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Domingo 26 de junio 2022   |   Contáctenos
REVISTA

ACOBAMBA Y VRAE EN SU HORA CERO

Cap. EP Avellaneda: En el VRAE vivimos en guerra todos los días
Desde el Hospital Militar de Lima, habla el valeroso capitán del Ejército peruano, José Avellaneda Díaz, quien iba a bordo del helicóptero abatido en Santo Domingo de Acobamba, Junín el pasado 2 de septiembre.
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ACOBAMBA Y VRAE EN SU HORA CERO

- ¿Cuál era la misión que tenía la patrulla que iba a bordo del helicóptero?

Rescatar a una patrulla que había sido atacada dos días antes y que  ya tenía dos sargentos muertos y tres heridos. Además, ellos ya estaban dos días en el lugar durante los cuales no pudimos entrar a rescatarlos por las condiciones climatológicas. Esa gente estaba sin comer ni tomar agua.

- ¿Cómo fue el ataque al helicóptero?

La preocupación del comando era sacar a los heridos. Para eso fuimos a la zona, aún sabiendo que podía ser riesgoso. No era la primera vez que el piloto entraba. Unas horas antes hicimos un primer intento, pero las condiciones climáticas no lo permitieron. En la tarde, a eso de las 16:30 ó 17:00 horas, nos confirmaron que el tiempo había mejorado y volvimos a la zona. Una vez que entramos, el piloto divisó a los heridos y al resto de la patrulla y se acercó.

Justo en ese instante empezaron los disparos desde el cerro que teníamos en la margen izquierda. Fue un sinnúmero de balas. Una de ellas impactó al piloto en la cabeza. El helicóptero dio varias vueltas de campana y en segundos chocó contra el suelo. Yo salí volando pero regresé para ver cómo estaba el resto de la gente. Pregunté por el comandante Pasquel. Para mala suerte  nuestra, el único acceso al helicóptero quedó justo frente a ellos, que ya tenían “referida” esa entrada. Cuando queríamos entrar, ellos nos disparaban desde el cerro. Uno no podía moverse porque llovían balas.

- ¿Quiénes iban en el helicóptero de rescate?

El piloto, el copiloto, cuatro tripulantes, el comandante Pasquel y yo.

- ¿El helicóptero impactó en el piso de pico?

Cuando tuve oportunidad de conversar con el mecánico, que vuela en el medio del piloto y el copiloto, él me dijo que cuando se inició el ataque y volteó para ver al piloto lo vio con un balazo en la cabeza. Después volteó a ver al copiloto y ya estaba herido. Lo que él hizo fue bajar una palanca que hace que el helicóptero se empance y no siga virando.

- ¿El helicóptero de sombrilla consiguió disparar para defenderlos?

Sí, pero no pudo hacer más porque corría el riesgo de ser impactado como nuestro helicóptero y precipitarse al piso. Seguro que sintieron una gran impotencia de tener que regresar a la base, pero no podían hacer más. Hicieron lo correcto.

- ¿Lograron hacer uso de sus armas para repeler el ataque?

Una vez que el helicóptero tocó tierra, las armas también salieron volando. Pero sí logramos repeler el ataque. Aunque nuestra principal preocupación era sacar la gente, el armamento y las municiones que estaban dentro del helicóptero.

- ¿En ese momento el piloto y el copilo ya estaban muertos?

El piloto ya estaba muerto. Yo lo vi con impactos de bala en la cabeza. El copiloto estaba agonizando. Gritaba que no quería morir sentado, que quería morir de pie, matando. Llamaba a los senderistas a que fueran a enfrentarse con él.

- ¿Por dónde entraron los disparos?

Por el fuselaje de arriba. El helicóptero era una coladera por los balazos. El helicóptero no es blindado. El uso de helicópteros blindados debe hacerse, pero también limita al momento de llevar gente por el peso que tienen.

- ¿Viste que algún terrorista fuera herido o abatido?

No los vi, porque ellos tienen sus parapetos bien hechos. Pero debe haber caído alguno.

- ¿Cuántos calculas que fueron los atacantes?

Unos 60 ó 70.

- ¿Con cuántas armas?

Por lo menos veinte. Gallil, fusiles automáticos.

- ¿Qué sucedió después del ataque?

Permanecimos toda la noche en el lugar y al día siguiente subimos a un cerro y nos sacaron a las diez u once de la mañana del otro día. En el primer día vinieron los helicópteros y nos arrojaron agua y alimentos. Yo tenía un teléfono satelital y fui el primero en avisar al jefe del Comando Especial VRAE, el general Ricardo Moncada, de lo ocurrido. A los minutos yo le di cuenta por teléfono. El general me comunicó que inmediatamente iban a tomar acciones. Sin embargo, como era de noche, no podía hacerse nada. Yo me imagino que el general se sintió impotente. Él habrá querido hacer muchas cosas pero no pudo.

- ¿Vieron que el helicóptero fue incendiado?

No lo vimos, porque estábamos al otro lado del cerro.

- ¿Consideras entonces que las fuerzas armadas están avanzando en esta lucha?

Por supuesto. Hemos entrado al corazón de Sendero y el corazón en algún momento explota y hay chispazos que te caen. Debemos tomar en cuenta que esta es una zona donde el Ejército no entraba hacía más de diez años. Ellos tienen veinte años ahí y conocen el terreno, lo han trabajado.

Nosotros estamos operando bastante bajo el mando del general Moncada. Todos confiamos plenamente en la labor que viene realizando. Está alcanzando resultados palpables. El año pasado Vizcatán era bastión de Sendero. Ahora no. Ahora tenemos bases ahí y tenemos madereros trabajando.

En Mazángaro ya hay un centro poblado. El año pasado era imposible que hubiera civiles en ese lugar. En José Olaya, igual. Estamos entrando a sitios que se suponía que ellos dominaban. Tenían campamentos, chacras con plantaciones de coca, incluso ganado.

- ¿Existe trabajo en conjunto entre las fuerzas armadas con la policía?

Por supuesto. Las tres fuerzas armadas estamos trabajando en conjunto con la policía. Allá la gente se llega a compenetrar, por más que, por ejemplo, yo sea del Ejército y los pilotos abatidos sean de la Aviación. No existen resquemores entre institutos.

En el VRAE todos trabajamos en equipo. El piloto y el copiloto eran grandes amigos míos. Incluso durante el vuelo íbamos bromeando. Estábamos acostumbrados a entrar a zonas así. No teníamos mayor temor en realidad. En el VRAE vivimos la guerra todos los días. Eso hace que se cree una mística que te lleva a querer salvar al compañero herido.   

- ¿Crees que la estrategia en el VRAE es la correcta?

Estamos trabajando. El general Moncada y su comando no descansan un solo momento. Ninguno de nosotros descansa. El heroísmo de los pilotos y el mecánico es grande. Hay tranquilidad en zonas donde no había. Pero existen limitaciones con el Ministerio Público. Hemos capturado gente y a las pocas horas se les ha liberado. Además se nos denuncia.

Hay muchos vraeólogos en Lima que trabajan en sus escritorios de ocho a cinco y no entienden realmente la problemática de la zona. Allá nosotros trabajamos todos los días, sin domingos ni feriados, las 24 horas. Todos los días son lunes. Se dice que no se está avanzando, pero quizás los vraeólogos no saben que este año hemos recuperado más de 50 armas, hemos destruido más de 15 campamentos senderistas, además de pozas de maceración, laboratorios y capturado droga procesada.

En Pichari hay un Banco de la Nación, donde antes no había por motivos de seguridad. En Sivia hay una comisaría. Dentro de las bases del Ejército tenemos gente de la Marina que hace el control fluvial con la Policía para ver que no pase la droga ni los insumos.

La población colabora, pero ellos también cuidan sus intereses, pues muchos trabajan con la hoja de coca y con la misma droga. Debería incidirse en el desarrollo económico y social para que la población deje de sembrar hoja de coca, además de no permitir que los insumos ingresen al valle.

- ¿La gente está capacitada? ¿No sería mejor enviar comandos especiales?

Nosotros entrenamos las 24 horas del día, todos los días. Para mí sería un suicidio como oficial tener gente que no esté entrenada. Es cierto que el equipamiento es necesario y puede mejorar. Muchos nos comparan con Colombia, pero Colombia tiene 200 helicópteros mientras que nosotros tenemos cinco. Colombia combate contra un enemigo uniformado. Nosotros combatimos contra gente que se confunde con la población.

- ¿Vas a volver a la zona?

Claro que sí. Solo espero curarme de mis lesiones para volver a mi puesto en la base de Pichari. Volvería a subirme al primer helicóptero de rescate para salvar a compañeros heridos sin pensarlo dos veces. No solo yo. Estoy seguro de que cualquiera de mis compañeros lo haría.

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