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REVISTA

ENRIQUE ZILERI GIBSON

En el Día del Periodista
El 1 de octubre se celebra en el Perú el Día del Periodista. Nadie mejor que Enrique Zileri Gibson, director de Caretas, semanario que marca la pauta en el país desde hace casi seis décadas, para hablar de periodismo y periodistas.
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ENRIQUE ZILERI GIBSON

La leyenda dice que cuando Enrique Zileri percibía que una palabra no estaba en el lugar indicado o que una nota no había sido corroborada lo suficiente, sus gritos hacían retumbar las paredes del viejo edificio de la Plaza de Armas donde funciona Caretas, la revista más antigua del Perú.

Pero Enrique Zileri también es un hombre generoso, inteligente y de un gran sentido del humor. Este es el extracto de una conversación que duró más de seis horas y en la que hubo risas, recuerdos y, sobre todo, periodismo. Mucho periodismo.

-¿Qué significa ser periodista?

Para empezar, hay que tener mucha curiosidad. No puedes ser apático o indiferente. Después tienes que aprender a decir las cosas como son sin dar tantas vueltas. Ser periodista consiste en convertir en noticia un ajedrez que se cae al suelo. Estar dispuesto a vivir en un cierto grado de tensión permanente en el que también puede haber grandes satisfacciones. Te tiene que fascinar la cosa. Te tiene que apasionar. No existe el periodista tibio.

-¿Qué virtudes tiene el buen periodista?

Como te decía, número uno, curiosidad. Ganas de aprender. Ver más allá de lo que ven los demás. No ser aburrido. Hay que tener también capacidad narrativa. Saber emplear el humor. Y no creer que uno lo sabe todo. No pontificar.

-¿Qué defectos tiene el mal periodista?

Muchísimos. Deshonestidad. Falta de rigurosidad. Improvisación. Pero, sobre todo, egolatría. Un ego demasiado inflado. Hay muchos periodistas que se creen muy importantes. Creen que son oráculos. Creen que ellos mismos son la noticia. El periodista no es la noticia. El periodista es un testigo que tiene un cierto grado de preparación para registrar lo que está sucediendo e interpretarlo. Pero no es el dueño de la verdad.

-¿Imparcialidad y objetividad son lo mismo?

No. La imparcialidad absoluta no existe. Uno suele tomar partido. En cambio sí hay que ser objetivos para procesar los hechos. Además, es importante reconocer errores cuando tienen que reconocerse. El periodista gana en credibilidad cuando reconoce sus errores. Desde luego, hay que tratar de cometer la menor cantidad de errores. Para eso se tiene que ser riguroso.

-Riguroso hasta la obsesión.

Por supuesto. Para eso te tiene que apasionar lo que haces.

-¿Qué opinión tienes de los blogs?

No hay que generalizar. Hay blogs serios y creativos. Pero hay otros que solo son un montón de opiniones sin sentido. Lo mismo sucede con algunos medios digitales que voluntaria o involuntariamente no son periodísticos. El periodismo necesita de una maquinaria establecida para organizar las noticias por medio de editores que se hagan preguntas y traten de responderlas y de verificar que todo lo que se dice es cierto. Para esto debe tener integrantes con preparación académica y una credibilidad especial.

Hoy día todo el mundo puede ser periodista, todo el mundo puede ser editor. Todo el mundo puede tener un canal de televisión. Sin embargo, hay estudios de la universidad de Columbia que dicen que los blogs más serios son aquellos que citan mayor cantidad de veces a medios de comunicación establecidos.

-¿Cómo hace el periodista para no perder el acceso a sus fuentes y a la vez criticarlas o denunciarlas cuando es preciso?

Es una buena pregunta. Ahí está la cuestión. Uno está buscando siempre información privilegiada, que no tiene nadie. Para eso se necesitan fuentes a las que tú tengas confianza y que te tengan a ti también cierta confianza. Pero no debes dejarte capturar por tus fuentes. Cuando tienes que criticarlas o denunciarlas, lo haces.

La fuente política o económica es gente de poder: empresarios, políticos, militares. Si tú los criticas pueden alejarse de ti. Pero es parte del juego. Definitivamente hay que correr ese riesgo. Si perdiste la fuente, perdiste la fuente. A buscar otra.

-Dicho esto, ¿hasta qué punto un periodista puede o debe ser amigo de un político o de un empresario o de un militar?

Son amistades frágiles. Mientras más importante es el político o el empresario, más frágil es la amistad. Pero también considero que negarse a la posibilidad de tener simpatía o amistad con personas por el hecho de que tienen un cargo público, es absurdo.

-¿Qué actitudes o acciones debe tomar un periodista para luchar por su libertad incluso por encima del medio en el que trabaja?

Un periodista siempre debe luchar por su libertad. Hoy día incluso existen cláusulas de conciencia que el periodista puede invocar para mostrar su desacuerdo con alguna nota y eximirse de llevarla a cabo. La libertad del periodista es importante, pero también la convicción de estar haciendo algo que realmente le interesa y cumple sus expectativas.

-Hace un año el periodista Pablo O`Brien tenía información que daba cuenta de un caso de corrupción. El Comercio no quiso sacar la nota, Cuarto Poder lo hizo y todos terminamos enterándonos del caso de los petroaudios que se llevó abajo a un gabinete. ¿Hasta qué punto un periodista debe ser leal con su medio si su medio no es leal con él?

El medio de comunicación tiene todo el derecho de exigir que su periodista lo convenza de que la nota que va a sacar no solo es de interés sino también verificable. Por otro lado, no confundamos petroaudios con chuponeo. Son dos casos distintos.

Cuando uno escucha por primera vez los petroaudios da la impresión de que hay una corrupción fenomenal, pero luego uno se da cuenta de que no es tanto así. Existe una conversación incómoda por la manera como hablaban estos tipos. Pero en sustancia no había casi nada. León Alegría aparece como un lobista, pero ser lobista no es ilegal si no se es funcionario público. El que cometía la falta era Químper, en todo caso.

-¿Qué le pasó a El Comercio en ese caso?

Me da la impresión de que el problema no fue tanto sacar los petroaudios sino cómo sacarlos. La forma más que el fondo. Yo creo que en un primer momento el propio O´Brien pensaba que estaban en juego millones de dólares. Pero ni siquiera eran contratos de explotación, sino de exploración. En ese momento había interés en la exploración de pozos petrolíferos porque el petróleo estaba a 150 dólares. Si no, los noruegos ni siquiera habrían venido. Un contrato de exploración es una inversión grande en la que se corren muchos riesgos porque se trata de ir a ver si hay petróleo. O sea que la cosa tampoco es tan fenomenal.

-Más ruido que nueces.

Más ruido que nueces. En el periodismo de investigación eso sucede a veces. Te enamoras de tu hipótesis, inviertes tiempo y esfuerzo para demostrarla, pero al final descubres que no había tanto como creías. Lo extraordinario es que El Comercio intentó silenciar por completo la noticia. Porque había una noticia, aunque de menor importancia. A O´Brien le tocó un mal momento, porque estaba por producirse el cambio de guardia al frente del diario.

-¿Cómo hace un medio de comunicación para funcionar como una empresa sin que sus intereses económicos colisionen con sus principios periodísticos?

Hay que estar dispuestos a perder anunciadores, por lo pronto. Si tú sacas que las tarifas telefónicas son muy altas, es posible que la empresa telefónica lo piense dos veces antes de anunciar en tu medio. En la época de Fujimori, el gran anunciador era de lejos el propio gobierno. En un determinado momento, el Ministerio de la Presidencia contrataba más publicidad que la industria cervecera. Entonces si criticabas al gobierno perdías sus anuncios. Pero un medio de comunicación tiene que estar dispuesto a eso.

Hay una anécdota. Una empresa inmobiliaria tenía un proyecto gigantesco en Manhattan y la posición editorial del New York Times era adversa porque consideraba que este proyecto iba a deformar Manhattan, etc. Por otro lado, la empresa era una gran anunciadora del Times. En determinado momento, el vicepresidente de publicidad del diario le manda un memorándum al director de la sección editorial pidiéndole que se reunieran para conciliar esta situación. ¿Cuál fue el resultado? Por mandar el memorándum, despidieron al vicepresidente de publicidad (Risas). Un medio no puede soltar información o dejar de hacerlo pensando en los anunciantes.

CARETAS

-¿Cuáles fueron los momentos más difíciles que tuvo que pasar al frente de Caretas? ¿Dictaduras, terrorismo?

Los momentos más difíciles no son los que pasas con dictaduras o épocas violentas como la de Sendero. Estos problemas de alguna manera mantienen vivo el interés del periodista. Son muy lamentables, pero no son los momentos más difíciles. Los momentos más difíciles son cuando se produce cierto aburrimiento, cuando aparece el tedio. Cuando encuentras apatía en tu público. ¿Qué cosa más difícil que un público que no te hace caso ni para bien ni para mal?

-¿De qué periodistas que han salido de Caretas está particularmente orgulloso?

Hay un montón de primera línea. Gustavo (Gorriti), Ampuero, Hildebrandt. Un colaborador como Mario Vargas Llosa tampoco está mal. Pero lo curioso es que a veces entre ellos se odian. Si pudiéramos juntarlos sin que se mataran sería fabuloso.

-¿Tiene conciencia de que es una leyenda del periodismo peruano?

No solo no tengo conciencia sino que rechazo ese calificativo porque me convierte en una especie de Señor de Sipán (Risas). No, en serio, nadie es leyenda. Un trabajo como el de Caretas es un esfuerzo realmente colectivo. Un buen medio de comunicación es como una orquesta barroca antigua o un grupo de jazz. Todos tocan el mismo tipo de música, pero hay un grado de improvisación individual. Las individualidades se reconocen. Un director o un editor no puede ser ciego a eso.

-¿Alguna carátula memorable que recuerde?

Generalmente las carátulas memorables nos han producido clausuras, como la de Artola en la época de Velasco. En líneas generales, mientras más audaces son las noticias que se muestran, mientras más represivo es el régimen, mayor impacto tendrá la carátula.

DORIS

-¿Cómo recuerda a esa gran mujer que fue Doris Gibson, su mamá?

Doris está tan presente que casi no se puede hablar de recuerdos. Es parte de la revista. Es curiosa la contradicción que había en una mujer con tanta personalidad y tan atractiva en todos los sentidos, pero que a la vez era tan tímida y auténticamente modesta. Tenía una gran capacidad para manejar situaciones. Siento gran orgullo por ella.

-Como hijo, ¿qué recuerdos guarda?

Nuestra relación fue curiosa. Ella cortó el cordón umbilical radicalmente, a temprana edad. No fue esa relación hijito-mamita. Fue una relación de supervivencia.

-¿Qué le diría a Doris si tuviera la certeza de que le está escuchando?

Siempre fuimos parcos entre nosotros. Había una especie de rechazo por las expresiones edulcoradas ya que considerábamos que los sentimientos de cariño y amor eran tácitos. Así que me resulta difícil pensar en algo que le diría.

-¿Qué ha soñado con ella últimamente?

Recuerdos. Recuerdos de cuando era niño. Viajes a Buenos Aires, a Santiago de Chile. Ese tipo de cosas. Yo a veces anoto los sueños o hago dibujos, pero otras veces se me olvidan.

Y ÚLTIMO…

¿Qué consejo le daría a un periodista joven?

Prepárate para divertirte y sufrir a la vez. La cosa no es fácil. El periodismo es una actividad en la que hay mucha tensión. No es una actividad segura. Pero es apasionante. Es una enfermedad. Se te mete el bicho y no te sale más.

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