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Lunes 25 de enero 2021   |   Contáctenos
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EJE DEL MAL EN LATINOAMÉRICA

Israel advierte alianza entre Irán, Venezuela y Bolivia
Polémico canciller israelí, Avigdor Lieberman, realiza gira por Brasil, Argentina, Perú y Colombia, y no se calla nada.
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EJE DEL MAL EN LATINOAMÉRICA

Henry Kissinger, uno de los secretarios de Estado más influyentes que ha tenido Estados Unidos, ha dicho siempre que en política exterior "nada es estático" y que la geopolítica no se inspira en "buenas intenciones", sino en la defensa de los "propios intereses".

 

Ello puede aplicarse entonces a Israel, un país relativamente joven en el escenario mundial, con 61 años de creación, la única democracia en Medio Oriente, y cuya máxima relación diplomática en el continente americano se resumía a Estados Unidos, su aliado incondicional histórico.

 

Con los demás -es decir, América Latina- se mantenía una buena pero distante relación que se enfocaba más en pequeños aspectos de cooperación económica y el seguimiento de las comunidades judías.

 

Ciertamente para Tel Aviv, nuestra región no estaba en su área de influencia como podía ser Washington, centro del poder mundial, o Europa, cuya cercanía geográfica e histórica lo une estrechamente con Israel.

 

Sin embargo, esta situación ha cambiado radicalmente en los últimos años al punto de que la Cancillería israelí tiene hoy entre sus máximas prioridades un mayor acercamiento con América Latina.

 

Para cumplir este objetivo es que, por primera vez en varias décadas, un ministro de Relaciones Exteriores israelí ha emprendido una gira por la región. Así, Avigdor Lieberman, quien también es vice primer ministro, ha visitado Brasil, Argentina, Perú y se apresta a llegar a Colombia.

 

Pero, ¿qué ha motivado este cambio de estrategia en las autoridades israelíes?, ¿cuál es el panorama al que se enfrenta Lieberman?, y sobre todo, ¿tendrá éxito?

 

ESTRECHA COOPERACIÓN

 

Para empezar, habría que decir que la gira de Lieberman tiene como intención explícita combatir la influencia iraní en Latinoamérica y que ha tenido como puerta de entrada a la Venezuela de Hugo Chávez.

 

Desde su llegada al poder en el 2005, el presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad ha convertido a la región en un factor clave dentro de su política exterior de provocación contra Estados Unidos.

 

"Irán no es un país ingenuo, inocente, que llega al continente simplemente porque quiere ampliar relaciones, sino que tiene una serie de actitudes negativas. Quiere provocar a Estados Unidos, al que ve como el Gran Satán", ha declarado recientemente Dorit Shavit, directora general de la cancillería israelí para América Latina y el Caribe.

 

Ahmadineyad, un ultraconservador que niega la tragedia del Holocausto y llama insistentemente a la destrucción del Estado de Israel, vio como su mejor compañero de batalla a Chávez, quien es actualmente el mayor enemigo de Washington en la región.

 

Según cálculos oficiales venezolanos, en apenas cuatro años, Caracas y Teherán han firmado alrededor de 150 acuerdos comerciales y de inversión valorados en US$ 20,000 millones.

 

Por si fuera poco, ambos países han creado una compañía conjunta para la exploración de gas y petróleo -de las que son potencias mundiales- y que tiene como capitalización más de mil millones de dólares.

 

En el 2007, un informe de la Organización Mundial de Comercio reveló que Irán no figuraba entre los cinco principales socios comerciales de ningún país latinoamericano. En el 2009, según las Naciones Unidas, Irán es el tercer inversor extranjero directo en Venezuela.

 

La cooperación política también está en su mejor momento. Chávez ha viajado siete veces al país asiático y se ha reunido en 11 ocasiones con Ahmadineyad, al que llama su "compañero y amigo".

 

El presidente venezolano, incluso, se ha convertido en el mejor promotor de Irán en la región, lo que ha permitido a Teherán mejorar sus relaciones con otros países, especialmente Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

 

Desde hace dos años, los iraníes han abierto una embajada en Managua, donde trabajan más de 40 personas, y, de no mediar inconvenientes, serían uno de los principales socios financieros en la construcción de un puerto en la costa atlántica nicaragüense.

 

En Ecuador, el presidente Rafael Correa viajó recientemente a Teherán donde firmó 12 acuerdos para promover la cooperación bilateral, entre ellos uno de US$ 280 millones para invertir en la infraestructura petrolera del país sudamericano. Quito tampoco ha descartado la adquisición de equipos militares iraníes para sus Fuerzas Armadas.

 

Mientras, en Bolivia, Irán y Venezuela han invertido US$ 230 millones en una cementera y el gobierno de Ahmadineyad ha construido dos hospitales. El presidente iraní visitó La Paz en el 2007 y ha prometido invertir unos mil millones de dólares en la industria del petróleo y gas boliviano.

 

CONTACTO TERRORISTA

 

Todos estos acuerdos de cooperación política y económica no tendrían nada de malo, pero es necesario mirar más allá. Para Israel, el arribo a Latinoamérica de Irán supone también la presencia de elementos peligrosos para su seguridad.

 

Informes de Inteligencia estadounidense han alertado de la presencia de extremistas islámicos en la triple frontera -Paraguay, Argentina y Brasil- que tras la fachada de organizaciones de caridad recaudan dinero para luego enviarlo a Medio Oriente.

 

Además, Israel ha detectado células del grupo islamista libanés Hezbollah -vinculado a Teherán- en La Guajira, departamento de la frontera nordeste de Colombia con Venezuela.

 

Para Shavit los extremistas lavan dinero también en la isla de Margarita y con ello financian los atentados terroristas en Gaza y el Líbano.

 

En su gira por la región, Lieberman ha alertado sobre los peligros de la presencia iraní e incluso ha hablado de un Eje del Mal -parafraseando a Bush- entre Irán, Venezuela y Bolivia. Según el canciller israelí, estos países latinoamericanos han apoyado abiertamente el programa nuclear iraní, lo que supone una de las mayores amenazas para la paz mundial.

 

Teherán asegura que tiene fines pacíficos, pero el gobierno israelí y buena parte de la comunidad internacional, entre ellos Estados Unidos y los países europeos, sospechan que el objetivo es lograr armamento nuclear.

 

En su visita por Lima, Lieberman ha sido enfático en señalar que si Irán logra hacerse con la bomba atómica pondrá en peligro la seguridad del Estado israelí y desatará una carrera armamentista en el Medio Oriente.

 

"Los países árabes no permitirán un Irán con armas atómicas, eso es seguro", dijo Lieberman en una recepción en el Club Sharon de San Isidro. "No hay que olvidar que Irán es el principal patrocinador del terrorismo internacional", agregó.

 

LENGUA PROCAZ

 

El jefe de la diplomacia israelí cree que es vital recordar a Latinoamérica el peligroso historial iraní, pero su mensaje ha encontrado la resistencia de algunos sectores que ven con desconfianza el historial mismo de Lieberman.

 

Judío de origen moldavo y líder del partido nacionalista Yisrael Beytenu, Lieberman ha sido tildado de "racista anti-árabe" que "mandó al infierno" recientemente al presidente egipcio Hosni Mubarak.

 

A comienzos de año y en plena ofensiva militar israelí en Gaza, su lengua procaz lo llevó a decir que cien toneladas de munición pesada en el pequeño territorio palestino no eran suficientes. Mejor era una bomba nuclear. "Debemos seguir combatiendo a Hamas como Estados Unidos hizo con Japón en la Segunda Guerra Mundial", dijo al diario Jerusalem Post.

 

En el 2002, pidió bombardear Teherán, la presa egipcia de Aswan, y Beirut, asesinar a Arafat y aplastar Cisjordania. "No dejar piedra sobre piedra, destruir todo", reclamaba.

 

Cuando su partido ganó 15 escaños en las pasadas elecciones legislativas israelíes, se convirtió en un actor clave para la formación del nuevo gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu.

 

Lieberman le pidió la Cancillería y Netanyahu aceptó, en una jugada política que aún es criticada. Es importante señalar que los polémicos antecedentes del ministro de Relaciones Exteriores le ha provocado bochornosos desplantes en los casi cuatro meses que lleva en el cargo.

 

En recientes giras por Estados Unidos y Francia, no fue recibido por los presidentes Barack Obama y Nicolás Sarkozy, lo que revela un preocupante malestar en el lenguaje diplomático.

 

Lieberman no ha tenido esos problemas en Sudamérica. Lula lo recibió en Brasil, Cristina Fernández en Argentina, y Alan García en el Perú, pero sí se han registrado protestas de algunos sectores sociales y políticos.

 

UNA PERSONA PRAGMáTICA

 

Para calmar los ánimos, la diplomacia israelí ha intentado mostrar a Lieberman como una persona pragmática y razonable, preocupada en el avance de los grupos extremistas y sincero en sus deseos por lograr la paz en el Medio Oriente. Su discurso ha sido escuchado con atención, aunque sin emoción, por lo que no puede hablarse de un éxito en su gira, pero tampoco de un fracaso.

 

Brasil, que tiene fuertes relaciones con los países árabes, ha valorado el llamado a la paz de Lieberman, pero insiste en un Estado palestino "viable" y se prepara para recibir a Mahmoud Ahmadineyad en una visita oficial para firmar acuerdos de cooperación.

 

Argentina, que alberga a la mayor comunidad judía en Latinoamérica -250,000 miembros-, ha unido esfuerzos con Israel para resolver los atentados terroristas contra objetivos judíos de 1992 y 1994, y en los que está detrás Irán. Sin embargo, el gobierno de la presidenta Fernández mantiene una fuerte amistad con Hugo Chávez y Evo Morales, aliados de Teherán.

 

Son quizá Colombia y Perú, los mejores aliados que tiene Israel en estos días en Sudamérica y con los que puede unir fuerzas para frenar la alianza Teherán-Caracas-La Paz. Todo depende de los acuerdos de cooperación que se firmen en el futuro.

 

Afinidad política la hay, y el astuto de Lieberman lo sabe. Sólo queda esperar.
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