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Jueves 24 de septiembre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

Las lámparas de Silvana Llosa

De luces y sombras
Silvana Llosa ha navegado por todas las aguas del arte, ha realizado esculturas en todos los materiales, se ha dedicado a la pintura, la cerámica y la decoración. Finalmente, deslumbrada por la luz que podía crear, decidió elaborar lámparas decorativas, convirtiéndose en la diseñadora más innovadora y prestigiosa de nuestro medio.
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Las lámparas de Silvana Llosa

El inicio fue oscuridad, y los temores habitaban en las grietas donde la claridad no penetraba. Ese manto de penumbras era albergue de temores, hasta que Silvana Llosa hizo la luz, creó la luz a nuestro gusto, y amoldó bellamente el soporte sobre el cual encapsularía a la escurridiza energía. Ideó la manera en que aquella prisión luminiscente se convirtiera en un paraíso ornamental en nuestra habitación.

La luz quedó atrapada en bellas cárceles de energía, estas fueron de todos los tamaños, colores, formas y materias; experimentó con toda clase de productos, desde papel hasta las sofisticadas lámparas de tela. Finalmente se rindió a la belleza y transparencia del papel japonés, el cual recubre un sólido soporte de acero sobre una maciza base enchapada de madera para dar formas a las bellas lámparas que comparten con su creadora el nombre: Silvana Llosa.

 

EL NACIMIENTO DE UNA ARTISTA

 

Pero descubrir la luz es tan complicado como develar nuestra existencia misma. Nuestra alma debe atravesar por más círculos que los que padeció Dante para desmadejar el camino de su destino. A Silvana no le fue indiferente ese mar de dudas que nos inunda el alma.

 

De niña, su imaginación siempre estuvo un paso delante de su cuerpo, y una forma de aprisionar sus sueños; siempre ingrávidos, flotantes, sobreexpuestos a la realidad, era volar hacia ellos y que mejor forma de alcanzarlos que siendo astronauta.

 

La pasión por las estrellas y los astros luminosos nunca desapareció, pero su entusiasmo por despegar de la tierra dentro de un cohete se extinguió, cuando descubrió la magia de los colores.

 

Los colores no solo le daban vida a su vida, le ofrecían el protagonismo de un ser creador, un Dios en miniatura que podía plasmar sobre el impávido papel blanco lo que deseara. No impregnaba los lienzos de su infancia con realidad, estos eran atiborrados con expresiones de sus sueños, aspiraciones, su interpretación y traducción del mundo que la rodeaba, la infinitud del arte había cautivado su esencia.

 

La pasión por los colores y los trazos fue reforzada por las constantes visitas a museos, salas de exposición y cuanta manifestación artística se presentase, siempre tuvo una asistencia religiosa, un matrimonio tácito con las muestras de arte, a las que acudía de la mano de su padre, gran aficionado al arte; y quizás, quien sin saberlo avivó su espíritu creador y encaminó a Silvana hacia el mundo de la expresión.

 

De esta manera, entre obras de arte ajenas y dibujos propios; se perfiló su destino, su alma palideció ante la grandeza de ese infinito mundo que pueden ser las artes. Silvana se rindió a los encantos de la expresión del alma y fue entonces cuando descubrió una de las primeras certezas que tuvo en la vida: sería artista, no sabía cómo, ni qué cosa haría, lo único seguro es que una vida excluida de colores, creación y diseño sería un calvario insufrible.

 

LA FORMACIÓN DE UNA ARTISTA

 

Terminó el colegio y se enrumbó a Inglaterra, ahí se graduaría como diseñadora textil en el prestigioso instituto Huddersfield Technical College. De regreso al Perú, decidió ampliar sus conocimientos y se instruyó en artes plásticas en Corriente Alterna, posteriormente estudiaría diseño de interiores en Toulouse Lautrec.

Su espíritu estaba inundado de arte, podríamos decir que su sangre era un torrente de inspiración clamando representación sobre algún soporte, ansiaba maquillar el lienzo de la vida con evocaciones personales, realizó esculturas, cerámicas y cuadros.

 

Pero, los caprichos del destino, encadenaron el dinamismo de su cuerpo a la inmovilidad. Silvana fue operada, y esto implicó que durante seis meses las muletas fuesen una prolongación de su cuerpo. La operación la convirtió en una artista de clausura.

 

Esta aparente desventaja originó que enrumbara sus intereses. Silvana había regresado de Indonesia, y trajo con ella una bella lámpara de papel y vela que la había cautivado. Se propuso, diseñar una lámpara igual para disipar el aburrimiento que prometían esos seis meses de desplazamiento restringido.

 

Transcurrieron unos días y la lámpara estaba terminada, físicamente era idéntica a la original. Sus amigas que la visitaban le sugirieron que les haga una, esa pequeña obra de arte, era irresistible como para no querer tenerla. De este modo empezó a diseñar más lámparas.

 

Finalmente se propuso hacer sus propios modelos, los cuales debían ser originales y en números limitados. Las lámparas seguían cautivando, los pedidos eran cada vez mayores, el tiempo para cumplir los contratos se acortaba, y en aquellas prolongadas noches de trabajo no hubo mejores compañeros de inspiración y remedios contra el sueño que el café y los cigarros.

 

Quizás, en medio de volutas de humo, la inspiración se entrelazó con los pensamientos, y Silvana descubrió que el diseño de lámparas era un mundo inexplorado en el Perú. Las lámparas que se vendían en centros comerciales eran hechas sin pensar en el ambiente donde reposarían.

 

?Yo diseño una lámpara para cada ambiente más que para cada persona. Cuando las diseño, prepondero el estilo de la decoración que tiene el espacio, así como las dimensiones de este y sus necesidades de luz? comenta la artista. 

 

Sin proponérselo Silvana había logrado cautivar a las personas, los pedidos se incrementaban y como cereza sobre la creatividad, prestigiosos restaurantes solicitaron sus obras.

 

Su fama se incrementaba y consolidada, vinieron las entrevistas, su presencia en los medios de comunicación fue más frecuente, y finalmente la galería Artco de San Isidro le solicitó que hiciera una exposición.

 

Una exposición suele ser el gran desafío de todo artista, Silvana diseñó más de 30 lámparas con motivos inspirados en el artista Isamu Noguchi. Realizó lámparas escultóricas de pared, colgantes y de pie. Cuando todo estuvo listo, un pequeño detalle perturbó la calma, no tenia nombre para la exposición.

 

Silvana quería personalizar su primera muestra, algo que fuera una seña, que lo que desnudaba su espíritu era el recorrido de toda su vida, la suma de sus conocimientos y experiencias. Decidió llamar a la exposición ?7500 watts?, en alusión al año 1975 en que nació y los watts que son la medida de la potencia a nivel internacional. Casualidades de la vida, sumados el total de energía de las lámparas promediaban 7500 watts.

 

El resultado de la exposición, solo pudo ser uno, consolidar su prestigio como la mejor diseñadora de lámparas decorativas de nuestro medio. Actualmente, sus lámparas se exhiben en exclusivas  galerías como Dédalo, Índigo y en su recién abierto Showroom. Igualmente, sus diseños han llegado a diversos países, exhibiéndose en la actualidad en Estados Unidos, lugar donde son muy solicitados. 

En la actualidad, Silvana Llosa se encuentre enfrascada en la producción de nuevos diseños para una futura exposición que realizará el próximo año, la misma que según manifestó ?será mil veces mejor que la primera, mostraré mi evolución, mi progreso como artista y no un estancamiento creativo?.  Finalmente podemos decir que Silvana reivindica aquello que dijo el escritor francés Henri Barbusse: La sombra no existe; lo que tú llamas sombra es la luz que no ves.

 

Ubíquela:

Silvana Llosa
Teléfono: 998 394 315

Showroom (previa cita) Av. Vasco Núñez de Balboa 285 - Miraflores

Web: www.silvanallosa.com
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