agentes de la CIA. Una farsa que nos pudo costar la vida. Es una persona que le gusta manipular y controlar las cosas y eso en cautiverio es una cosa muy difícil. ¿Por qué habría de callarme?", agregó.

 

Los estadounidenses incluso hablan de que ella se creía con el derecho inaceptable de comer una mejor ración que los demás y a bañarse primero y mejor.

 

El libro ha levantado la polémica en Colombia y, aunado a las críticas de Rojas y Lecompte, ha abierto el debate de hasta dónde se puede idealizar a una persona de tal manera que sea confuso distinguir entre la percepción colectiva y el verdadero "yo".

 

Lo más seguro es que Ingrid Betancourt sea la persona más ingrata, egoísta y manipuladora del mundo como dicen tantos. Pero también es cierto, que soportar un cautiverio de tantos años en la selva y en manos de un grupo como las FARC requiere de cualidades, tanto buenas, como malas, para sobrevivir.

 

Dejémoslo claro, ella solo quería sobrevivir. Si fue santa, es santa o se convertirá en una santa de la tragedia colombiana eso depende de nosotros. Lo que pasa es que nos resistimos a aceptar la naturaleza humana en algunas personas, e Ingrid Betancourt, con sus defectos y virtudes, es una de ellas.
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