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Lunes 25 de enero 2021   |   Contáctenos
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MERKEL GANA EN ALEMANIA

Formará segundo gobierno con los liberales
Comicios legislativos confirman el ocaso de los dos grandes partidos tradicionales del país europeo.
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MERKEL GANA EN ALEMANIA

La noche del domingo 27 de setiembre Ángela Merkel tenía varias razones para sentirse feliz. Había ganado las elecciones legislativas de la jornada, formaría un nuevo gobierno con mejores socios y podría llevar a cabo, ahora sí, las reformas que necesitaba Alemania.

Sin embargo, su rostro frente a decenas de sus seguidores, que se habían agolpado en el búnker de la CDU en Berlín, denotaba cierta preocupación. Merkel, quien siempre fue una perfeccionista, sabía que su triunfo no era contundente y que ello ponía, otra vez, a su liderazgo a merced de terceras personas… o de las circunstancias.

“Su sonrisa solo era de compromiso. Sentía que era una victoria pírrica y eso le malogró la noche”, dijo una fuente allegada a la canciller alemana al popular diario Build. “Todos los grandes perdieron, menos los liberales que están en la gloria”, agregó.

En efecto, los últimos comicios confirmaron el fin de una era en Alemania en la que el dominio político lo tenían dos grandes partidos: La Unión Demócrata Cristiana (CDU) –y la CSU, su hermana menor de Bavaria– y el Partido Socialdemócrata (SPD).

Hasta hace poco no se podía concebir alguna elección sin la presencia importante de estos dos partidos que forman parte de la identidad misma del pueblo alemán, como lo es la cerveza o el escarabajo de Volkswagen.

UN POCO DE HISTORIA

La CDU fue creada en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, y desde el principio se definió como un partido de “centro, cristiano, liberal en lo económico y conservador en lo político y social”. Es, hasta ahora, la agrupación que cuenta con más militantes en Alemania, unos 531,000.

Su época de mayor auge lo vivió bajo el liderazgo de Helmut Kohl, quien ocupó la cancillería de la República Federal Alemana de 1983 a 1998.

El viejo Kohl, quien hubiera pasado a la historia como el líder responsable de la caída del Muro de Berlín en 1989 y la ansiada reunificación del país en 1990, vive recluido y olvidado hoy en su casa de Ludwigshafen luego que se demostrara que recibió fondos ilegales para financiar la CDU cuando él la dirigía. Una lástima.

El otro “gran” partido es el Socialdemócrata (SPD), que es el más antiguo de Alemania pues fue fundado en 1863 bajo la base de una ideología marxista.

Con el paso del tiempo, el SPD fue mutando hacia un movimiento de centro-izquierda que defendía el “socialismo-democrático” como única vía para alcanzar el bienestar general. Sus militantes se encontraban, mayoritariamente, en la clase obrera y trabajadora.

Sus más grande líder fue Willy Brand, quien impulsó desde la Cancillería (1969-1974) la llamada Ostpolitik (“política del Este”), estableciendo relaciones diplomáticas con los Estados comunistas de la Europa Oriental y buscando un acercamiento a la República Democrática Alemana.

La decadencia del SPD comenzó en el 2003 cuando el ex canciller Gerhard Schröder impuso su famosa y polémica “Agenda 2010”, que introdujo, por primera vez en más de medio siglo, una serie de recortes sociales destinados a modernizar el anquilosado mercado laboral.

En realidad, Alemania lo necesitaba urgentemente. Su economía había quedado estancada, el desempleo se mantenía por encima del 11% y el mastodóntico Estado de Bienestar no hacía más que chupar los fondos de los contribuyentes que estaban furiosos por los malos servicios en salud y educación.

Las medidas económicas fueron consideradas neoliberales por el ala izquierdista del SPD y provocaron una masiva desbandada de militantes, de la que el partido no se recupera hasta estos días.

BALDAZO DE AGUA FRÍA

En las elecciones legislativas del pasado domingo la CDU-CSU logró el 33.5% de los votos, mientras el SPD quedó segundo con el 23.5%. En ambos casos, la publicación de los resultados oficiales cayó como un baldazo de agua fría.

Nunca antes los alemanes habían visto esos números y lo que es peor, los analistas revelaron que, por primera vez, ambas agrupaciones no llegaban a captar ni el 55% de los votos generales, cuando hace una década su supremacía era del 80%.

“Terremoto en Alemania”, “El fin de una era”, “Caen los gigantes”, eran algunos de los titulares de la prensa germana al día siguiente de los comicios, mientras en las calles de Berlín o Bonn se discutían sobre las causas de este nocaut político.

Para empezar podría decirse que hubo un voto de protesta por la manera cómo se ha manejado la crisis económica internacional –la peor desde el crash de 1929– y que ha afectado muy fuerte a Alemania, el país más grande de la Unión Europea y el mayor exportador del mundo.

Se espera que el Producto Bruto Interno (PBI) se contraiga 5.1% este año y que en el 2010 el número de desempleados supere los cuatro millones de personas. Cifras vistas solo en tiempos de guerra.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que en este proceso de establecer culpas y castigos hay que marcar una diferenciación entre el CDU y el SPD, que desde el 2005 forman parte de un gobierno de unidad nacional.

En los últimos cuatro años, Merkel ha tenido que lidiar con unos socios que le ponían trabas en el Parlamento cuando se trataba el tema de la reforma del Estado y la modernización de la economía.

Los aliados del SPD rechazaron cualquier profundización de la “Agenda 2010” y reclamaron a la canciller mayor protagonismo del Estado para proteger a la población durante la crisis. Merkel así lo hizo y para su disgusto no le quedó más que anunciar medidas heterodoxas como planes de rescate para la industria automotriz y el sistema bancario.

Los votantes del CDU han recriminado a su líder por haber claudicado y rescatado con su dinero –vía impuestos– a empresas ruinosas e ineficientes cuyo mejor destino hubiera sido, por reglas del mercado, la bancarrota.

El descontento en las filas del partido de Merkel fue canalizado por el Partido Liberal Democrático (FDP), que en los recientes comicios obtuvo el 14.5% de los votos, su mejor resultado en 60 años.

Fue la asombrosa victoria de los liberales –que triplicaron su votación si lo comparamos con las elecciones del 2005– lo que ha asegurado a Merkel un segundo periodo en la Cancillería, pero esta vez sostenida por un bloque conservador CDU-FDP.  

Mientras tanto, los votantes del SPD castigaron a su agrupación por haberse mantenido en una coalición que les quitó su identidad y credibilidad.

“Tenemos un problema de credibilidad. La gente no nos cree. Debemos comenzar con un cambio radical para recuperar la confianza de los que sufren bajo la tierra que se abre cada vez más en esta sociedad, entre los ricos y los pobres”, reclamó Franziska Drohsel, jefa de los Jusos, la agrupación juvenil del SPD.

Algunos analistas señalan que, por lo pronto, en un mediano plazo el “partido de los trabajadores” alemanes abrazará ideas más progresistas para recuperar la confianza de sus antiguos simpatizantes y conquistar a una juventud cada vez más preocupada por los efectos secundarios de la globalización.

El objetivo es seguir la estrategia del Partido Die Linke (La izquierda, en alemán) integrada por comunistas reformados y socialistas que en el 2002 logró el 4% de los votos y hoy tiene el apoyo del 12.2% de apoyo del electorado. Un salto impresionante.

LA DERECHA SE DESBORDA

Ahora bien, el segundo gobierno de Merkel podría avizorarse mucho más coherente política y económicamente, pero empiezan a cobrar fuerza las voces escépticas sobre la tranquilidad y el equilibrio del poder dentro de la Cancillería alemana.

La situación del país difiere mucho a la del 2005. La forma de pensar de Merkel, incluso, es hoy muy diferente a la de hace cuatro años, cuando creía que un programa liberal profundo era la solución a los problemas de la potencia europea.

Sin embargo, la crisis financiera internacional le ha hecho perder la fe “absoluta” al libre mercado y ahora se muestra a favor de algunas regulaciones dentro del sistema para frenar los supuestos excesos del capitalismo. Una idea que comparte con su colega francés, Nicolás Sarkozy.

Esas ideas, por supuesto, son rechazadas por sus socios liberales que han dicho que harán todo lo posible para dar una tendencia derechista –menor papel del Estado y mayor iniciativa privada– al futuro gobierno alemán, mientras Merkel llama a mantener la calma.

“La Unión es el partido del centro y yo soy la misma persona con uno u otro socio, la Canciller de todos los alemanes”, afirmó ante la pregunta de si en esta segunda legislatura iba a conocerse a “la otra Merkel”, es decir, la supuestamente desprovista del componente social derivado del hecho de haber gobernado hasta ahora en gran coalición con el SPD.

Por lo pronto, los liberales han pedido que en este primer año de gobierno se bajen los impuestos y se reduzca la protección contra el despido en compañías de hasta 20 empleados. Merkel prefiere que estos asuntos se vean en la próxima legislatura.

Con unos socios crecidos, será difícil que la canciller pueda imponer su agenda en la mesa de negociaciones. Los liberales ya han dicho que quieren la cartera de Economía y de Relaciones Exteriores y lo más probable es que se las concedan.

¿Estará lista Angela Merkel para poner en marcha una reforma radical de la economía de la que antes soñaba y hoy duda por la compleja realidad internacional?

Todo dependerá de cómo marche la economía alemana. Si mejora puede hacerse el intento, pero si empeora no quedará más remedio que anunciar más medidas proteccionistas, que algunos sectores alaban, pero que otros más, odian.

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