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Sábado 28 de noviembre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

LA AGENDA LATINA DE OBAMA

Planes del candidato demócrata para nuestra región Obama
Las primarias han quedado atrás. Ahora, ante ellos y, por qué no decirlo, también ante nosotros, quedan ya tan solo las convenciones ratificatorias en las que Barack Obama y Jhon McCain serán proclamados candidatos presidenciales del partido Demócrata y Republicano respectivamente. Mientras, un análisis al contenido del programa para América Latina del virtual candidato demócrata…
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LA AGENDA LATINA DE OBAMA

A diferencia de otros candidatos presidenciales demócratas, Ba­rack Obama ha alzado la voz para pedir una "nueva alianza con Latinoamé­rica". Sus palabras han dejado sorpren­didos a políticos y analistas de esta parte del planeta que recuerdan que los gobier­nos demócratas nunca han supuesto un avance real en las relaciones hemisféricas con EE UU, debido a su proteccionismo comercial que los ha caracterizado.

 

El gobierno del presidente William Je­fferson Clinton (1992-2000) hizo poco o casi nada por mejorar las relaciones con Latinoamérica, y no fue hasta principios del gobierno del republicano George W. Bush que se comenzó a hablar de la im­portancia política y económica de la re­gión. Sin embargo, los atentados terro­ristas del 11 de setiembre del 2001 en Nueva York involucraron a EE UU en la guerra contra el terror y, de esa mane­ra, Latinoamérica dejó de estar entre las prioridades de la Casa Blanca.

 

"Si bien es cierto que Bush ha viajado a América Latina más que cualquier otro presidente estadounidense en la historia y se han firmado acuerdos comerciales con Centroamérica, Chile y Perú, los ojos y la atención de Washington han estado puestos en zonas como el Medio Oriente y el sudeste asiático", señaló a GENER@CCION, Derek Shearer, diplomático estadounidense de paso en Lima hace tan solo unos días.

Eso, supuso una "oportunidad histórica perdida", que el sena­dor por Illinois, virtual candidato a la presidencia por el Partido Demócrata, espera remediar, dejando constancia que la agenda latina, compuesta por el problema de los inmi­grantes en EE UU y la polí­tica de la Casa Blanca con respecto a nuestra región, jugaría un papel clave en las elecciones generales de noviembre próximo.

 

Pero, ¿será posible una nueva política de Washing­ton hacia Latinoamérica?, y de serlo, ¿cuáles serían las ofertas del primer can­didato negro a la presi­dencia estadounidense hacia nuestra región?

 

"DIPLOMACIA FUERTE"

En un evento organizado a fines de mayo por la Fundación Cubanoamerica­na (FNCA), el candidato Obama detalló sus planes en el que la principal propues­ta es iniciar pláticas con los enemigos de EE UU, a la sazón Cuba y Venezuela. "Se puede discrepar con ellos pero también se debe hablar dentro de una política de diplomacia fuerte que no nos humille", aseguró ante un auditorio de 700 perso­nas en Miami.

 

Respecto a Cuba, Barack Obama se­ñaló que mantendría el embargo, pero levantaría las restricciones de viaje para quienes tienen familiares en la isla y no pondría límites a los envíos de remesas. "Es hora de una nueva estrategia que vaya más allá de una retórica dura que no trae resultados", declaró el senador afroamericano, quien agregó que "no hay mejores embajadores de la libertad que los cubanoamericanos". Veamos por qué…porque respecto a otros de sus te­mas latinoamericanos, disponemos aquí de algunos de sus planes.

 

En Colombia, continuaría con el apo­yo de EE UU al llamado "Plan Colombia", en el que desembolsa US$ 600 millones al año para combatir al narcotráfico y la guerrilla. Pero al mismo tiempo, se opon­dría a aprobar el TLC que se firmó con el país andino hasta que el gobierno del presidente Álvaro Uribe mejore la protec­ción a trabajadores sindicalizados y evite la impunidad.

 

En Brasil, desearía una alianza es­tratégica con el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva a fin expandir la oferta de biocombustibles renovables en toda La­tinoamérica y reducir así la dependencia con respecto al petróleo. Se negaría, en cambio, a reducir el arancel de 54 centa­vos de dólar por galón impuesto al etanol brasileño, a pesar de que es una antigua demanda de Brasilia.

 

En México y Centroamérica, formularía una iniciativa de seguridad con los veci­nos latinoamericanos, que se extienda más allá de Centroamérica, estimulan­do la cooperación contra el narcotráfico y las actividades criminales y delictivas. Ofrecería ayuda para el fortalecimiento del sistema judicial y en el combate a la corrupción. Ha dicho que su prioridad se­ría México y en ese sentido, buscaría una

reforma migratoria integral en el plazo de un año y mejoraría la seguridad en la vasta frontera que ambos países comparten.

 

En Venezuela, quisiera contrarrestar la retórica del presidente Hugo Chávez, un feroz crítico de las políticas de Washington, mediante el resta­blecimiento del liderazgo de EE UU en la región. "Chávez es una amenaza, pero manejable", ha dicho.

En asistencia internacional y deuda, pretende­ría duplicar la asistencia internacional a la región hasta alcanzar un monto de US$ 50,000 mil mi­llones al año hasta el 2012, enfocándola hacia las microfinanzas, entrenamiento vocacional y programas comunitarios. También ofrecería con­donar la totalidad de las deudas a países pobres tales como Bolivia, Guyana, Haití, Honduras, Pa­raguay y Santa Lucía.

 

En resumen, el candidato demócrata desea un acercamiento con América Latina que se base en una agenda que promueva la democracia, la seguridad, el crecimiento económico, la asistencia financiera e ini­ciativas regionales energéticas. "Aunque EE UU ha sido incapaz de resolver las realidades cambiantes de este continente, otros países de Europa y Asia, en especial China, han establecido sus propias relaciones", afirmó en la FNCA. Ha tomado nota.

 

EL "NEW DEAL"

Para Barack Obama, el nuevo trato o New Deal, en la senda de Franklyn D. Roosevelt –a quien él admira- debe ser contraria a la estrategia Bush, quien en los últimos años condiciona­ba los favores de la liberalización comercial –como el TLC con Chile- a su apoyo en la guerra de Iraq. Es esa política la que ha pro­ducido el rechazo de numerosos sectores y el repunte del populismo en Latinoamérica, según el candidato presidencial.

 

En ese sentido, cree que las propuestas de su virtual contrincante, el republicano John McCain es algo más de lo mismo. McCain ha asegurado que priorizará el libre comercio en su gobierno porque ello llevará a desarrollar la democracia, negándose a hablar con pre­sidentes latinoamericanos del talante de Raúl Castro y Hugo Chávez, hasta cuando estos acepten las condiciones planteadas por los EE UU.

 

Los analistas, parecen coincidir con Ba­rack Obama hasta ahora. "La visión de Mc­Cain sobre Latinoamérica es tradicional. El continúa viendo la región desde la óptica de que el comercio es más importante que la ayuda, donde la promoción de la democracia está más alineada con los principios conser­vadores", señaló Larry Byrns, presidente del Consejo de Asuntos Hemisféricos, con sede en Washington.

 

"Ese es el perfil de alguien que piensa en los términos de la Guerra Fría. Alguien con­gelado en el tiempo que no se ha enterado que Latinoamérica ha cambiado y que busca una nueva relación con EE UU, basada en la autonomía y no en la capitulación", agregó Byrns.

 

Peter Hakim, presidente de Diálogo Inte­ramericano, coincide con esta opinión sobre McCain, pero critica la insistencia de Barack Obama al querer "restaurar" el liderazgo de EE UU en la región, porque es algo "absur­do". "Él tiene que entender que esta no es la Latinoamérica de su abuela", señaló, aunque le reconoció que su estrategia tiene "nuevas ideas, es más experimental y hay mayor res­peto por la pluralidad".

 

El mayor reto de Obama sería entonces, conocer con mayor profundad la realidad latinoamericana. Resulta por demás curioso que a sus 46 años, el elegido demócrata no haya viajado nunca a América Latina y que confíe más en lo que le dicen sus asesores de política exterior. Si cambian las cosas, no sería sorprendente que Obama realice una gira por Latinoamérica, quizás a México, Bra­sil y Colombia lo que daría una señal de que no somos el patio trasero de EE UU. Que los necesitamos, pero que ellos también nos ne­cesitan.

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