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Lunes 25 de enero 2021   |   Contáctenos
REVISTA

OMINAMI, LA CARTA DE PROTESTA EN CHILE

La sorpresa de la campaña presidencial
Ex militante socialista divide en Chile al bloque centro izquierdista "Concertación de Partidos por la Democracia" y lo encamina hacia su primera derrota electoral en dos décadas.
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OMINAMI, LA CARTA DE PROTESTA EN CHILE

A principios de mayo el ambiente político en Chile era como el cielo de Lima estos días de invierno: gris y abúlico. Nada hacía levantar el ánimo de la gente o subir la temperatura en los medios de comunicación, al punto que muchos se olvidaron que estaban en plena campaña electoral.

 

Ni el derechista Sebastián Piñera ni el oficialista Eduardo Frei lograban encender las pasiones de las multitudes que estaban ávidas de esos mensajes provocadores -no insultantes, vale decir- que hacen de los meses previos a las elecciones "pura adrenalina".

 

Las encuestas mostraban que Piñera llevaba una ventaja y que Frei iba rezagado por unos cuantos puntos. Así había sido y así sería hasta diciembre, pensaron los chilenos. Una lucha conocida y aburrida de la que muchos se negaban a aceptar o a participar.

 

Sin embargo, en junio pasado ocurrió un terremoto político cuyas consecuencias todavía están lejos de definirse. Irrumpió en la cancha un joven de 36 años quien dijo ser la "carta del cambio" y el único capaz de llevar a Chile por las vías del desarrollo.

 

Su nombre es Marco Enríquez-Ominami (MEO), quien en medio de dos meses ha logrado dar un salto gigantesco en las encuestas y ya se disputa el segundo lugar con Frei, un viejo político demócrata-cristiano que gobernó Chile entre 1994 y el 2000.

 

Su éxito en la campaña ha sido tal que algunos analistas no dudan en llamar a Ominami el "Obama chileno", aunque otros hacen un llamado a la moderación, pues las posibilidades de que todavía sea un fenómeno temporal siguen siendo altas.

 

Pero, ¿quién es este Ominami que ha desatado las pasiones entre el electorado y es tratado como una estrella de rock por los medios de comunicación? ¿Es un fenómeno sólido o sólo se trata de una moda pasajera?

 

RAÍCES IZQUIERDISTAS

 

Nacido tres meses antes del golpe de Estado que derrocó al presidente Salvador Allende el 11 de setiembre de 1973, Marco es hijo de Miguel Enríquez, líder histórico del grupo guerrillero Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), quien murió abatido por agentes militares del pinochetismo en 1974.

 

Su madre, Manuela Gamucio, partió al exilio en Francia y allí conoció al político chileno Carlos Ominami, quien meses después aceptó al pequeño Marcos y lo adoptó como hijo suyo al que prodigó amor y una educación de excelencia. Sus estudios primarios los realizó en el Lycée Victor Hugo, en París, en los años 80; y los secundarios en la Alianza Francesa de Santiago y en el Saint George's College.

 

En los años 90 cursó estudios en la facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y entró de lleno a otra de sus pasiones: el cine. Ha dirigido varios documentales, cortometrajes, spots publicitarios y quienes lo conocen, aseguran que vive obsesionado con dirigir la película de su vida.

 

ENTRA A LA POLÍTICA

 

En el 2006 decidió seguir sus instintos -o sus fantasmas familiares- y postuló por el Partido Socialista al Parlamento, en donde consiguió una curul en el Senado. Su juventud, talento innato y buena apariencia llamó la atención de los viejos líderes de la Concertación que veían en él a un buen prospecto. Pero para el futuro.

 

La Concertación había surgido en los últimos años de la era Pinochet y logró un éxito sin precedentes al juntar a viejos enemigos políticos dentro de una gran coalición de partidos de centro-izquierda.

 

Así unieron fuerzas los partidos Socialista (PS), Demócrata Cristiano (DC), Por la Democracia (PPD) y Radical Socialdemócrata (PRD) que desde 1990 han ganado cuatro elecciones. Todas, victorias que han sido alimentadas por los grandes logros sociales y económicos que ha tenido Chile como la reducción de la pobreza y el aumento significativo de las inversiones.

 

Con el histórico triunfo de Bachelet en el 2006, se hizo posible que una mujer alcanzara por primera vez el poder en La Moneda, pero también dio paso al resquebrajamiento de la Concertación.

 

La coalición oficialista había llegado al tope, a su punto máximo, en donde las ideas y los enfoques nuevos eran escasos. Para esta campaña, simplemente no había rostros frescos e interesantes que puedan cautivar al elector.

 

Ominami creyó que podía ser el candidato ideal pero su "atrevimiento" fue criticado por los viejos patriarcas del bloque quienes bloquearon su participación en las primarias de la Concertación en las que salió elegido Eduardo Frei.

 

Ominami renunció indignado al Partido Socialista para presentarse como candidato presidencial independiente en las próximas elecciones, en una medida que fue calificada de "traición" por el bloque más duro de los concertacionistas.

 

MEO acusó a la clase dirigente de bloquear la competencia y el debate de ideas dentro de la Concertación con el único afán de mantener ciertos privilegios y llamó a una reforma total del sistema que corrija los errores de los últimos años.

 

IZQUIERDA DE JUICIOS COMPLEJOS

 

Basta ver las encuestas para saber que su mensaje ha calado hondo en una gran parte del electorado que ve en él más a la "carta de protesta" que al cambio en sí mismo del sistema.

 

Ominami lo ha ratificado. Él no busca dinamitar todo el aparato ideológico y político de Chile, ni mucho menos crear revoluciones fundacionales como otras alternativas izquierdistas en Latinoamérica -vease a Venezuela, Ecuador y Bolivia-.

 

Él, por el contrario, quiere crear una nueva mayoría -pragmática, moderna, independiente- que se desenmarque del clásico esquema derecha-centro izquierda que vive Chile desde hace más de cinco décadas.

 

Ominami dice ser un izquierdista de "juicios complejos", un "liberal", que está a favor de privatizar parcialmente las empresas estatales y que habla de "mejorar el mercado". Hasta aquí, ya se aleja bastante de la corriente chavista en la región y se mantiene en la tradicional y responsable izquierda chilena, que sintoniza muy bien con Lula en Brasil.

 

También es partidario del aborto, el matrimonio homosexual y ha revelado que en su adolescencia probó marihuana y cocaína, algo que no lo avergüenza. "Fue un error pero ello prueba a los chilenos que soy un candidato de carne y hueso, con sus defectos, transparente y auténtico", dijo en una ocasión.

 

La derecha ha tildado de populista e inexperto a Ominami, pero en sus filas hay temores hacia una candidatura que le arrebata el mensaje de cambio a Sebastián Piñera, quien lleva más de tres años en campaña.

 

Piñera, un empresario de éxito, y sin vínculos importantes con el pinochetismo lucha para convencer al pueblo chileno que la derecha ya dejó atrás su amor hacia la dictadura. Pero Ominami está ahí para recordarles que todavía no ha habido un mea culpa por 17 años de represión.

 

¿PACTO A FUTURO?

 

Mientras tanto, en las bases de la Concertación cunde el desconcierto por el fenómeno MEO. Los partidarios mantienen su fidelidad a la candidatura de Frei, pero no pueden negar el desgaste político del bloque, que ha visto alejarse también a otros líderes históricos descontentos por el manejo de la alianza.

 

La Concertación ya no es sinónimo de "cambio", ni de "esperanza", dos palabras que se asocian hoy a Ominami. El oficialismo está dividido ahora entre aquellos que están a favor de atacar con toda contundencia al ex militante "rebelde" para bajar su tendencia alcista en las encuestas y aquellos que piden concentrar la artillería pesada contra Piñera.

 

En el fondo habría la sensación de que sea que pase Ominami o Frei a la segunda vuelta ambos se necesitarán para ganar a la derecha en el partido final por lo que es vital dejar abierta una vía de entendimiento.

 

Hasta el momento, los ataques en ambos bandos han sido feroces al punto que Ominami acusó a Frei de ser una "persona invadida por el odio y el miedo" y las posibilidades de un pacto a futuro parecen improbables.

 

De ser así la división sería fatal. Frei no conseguiría pasar a la final por falta de votos, y Ominami no podría ganar una elección nacional sin la maquinaria partidista y experiencia que ofrece la Concertación.

 

Sin embargo, gente allegada a Ominami asegura que el candidato independiente tiene una confianza absoluta en su mensaje y lo que puede lograr. "El cielo es el límite", dice constantemente Ominami a sus partidarios. Su desempeño en la campaña parece darle la razón, hasta el momento.
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